Investigaciones científicas recientes han encendido las alarmas sobre el uso de cigarrillos electrónicos, determinando que vapear incrementa significativamente el riesgo de padecer presión arterial alta. Este hábito expone a los usuarios a complicaciones cardiovasculares graves, de forma similar al consumo de tabaco convencional, aunque se ha observado que el daño es más severo en quienes fuman exclusivamente tabaco.
El estudio fue encabezado por el profesor Andrew Agbaje, de la Universidad de Finlandia Oriental, y el doctor Douglas R. Corsi, de la Universidad de Rutgers en Estados Unidos. Ambos expertos recalcan que tanto el vapeo como el tabaquismo tradicional están directamente vinculados con serios peligros para la salud del corazón y las arterias.
La elevación de la presión arterial en ambos casos se debe primordialmente a la nicotina. Según la investigación difundida en The American Journal of Physiology, esta sustancia tiene la capacidad de alterar el metabolismo del colesterol y provocar daños en los vasos sanguíneos.
Este fenómeno genera un alza en la presión diastólica, una condición que suele pasar desapercibida en los chequeos médicos de rutina. No obstante, con el transcurso del tiempo, este aumento persistente puede derivar en patologías críticas como arritmias, ataques cardíacos o insuficiencia cardíaca.
Basándose en un análisis detallado de 6.262 personas en Estados Unidos, el estudio determinó que quienes fuman o vapean al menos una vez por semana poseen un 46% más de riesgo de desarrollar hipertensión frente a quienes no consumen nicotina. Por su parte, en los fumadores tradicionales, esta probabilidad alcanza el 51%.
Impacto cardiovascular vinculado al uso de vapeadores

Para obtener resultados precisos, los investigadores evaluaron la frecuencia cardíaca y la presión arterial de los participantes utilizando un brazalete especializado en el brazo, realizando tres mediciones para establecer un promedio confiable.
Dentro de los parámetros del estudio, se calificó como presión arterial elevada cualquier cifra que superara los 120/70 mmHg. Por otro lado, la hipertensión fue definida formalmente con valores de 140/90 mmHg o superiores. Complementariamente, se efectuaron análisis de sangre para medir la proteína C reactiva (PCR) y el colesterol total.
Los responsables del estudio sostienen que la nicotina, ya sea inhalada por métodos tradicionales o mediante dispositivos electrónicos, es un factor que eleva los niveles de colesterol en el organismo.

“La nicotina se asocia a perfiles desfavorables de colesterol, que pueden promover la acumulación de placas en los vasos sanguíneos”
Así lo detalló el doctor Corsi, quien añadió que esta sustancia incrementa los procesos inflamatorios y dificulta la capacidad de relajación de las arterias. En sintonía, el epidemiólogo Andrew Agbaje enfatizó que el alza en la presión diastólica producida por el vapeo afecta el periodo de descanso del corazón, lo que facilita la aparición de afecciones cardíacas a largo plazo.
A pesar de estos hallazgos, existen voces cautas en la comunidad científica. La doctora Nicola Lindson, de la Universidad de Oxford, señaló a Science Media Centre que la investigación tiene limitaciones, como no haber profundizado en el historial previo de tabaquismo de los usuarios de vapeadores. Según Lindson,
“no puede establecerse que el vapeo cause los mismos efectos que el tabaco por limitaciones en el diseño del estudio”
.
Los peligros del vapeo en adolescentes y adultos jóvenes

El reporte advierte que el uso de estos dispositivos ha sobrepasado al tabaco común en diversos territorios, con un impacto alarmante en la adolescencia. Se estima que los jóvenes que inician con el vapeo tienen cuatro veces más riesgo de terminar consumiendo tabaco tradicional en el futuro.
El neumonólogo Alejandro Videla, presidente de la AsAT, explicó que las estrategias de marketing en plataformas digitales han sido determinantes:
“La publicidad encubierta en redes sociales ha sido muy efectiva en presentar el vapeo como moderno, seguro y menos peligroso que fumar”
. Esto oculta las amenazas reales que estos aparatos representan.
Por su parte, el médico pediatra Fernando Burgos, integrante de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), fue enfático al declarar que
“el vapeo destruye el pulmón, altera el desarrollo y debería ser un tema central en la agenda de salud pública”
. El especialista lamentó que niños de 12 o 13 años ya utilicen estos dispositivos, muchas veces sin que sus padres lo detecten a tiempo.
Las sociedades científicas y la AsAT subrayan datos preocupantes:
- Los adolescentes que vapean tienen tres veces más riesgo de iniciarse en el cigarrillo convencional.
- El uso de un solo cigarrillo electrónico ya provoca una disminución en la función pulmonar.
- La gran mayoría de los dispositivos posee nicotina, una sustancia altamente adictiva según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Finalmente, aunque socialmente el vapeo se percibe como una alternativa menos nociva, la evidencia científica actual ratifica que su consumo conlleva impactos negativos innegables para la salud del corazón.
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