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Sharenting: El impacto de la huella digital en la infancia actual

La tendencia de los progenitores a difundir de manera masiva fotografías, filmaciones y detalles íntimos sobre la cotidianidad de sus descendientes en plataformas digitales, una práctica denominada sharenting, ha desatado un debate profundo entre expertos en privacidad, salud mental infantil y seguridad de la información.

El concepto, que nace de la fusión de los términos anglosajones share (compartir) y parenting (crianza), ilustra la conducta de padres y madres que documentan públicamente hitos y rutinas del crecimiento de sus hijos. Si bien la intención suele ser el orgullo o mantener el vínculo con seres queridos lejanos, este hábito trasciende la afectividad y genera una huella digital temprana sobre la cual los menores no poseen autonomía ni capacidad de decisión alguna.

De acuerdo con las advertencias de especialistas citados por Vida y Salud y la delegación en Argentina del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el sharenting tiene el potencial de vulnerar la intimidad, la identidad digital y la integridad física de los niños, con efectos que pueden persistir durante décadas.

El núcleo del problema no se encuentra en una publicación aislada, sino en la recolección sistemática de datos personales. Información como el nombre completo, la edad, el domicilio, la ubicación del colegio, los horarios diarios o detalles médicos sensibles, al ser compartida de forma reiterada, estructura un perfil detallado del menor sin su aprobación previa.

Una vez que estos contenidos se suben a la red, resulta casi imposible fiscalizar quién los observa, los descarga o los emplea para fines ajenos. Esto expone a los infantes a peligros críticos que varían desde el uso comercial de sus imágenes hasta el ciberacoso o la suplantación de identidad en su vida adulta.

Principales riesgos y alertas de la psicología infantil

Entre las amenazas más graves detectadas por especialistas en protección de datos y psicólogos infantiles se encuentran la pérdida de control sobre la privacidad, la imposición de una identidad virtual prematura y la posible explotación de archivos visuales por parte de terceros con fines ilícitos. Asimismo, se destaca una creciente vulnerabilidad ante escenarios de bullying digital en años posteriores.

Los expertos también advierten que la difusión de contenidos que puedan ser considerados humillantes o que expongan fragilidad emocional puede derivar en conflictos familiares. A medida que los niños maduran, la toma de conciencia sobre lo que se publicó de ellos puede afectar su autoestima, su desarrollo de autonomía y la configuración de su identidad personal propia.

El sharenting contribuye a formar una biografía digital de los niños, con potenciales consecuencias en su autoestima y autonomía futura - (Imagen Ilustrativa Infobae)

La sumatoria de publicaciones termina por edificar una biografía digital que los menores reciben como una herencia no solicitada. Según UNICEF, este fenómeno marca un desafío histórico en la era tecnológica: los jóvenes deben gestionar una reputación online preexistente, la cual ha sido moldeada enteramente por las decisiones tomadas por sus cuidadores durante su niñez.

Pautas para una crianza digital responsable

Para reducir las consecuencias negativas vinculadas al sharenting, se aconseja a los padres mantener una postura crítica y reflexiva antes de postear cualquier información sobre sus hijos. Las recomendaciones principales incluyen no revelar datos sensibles como la geolocalización, el nombre de la institución educativa o rutinas constantes del menor. Además, es vital configurar estrictamente la privacidad en las redes sociales para que el contenido solo sea accesible para personas de absoluta confianza.

Igualmente, se sugiere omitir la publicación de anécdotas o imágenes que puedan ser comprometedoras o que, en un futuro profesional o social, puedan perjudicar la imagen pública del hijo.

Es indispensable realizarse un cuestionamiento ético antes de cada publicación:

“¿Mi hijo estaría de acuerdo con esto cuando sea mayor? ¿Esta información podría ser utilizada en su contra o perjudicarlo en algún contexto social, escolar o profesional?”

La crianza digital contemporánea exige el compromiso de resguardar la identidad de los niños en la red. Lo que hoy se percibe como una imagen tierna o un dato curioso puede transformarse en un registro indeleble en internet con repercusiones directas en su bienestar. Adoptar un criterio de respeto hacia la privacidad infantil no solo protege a los menores en el presente, sino que garantiza el desarrollo de una cultura digital más ética para el futuro.

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