No data was found

Berta Cáceres: Legado y justicia a 10 años de su femicidio ambiental

Una vivienda sencilla frente a la acera, situada en una vía solitaria, luce ahora una fachada renovada de color verde. En su interior, habitaciones y un área de trabajo resguardan la memoria de una mujer que, al ser sorprendida en su descanso, intentó defenderse de un destino fatal. Sin embargo, un sicario terminó con su vida disparando tres proyectiles que impactaron contra la pared, dejando huellas imborrables de aquel atentado.

El asesinato de Berta Cáceres es reconocido como el femicidio ambiental más emblemático de América Latina. Actualmente, su residencia se encuentra en proceso de remodelación para transformarse en un espacio de memoria, un santuario y un museo que rinda homenaje a quien sacrificó su integridad para proteger el cauce del río. Hoy, ese mismo suelo es un punto de encuentro y veneración para quienes mantienen vivo su recuerdo.

La calle donde se sitúa la propiedad no requiere de cierres viales; es un camino de tierra, piedras y polvo donde el tránsito vehicular es casi inexistente, predominando el sonido de los ladridos y el clima frío característico de esa zona en un país tropical. A pesar de las rejas instaladas para prevenir incidentes, la construcción mantiene una esencia accesible que permite a los niños jugar en los alrededores, transformando su antiguo hogar en un centro de reunión para celebrar su vida y condenar su trágica partida.

Berta Cáceres en territorio lenca defendiendo el agua de las comunidades indígenas y campesinas de Centroamérica

Los actos conmemorativos por el décimo aniversario de su muerte, ocurrido el pasado 2 de marzo, se desarrollaron en diversos puntos clave: el centro Utopía, su hogar y el cementerio de La Esperanza. Durante estas jornadas, se entrelazaron la espiritualidad, el dolor y la esperanza, congregando a comunidades campesinas, delegaciones internacionales y colectivos feministas que ven en su figura una fuente inagotable de inspiración.

Cáceres nació el 4 de marzo de 1971. Por ello, el rechazo a su injusto asesinato se combina cada año con la celebración de su natalicio, una fecha que simboliza la protección de los ecosistemas en Centroamérica frente a la explotación y la contaminación.

La organización de este cronograma de actividades, que incluyó charlas, ritos ancestrales, música y gastronomía local, estuvo a cargo del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), con el objetivo de enaltecer la trayectoria de la líder indígena y exigir justicia por su crimen.

Uno de los momentos con mayor carga emocional tuvo lugar en el camposanto de La Esperanza, Intibucá. En el sitio donde descansan sus restos, los asistentes colocaron flores en su altar y realizaron ofrendas con frutas como sandía, melón y uvas, elementos que simbolizaron la frescura y la renovación de la vida en medio del duelo. Las canciones acompañaron este acto de fe y compromiso con el futuro.

El cementerio de La Esperanza recibió a los campesinos que integran el COPINH y delegaciones de Estados Unidos, México, El Salvador y Guatemala

Su hijo menor, Salvador, quien ejerce como médico, ofreció unas palabras durante la ceremonia en el cementerio manifestando el sentir de sus hermanos:

Nos sentimos orgullosos de seguir el ejemplo de mi mami. La vida se fortalece y le decimos orgullosos que hemos dado pasos hacía la justicia”.

Cifras de una lucha bajo amenaza

El proceso de búsqueda de justicia no ha estado exento de obstáculos, enfrentando prejuicios de género, cortes de suministro eléctrico e intimidaciones constantes. Según datos de la Iniciativa Mesoamericana de Mujeres Defensoras de Derechos Humanos (IM-Defensoras), entre el año 2020 y diciembre de 2025 se han registrado 659 agresiones directas contra el COPINH y las mujeres que forman parte de la organización.

El informe detalla las motivaciones de estos ataques:

  • 35% de las agresiones se vinculan con la defensa del derecho a la verdad, la justicia y la reparación.
  • 32% tienen su origen en la protección de la tierra, el territorio y los recursos naturales.

En cuanto a las tipologías de violencia más recurrentes, la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en Honduras reportó:

  • 120 casos de hostigamiento.
  • 101 incidentes de violencia física, psicológica o verbal.
  • 83 campañas de desprestigio basadas en la difusión de información falsa.

El comunicado de IM Defensoras denuncia el hostigamiento sufrido por integrantes del COPINH por la búsqueda de justicia para Berta Cáceres

Ismael Moreno participó en los actos junto a Melissa Cardoza, evidenciando cómo los vínculos comunitarios en Honduras trascienden la biología, construyendo redes de cuidado que operan como una verdadera familia extendida. Moreno reflexionó sobre el impacto de la pérdida de Berta como un proceso de sanación colectiva.

“A mí me mueve un dolor esperanzado. Es un dolor que está lleno de rabia, que tenemos derecho a tenerla y también es un dolor movilizador”,

expresó Ismael, subrayando que su ausencia física se llena con palabras y rituales que abrazan su legado.

La madre de la activista, Austra Bertha Flores López —conocida cariñosamente como mamá Berta— estuvo presente a sus 93 años. Aunque no intervino verbalmente, su presencia fue ovacionada por los asistentes mientras aparecía en proyecciones documentales. La madre de la lideresa confesó que el sentimiento de extrañar a su hija permanece intacto cada día.

El campamento del COPINH, en La Esperanza, Honduras reivindica el derecho al agua y la resistencia ambiental de Berta Cáceres que protegió los ríos de Honduras

Por su parte, Laura Zúñiga Cáceres, otra de las hijas de la defensora, comparó la magnitud de su lucha contra las estructuras de poder de manera gráfica:

Me sentía como los hobbits contra los malos. No aceptamos la muerte como un sistema que domina al mundo”.

Rosalina Domínguez, representante de la comunidad campesina de Río Blanco, fue enfática al señalar la vigencia de su labor:

La lucha de Berta no fue en vano. El río Gualcarque sigue corriendo. Si Berta no hubiera acompañado nuestra lucha, desde 2013, quién sabe donde hubiéramos ido a parar”.

Durante la jornada, Domínguez compartió alimentos tradicionales como yuca, papa, zanahoria y arroz con pollo con los visitantes, destacando que el aprendizaje obtenido de Cáceres fue fundamental para el empoderamiento de las mujeres rurales. “Hablar no es solo para los que estudian, nosotras tenemos algo que enseñar y eso nos lo enseñó Berta”, afirmó, aunque reconoció la profunda tristeza que le produjo visitar la habitación donde ocurrió el crimen.

Finalmente, se evocó la voz de la fallecida referente argentina Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo, para recordar que Berta Cáceres no pertenece al pasado, sino que constituye una raíz y un horizonte para quienes defienden el río que continúa fluyendo gracias a su sacrificio.

Fuente: Fuente

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER