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El valor de aprender a programar: más allá de los dichos de Galperín

El panorama tecnológico actual ha generado un intenso debate tras las recientes declaraciones del empresario Marcos Galperín. Durante una entrevista en un podcast, el fundador de Mercado Libre manifestó que ya no recomienda enfocarse en el aprendizaje de la programación, sugiriendo que los jóvenes deberían priorizar las matemáticas y la lógica.

La postura de Galperín se fundamenta en que la Inteligencia Artificial (IA) ya posee la capacidad de programar con una eficiencia notable, lo que podría hacer que las competencias técnicas tradicionales queden obsoletas en el corto plazo. No obstante, este enfoque corre el riesgo de minimizar lo que verdaderamente implica el estudio de las Ciencias de la Computación.

La programación como herramienta del pensamiento

La tesis de que aprender a programar sirve para potenciar el pensamiento lógico, la capacidad de abstracción y la resolución de problemas complejos no es una idea nueva. Durante las décadas de los 60 y 70, Seymour Papert, una de las mentes brillantes del Media Lab del MIT, transformó la educación con este concepto. En el ámbito regional, figuras como Antonio Battro y Horacio Reggini —quien denominó a su obra sobre el lenguaje LOGO como Alas para la mente— fueron los pioneros en difundir esta visión.

Para Papert, el ordenador representaba el entorno ideal para ejercitar la lógica. Tal como lo plasmó en su célebre libro Mindstorms:

“Al enseñarle a la computadora cómo pensar (esto es, programarla), los niños se embarcan en una exploración sobre cómo piensan ellos mismos. La experiencia puede ser apasionante: el niño que aprende a controlar una computadora se convierte en un joven epistemólogo”.

Hace poco más de una década, la Fundación Sadosky buscó revitalizar este legado mediante una campaña nacional para integrar las Ciencias de la Computación en el sistema educativo. La meta no era simplemente formar técnicos, sino desarrollar en los estudiantes la capacidad de comprender la lógica subyacente en los sistemas que rigen la sociedad moderna.

El vínculo entre matemáticas y tecnología

Dicha iniciativa contó con el respaldo de diversas personalidades como Adrián Paenza, Manu Ginóbili, Mario Pergolini y Santiago Bilinkis. Incluso el propio Marcos Galperín participó en la campaña “La Hora del Código”, donde definió la disciplina con una frase que sigue vigente: “Es como aprender a pensar”. Esta expresión funciona hoy como un nexo entre su actual preferencia por las matemáticas y el potencial de la informática.

En este sentido, mientras las matemáticas son el motor que impulsa el razonamiento, la programación actúa como el vehículo que permite visualizar y aplicar esos conceptos en el mundo real. Al programar, el individuo no solo emplea una herramienta, sino que analiza la esencia de su propio conocimiento.

La IA como aliada del criterio humano

Si bien es innegable que los modelos de Inteligencia Artificial gestionan el código con una precisión sorprendente, esto no anula la necesidad de entender las bases. Al igual que conocer la mecánica de su vehículo permitía a Juan Manuel Fangio superar a sus rivales, comprender el funcionamiento interno del entorno digital brinda una ventaja competitiva crucial: la facultad de utilizar la IA con criterio y no meramente por comodidad.

Esta formación integral es lo que define al pensamiento computacional: la habilidad de resolver desafíos cotidianos de manera creativa, lógica y organizada. Las carreras actuales de Informática, Sistemas y Ciencias de la Computación ya integran esa base matemática sólida que Galperín resalta como necesaria.

Conclusión: Formando creadores, no solo operarios

Quizás el enfoque correcto en este diálogo no sea descartar la programación, sino entenderla desde una nueva utilidad. El objetivo no debe ser aprender a programar solo por una salida laboral inmediata, sino por la utilidad intelectual que ofrece, sin importar el área profesional en la que se desempeñe el individuo.

En un entorno donde el software puede caducar rápidamente, lo que permanece es la estructura lógica para interactuar con la tecnología. La programación continúa siendo un instrumento fundamental para que los jóvenes dejen de ser meros consumidores pasivos y se conviertan en los arquitectos de su propia realidad.

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