La fascinación por el legado estético de Carolyn Bessette Kennedy ha cobrado un nuevo impulso con la puesta a la venta de diversas prendas que pertenecieron a su colección personal. Esta subasta en línea ofrece una mirada íntima a su guardarropa, caracterizado por una curaduría meticulosa y una devoción absoluta por el estilo minimalista.
Uno de los hitos de esta colección nos remite a marzo de 1998, cuando Bessette Kennedy acompañó a su esposo, John F. Kennedy Jr., a una función cinematográfica en la Casa Blanca. En aquella ocasión, su imagen proyectaba una elegancia contenida: lucía un moño perfectamente pulido, un maquillaje natural donde resaltaba únicamente el labial rojo, y un sofisticado vestido negro de sarga de lana firmado por Yohji Yamamoto, uno de sus diseñadores predilectos.
Esta prenda, aunque de diseño sobrio, cobraba una dimensión única al ajustarse a la figura de quien fuera una de las mujeres más buscadas por la prensa, a pesar de sus esfuerzos por mantener su privacidad tras unirse a la dinastía Kennedy. Tiempo después, la misma Carolyn cedió el vestido a su íntima amiga y asistente, RoseMarie Terenzio. Aunque Terenzio intentó devolverlo tras usarlo en un evento de la revista George, la respuesta de Bessette Kennedy fue que se lo quedara definitivamente.
Hoy, RoseMarie Terenzio, quien compartió memorias sobre su vínculo con la pareja en un libro, ha decidido llevar esta pieza a subasta. El evento coincide con un resurgimiento del interés público por la figura de Carolyn, alimentado en gran parte por la serie Love Story de FX, una producción de Ryan Murphy que explora su romance y el trágico desenlace de la pareja en un accidente aéreo en 1999 cerca de Martha’s Vineyard.
Un estilo que trasciende generaciones
La influencia de Bessette Kennedy no ha disminuido con el tiempo. Documentales recientes, como el emitido por CNN, y diversos textos biográficos han servido de puente para que las nuevas generaciones descubran su aura de sofisticación y su capacidad para lucir refinada con aparente naturalidad. Terenzio, cuya figura es interpretada en la ficción por Lily Lester, recuerda que Carolyn amaba la moda, pero se mantenía alejada de las tendencias efímeras.
Su estrategia era la inversión en piezas de alta calidad y funcionalidad. Su armario estaba compuesto predominantemente por una paleta de negro, azul marino y camel, colores que permitían que sus prendas fueran versátiles tanto para una recepción oficial como para un encuentro casual. Sunita Kumar Nair, autora de la obra CBK: Carolyn Bessette Kennedy: A Life in Fashion y consultora de moda para FX, destaca la selectividad de Carolyn.
«Sus amigas han contado que iban de compras con ella de compras en busca de ofertas y regresaban con tres o cuatro bolsas, mientras volvía con una sola», señaló Kumar Nair.
Además, la experta resalta que, aunque su estilo parecía espontáneo, requería de un criterio muy agudo.
«Parecía que simplemente lo armaba al azar, pero hay que tener un ojo muy afinado para vestir así», comentó. «Hay una especie de inteligencia en ello».
Prendas icónicas bajo el martillo
La subasta también incluye dos abrigos de Prada en color camel que Terenzio recibió de su amiga. Estas piezas eran fundamentales en el día a día de Bessette Kennedy, ya fuera para cenas sociales o para pasear a su perro, Friday. Según Kumar Nair, tras su matrimonio, los diseños de Prada se volvieron esenciales para ella, llegando a adquirir los mismos modelos tanto en negro como en camel.
El catálogo se complementa con artículos de una coleccionista anónima que reunió piezas vintage idénticas a las que usó Carolyn, algunas de las cuales sirvieron de vestuario en la serie de FX. La organización de esta venta está a cargo de Lucy Bishop, historiadora de la moda y fundadora de Fashion Auctioneer, quien detectó que era el momento preciso para este reencuentro con el estilo de los 90.
«Por lo general, en mi campo de trabajo, tienen que pasar entre 20 y 25 años antes de que los museos y los historiadores empiecen a reexaminar un periodo», explicó Bishop.
La historiadora recordó que, incluso en su época, todas las mujeres en Nueva York aspiraban a emular el look de la esposa de Kennedy Jr. El contacto con Terenzio se dio de forma fortuita:
«La llamé de la nada y le dije: ‘Por casualidad, ¿no tendrás todavía esas prendas?'», relató Bishop. A lo que Terenzio respondió: «Bueno, en realidad, sí, las tengo, y no sé qué hacer con ellas».
Aunque Terenzio conserva objetos con mayor carga sentimental, sintió que era el momento de dejar ir estas piezas que permanecieron guardadas por años. Ya en diciembre pasado, ambas colaboraron con Sotheby’s para subastar tres abrigos que alcanzaron cifras de decenas de miles de dólares.
Esta nueva subasta independiente, que finaliza este martes, reafirma la atemporalidad de un guardarropa donde no hay espacio para la ostentación ni las joyas excesivas. Antes de su fama global, Carolyn trabajó en Calvin Klein, donde pulió ese gusto selectivo que Terenzio resume con claridad:
«Cuando ibas de compras con ella, no era un ejercicio de consumo».
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