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Gabriel Pozuelo: Por qué algunas personas no logran descansar nunca

A pesar de que existen jornadas destinadas al esparcimiento, la auténtica sensación de reposo suele ser esquiva para muchos, incluso cuando el entorno permanece en completo silencio. No es suficiente con recostarse en un mueble, desconectar el dispositivo móvil, ver una producción audiovisual o cerrar los ojos por unos instantes para lograr que el cansancio acumulado se disipe de forma efectiva.

Este fenómeno es compartido por numerosos individuos: pueden transcurrir horas sin compromisos laborales ni tareas urgentes, pero su actividad mental continúa operando a su máxima capacidad. Aunque el cuerpo se mantenga estático, internamente persiste una tensión constante, una inquietud latente que sugiere que algo inminente está por ocurrir.

Habitualmente, vinculamos esta imposibilidad de desconexión con el estrés del trabajo, la presión por mantener la productividad o el ritmo frenético de la vida actual. Sin embargo, la raíz del problema puede ser más profunda. En diversas ocasiones, la incapacidad para alcanzar la relajación proviene de cómo el sistema nervioso se configuró en el pasado para enfrentar sus circunstancias.

El psicólogo Gabriel Pozuelo explica por qué hay personas que viven en un modo alerta permanente. (Freepik)

El especialista en salud mental, Gabriel Pozuelo, ha profundizado en esta temática a través de sus plataformas digitales. Según el psicólogo, existen perfiles para los cuales el descanso pleno es una meta inalcanzable en la práctica.

“Hay personas que nunca descansan de verdad. Están en el sofá, pero por dentro están en alerta”

, sostiene el experto, subrayando que lo que parece una personalidad inquieta o una tendencia a la preocupación es, en realidad, un fenómeno más complejo.

El mecanismo de la alerta permanente

De acuerdo con el análisis de Pozuelo, esta condición no responde necesariamente a una personalidad intensa o a una preocupación excesiva. Por el contrario, es una respuesta biológica aprendida:

“no es que seas intenso, no es que te preocupes demasiado, es tu sistema nervioso que aprendió que si te relajabas podía ser peligroso”

. Este mecanismo de protección se integra en el comportamiento diario hasta volverse una forma habitual de funcionar.

La génesis de este aprendizaje suele ubicarse en experiencias tempranas o en contextos vitales donde la estabilidad emocional no estaba garantizada. El psicólogo detalla que este estado se desarrolla cuando se crece en

“un ambiente impredecible o que tuvieras que estar pendiente del estado de ánimo de otros para que no te hicieran daño o que quizá nunca sabías cuando algo malo iba a pasar”

.

Este patrón en ocasiones se corresponde con la vivencia de experiencias tempranas marcadas por la falta de estabilidad. (Freepik)

Crecer bajo estas circunstancias obliga al cerebro a desarrollar una capacidad de anticipación extrema. Estar atento a cualquier indicio de amenaza se transforma en una estrategia de supervivencia emocional fundamental. El conflicto surge cuando este sistema de defensa permanece activo a pesar de que las condiciones de vida del individuo hayan cambiado.

La lógica interna de la mente en estos escenarios es directa:

“mejor siempre estar preparado”

, resume Pozuelo. Si bien esta premisa pudo ser útil para navegar entornos difíciles en el pasado, en la actualidad se convierte en una carga pesada cuando la vigilancia se vuelve permanente.

Con el paso del tiempo, esta atención ininterrumpida suele confundirse con un cuadro de ansiedad generalizada o con un rasgo de personalidad excesivamente aprensivo. No obstante, desde la perspectiva de la psicología, se interpreta como una respuesta aprendida del sistema nervioso, que continúa actuando como si el peligro original siguiera presente en el entorno.

La consecuencia directa es una inquietud persistente y difícil de justificar. Incluso en contextos de relativa paz,

“tu mente sigue en ese estado de estar preparada, que es una forma de decir que está ansiosa perdida como si algo malo fuera a pasar”

, indica el especialista.

Este patrón de funcionamiento interno repercute gravemente en aspectos cotidianos como la calidad del sueño, la capacidad de concentración y la facultad para disfrutar de momentos de calma. Es común que las personas se sientan exhaustas tras pasar horas sin actividad física, debido a que su sistema nervioso nunca llegó a desactivar el modo defensivo. Por ello, el psicólogo concluye con una recomendación de introspección:

“Así que mírate por dentro, porque igual tienes la alarma puesta”

.

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