En el corazón de las planicies de Wyoming, se erige una estructura imponente que los pueblos originarios denominan Mato Tipila o Bear’s Lodge. Conocida popularmente como la Torre del Diablo, este gigante de piedra alcanza los 264 metros de altura desde su base en el centro de visitantes, consolidándose como uno de los perfiles geológicos más emblemáticos de los Estados Unidos.
Desde el año 1906, este sitio posee la distinción de ser el primer monumento nacional de la nación, un título otorgado por el presidente Theodore Roosevelt bajo el amparo de la Ley de Antigüedades. Según explicó el especialista Tyler Devine, esta declaración subrayó la relevancia histórica y natural de un espacio que ha cautivado a la humanidad durante siglos.
El misterio detrás de su formación geológica
Durante décadas, el origen de esta mole fue objeto de debate científico. Aunque inicialmente se planteó la teoría de que se trataba de los restos de un antiguo volcán, diversas investigaciones terminaron por descartar esta posibilidad debido a la carencia de materiales específicos. El geólogo Robert Livingston aclaró sobre este punto:
“Primero, la gente pensó que era un volcán. Eso no se sostiene porque no hay piroclastos, ni tefra, lava, ni roca volcánica en los alrededores”.
La perspectiva técnica contemporánea clasifica a la torre como un lacolito. Esta formación se produjo cuando el magma ascendente presionó las capas de rocas sedimentarias, creando una suerte de domo. Al enfriarse de forma paulatina, la materia dio lugar a las singulares columnas verticales que la caracterizan.
Devine puntualizó que la roca se “cristalizó de esta manera tan específica para formar las columnas que vemos hoy”, indicando además que la erosión de millones de años dejó al descubierto el núcleo basáltico actual.
Misticismo y la herencia de los Lakota Sioux
Para la comunidad Lakota Sioux, el Mato Tipila trasciende lo geológico para convertirse en un centro de espiritualidad profunda. La líder Pansy Hawk Wing describe este entorno bajo el concepto de Daku Shka Shka, que se traduce como “la energía viviente que existe en todas las cosas”.
La tradición oral preserva relatos fascinantes sobre su creación. Se cuenta que siete niñas, mientras huían del ataque de osos en el bosque, treparon a una pequeña elevación y suplicaron ayuda al Wakan Tanka o Gran Misterio. En respuesta, la tierra se elevó para protegerlas. Cade Herrera relata que:
“Los osos, enfurecidos, intentaron escalarla, dejando las marcas en la roca al deslizarse por sus paredes”.
Según la creencia Lakota, los restos de aquellos osos colosales de la leyenda aún descansan bajo los escombros acumulados en la base de la estructura. 
Actualmente, el sitio es fundamental para prácticas como el smudging, un ritual de purificación donde se utiliza el humo de cedro o salvia. “Preparamos un pequeño fuego y usamos el humo para purificar mente, cuerpo y espíritu”, detalló Hawk Wing. Cada año, miles de fieles llegan al lugar para realizar búsquedas de visión u ofrendas. La líder espiritual compara la experiencia con “entrar a la Capilla Sixtina sabiendo que estás en un lugar sagrado”, añadiendo que al retirarse, “sentís que has recibido sanación. Esa es la sacralidad que le otorgamos a Mato Tipila”.
Conflictos de identidad y su rol como icono turístico
A pesar de su fama global, el nombre oficial de Devil’s Tower es motivo de discordia, pues los pueblos indígenas lo consideran una denominación impuesta e irrespetuosa. Devine señaló que existe un interés creciente por “avanzar hacia la coadministración de este sitio”, validando su herencia ancestral sobre las designaciones coloniales.
Por otro lado, la torre es un imán para el deporte extremo, recibiendo anualmente a una cifra que oscila entre los 3.000 y 5.000 escaladores. Cade Herrera, quien además de pertenecer a la nación Lakota es guía de escalada, recordó su primera impresión al verla: “Sentí como si alguien que nunca ha estado en Nueva York viera un rascacielos por primera vez. Es enorme”. 
Hoy, el desafío reside en equilibrar la actividad recreativa con el respeto a la fe de las tribus locales, bajo una gestión compartida con el Servicio de Parques Nacionales. Para Herrera, estar allí es experimentar la historia viva. La conclusión de Hawk Wing resume el sentimiento de su pueblo de manera conmovedora: “La mejor manera en que puedo describirlo es que es volver a casa. Espiritualmente, volvimos a casa”.
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