En el debate actual sobre la inteligencia artificial y su impacto en el empleo, suele ser común
“repetir que todavía no pasa nada o, en el otro extremo, anunciar el apocalipsis laboral”
. Sin embargo, estas posturas ignoran una realidad mucho más compleja, estructural y silenciosa que ya está transformando las oficinas modernas.
El pasado 5 de marzo, se dieron a conocer los resultados de una investigación titulada “Labor market impacts of AI: A new measure and early evidence”. El informe, liderado por los investigadores Maxim Massenkoff y Peter McCrory, propone una metodología innovadora para cuantificar cómo la IA está penetrando realmente en las dinámicas de trabajo, basándose en la ejecución de tareas concretas y no solo en especulaciones futuras.
Los datos coinciden con un contexto económico tenso. En la misma fecha, informes de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos indicaron una pérdida de 92.000 puestos de trabajo durante febrero, situando la tasa de desempleo en un 4,4%. Particularmente, el sector de servicios de información ha visto una reducción constante, con un promedio de 5.000 despidos mensuales en el último año, reflejando el avance de la automatización.

Capacidad teórica frente a implementación real
La investigación introduce el concepto de “exposición observada”. A diferencia de otros estudios que solo imaginan qué podría hacer un modelo de lenguaje, este análisis cruzó las capacidades técnicas con el uso cotidiano de la herramienta Claude. Los investigadores utilizaron datos del Anthropic Economic Index para ver cómo se está utilizando la tecnología en entornos corporativos reales.
Los hallazgos muestran una brecha significativa: en sectores como matemáticas y computación, la IA tiene el potencial teórico de resolver el 94% de las tareas, pero en la práctica actual solo se está utilizando para el 33%. En las áreas de administración y oficina, la capacidad teórica es del 90%, pero el uso efectivo sigue siendo una fracción menor. Los expertos advierten que esta diferencia no debe generar tranquilidad, sino que representa un cronómetro; eventualmente, la implementación real alcanzará el potencial técnico de los modelos.

¿Quiénes son los profesionales con mayor riesgo?
El estudio detalla que ciertos roles tienen una exposición crítica. Los programadores de software lideran con un 75% de cobertura de sus actividades por parte de la IA, seguidos de cerca por los representantes de servicio al cliente y operadores de datos con un 67%. Por el contrario, profesiones que exigen presencia física como mecánicos, cocineros, salvavidas y bartenders mantienen una exposición del 0%.
Un dato revelador es el perfil socioeconómico de los afectados. Contrario a la automatización industrial del pasado, la IA apunta a la clase profesional más educada. El grupo con mayor exposición tecnológica percibe ingresos un 47% superiores a los del grupo menos expuesto y tiene cuatro veces más probabilidades de contar con estudios de posgrado. Abogados, desarrolladores y analistas financieros están ahora en la primera línea de la transformación.
La crisis invisible de las nuevas generaciones
Aunque los datos no muestran un aumento drástico y repentino del desempleo en los sectores más expuestos, se ha detectado un fenómeno más alarmante. Entre 2016 y 2025, las tasas de desempleo generales se han mantenido estables, pero para los jóvenes de entre 22 y 25 años, la situación es crítica: la tasa de contratación en empleos de alta exposición a la IA cayó un 14% desde el año 2022.
Esto sugiere que las empresas no están despidiendo masivamente a sus veteranos, sino que simplemente han dejado de contratar talento joven. Los investigadores describen esto como una puerta que se cierra en silencio; los recién graduados se ven obligados a permanecer en empleos actuales de menor rango, buscar sectores distintos o prolongar sus estudios ante la falta de vacantes iniciales.

Hacia una recesión de “cuello blanco”
El informe plantea la posibilidad de una “Gran Recesión para los trabajadores de cuello blanco”. Si bien no se ha llegado a los niveles de desempleo de la crisis de 2007-2009, donde las cifras se duplicaron, la infraestructura para medir este impacto ya está lista. Dario Amodei, director ejecutivo de la organización desarrolladora del estudio, ya había anticipado que la mitad de los trabajos de nivel de entrada en oficinas podrían verse interrumpidos por esta tecnología.
Implicaciones para el mercado latinoamericano
El impacto en América Latina genera interrogantes profundas, especialmente en ciudades con grandes centros de servicios como Bogotá, Buenos Aires y Ciudad de México. Si en mercados con métricas precisas como el estadounidense ya se registra una caída del 14% en el empleo joven, la presión podría ser mayor en nuestra región, donde los call centers y el back-office son pilares económicos y las protecciones laborales suelen ser menos robustas.
Una transformación estructural
La lección fundamental de este análisis es que las empresas están subutilizando la tecnología disponible, pero incluso así, el efecto en la empleabilidad de los jóvenes es tangible. La inteligencia artificial no destruye el trabajo de forma explosiva; más bien, va reduciendo de forma gradual y silenciosa las oportunidades para quienes intentan dar sus primeros pasos en el mundo profesional.
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