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La cafeína actuaría como interruptor para terapias contra el cáncer

El café, una de las infusiones con mayor presencia global, podría esconder una funcionalidad clínica insospechada. Un equipo de científicos pertenecientes al Instituto de Biociencias y Tecnología de la Salud de Texas A&M se encuentra analizando cómo la cafeína, en combinación con la tecnología de edición genética CRISPR, tiene el potencial de convertirse en una herramienta clave para combatir patologías complejas como el cáncer o la diabetes. Este avance se fundamenta en la quimiogenética, una disciplina que busca gestionar el comportamiento celular mediante el uso de señales químicas de alta precisión.

Al frente de esta investigación se encuentra el doctor Yubin Zhou, quien se desempeña como profesor y director del Centro de Investigación Traslacional del Cáncer. Su labor se ha centrado en el estudio de las enfermedades desde una perspectiva celular y genética fundamental. El enfoque principal de su estrategia radica en la manipulación de células específicas a través de moléculas pequeñas, las cuales pueden ser fármacos o compuestos presentes en la dieta cotidiana de las personas. La meta es lograr que únicamente las células programadas para reaccionar a estos estímulos químicos se vean afectadas, evitando así los efectos secundarios sistémicos de las terapias tradicionales.

El procedimiento innovador desarrollado en Texas A&M consiste en la modificación previa de las células para integrar tres componentes esenciales: un nanocuerpo, una proteína vinculada y la estructura del sistema CRISPR. Estos elementos son transferidos al interior celular mediante técnicas especializadas. Una vez allí, el mecanismo permanece en estado latente hasta que se detecta una señal externa. Dicho activador puede ser la cafeína, la cual se encuentra en productos como el café, el chocolate o diversas bebidas gaseosas. Una ingesta aproximada de 20 miligramos es suficiente para activar el sistema, permitiendo que el nanocuerpo se acople a su proteína y se inicie el proceso de edición genética.

El principio de este enfoque está en la capacidad de manipular células específicas mediante pequeñas moléculas, como medicamentos o compuestos presentes en la dieta diaria (Imagen Ilustrativa Infobae)

Control dinámico y reversible de la edición genética

La investigación, titulada ‘Reprogramación de sistemas de dimerización inducida químicamente mediante nanocuerpos codificados genéticamente’ y difundida a través de la revista Chemical Science de la Royal Chemical Society del Reino Unido, destaca que este sistema no es unidireccional. Los expertos han verificado que ciertos fármacos pueden actuar como un freno, revirtiendo la unión de las proteínas y deteniendo la intervención genética de forma inmediata. Esta capacidad de ajuste permite pausar el tratamiento ante cualquier eventualidad y retomarlo cuando sea pertinente.

Uno de los compuestos que facilita este control absoluto es la rapamicina, utilizada habitualmente en el ámbito médico como inmunosupresor para pacientes con trasplantes. El doctor Zhou detalla la operatividad de este mecanismo:

“También se pueden diseñar estas moléculas similares a anticuerpos para funcionar con sistemas inducibles por rapamicina, de modo que, al añadir otro fármaco como la rapamicina, se logre el efecto opuesto. Por ejemplo, si al principio las proteínas A y B están separadas, la cafeína las une. Por el contrario, si las proteínas A y B ya están juntas, añadir rapamicina puede hacer que se separen”.

El potencial del ‘caffebody’ en la medicina moderna

En el entorno de laboratorio, el nanocuerpo reactivo a la cafeína ha sido bautizado como “caffebody”. Este dispositivo biológico tiene la versatilidad de regular múltiples funciones, desde la generación de insulina para pacientes diabéticos hasta la modulación de las células T, pilares del sistema inmunológico. Las pruebas realizadas en modelos animales confirman que tanto la cafeína como la teobromina (presente en el cacao) logran activar este engranaje, permitiendo que la tecnología CRISPR modifique genes exclusivamente bajo demanda.

La eficacia de la intervención está sujeta al periodo en que la cafeína se mantiene biológicamente activa en el cuerpo, lo que asegura una acción terapéutica controlada. En caso de requerir una interrupción, la rapamicina cumple la función de apagado. “Es un sistema bastante modular”, señala Yubin Zhou. “Se puede integrar en CRISPR y en células CAR-T, y si se quiere inducir la expresión de genes terapéicos como la insulina, es posible hacerlo de forma controlada y ajustable”.

Actualmente, el grupo de investigación mantiene diversas vertientes de estudio para diversificar el uso médico de este hallazgo y perfeccionar las terapias personalizadas.

“Nos entusiasma la idea de reutilizar medicamentos conocidos e incluso ingredientes alimentarios tan habituales como la cafeína para funciones completamente nuevas. En vez de actuar como terapias en sí mismas, moléculas como la cafeína o la rapamicina pueden servir como señales de control precisas para terapias celulares y génicas sofisticadas. Como estos compuestos ya se conocen bien, este enfoque abre una vía práctica hacia la aplicación clínica. La esperanza es que algún día los médicos puedan utilizar elementos familiares para ajustar terapias potentes de manera segura y reversible”.

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