La protección de los alerces milenarios, ejemplares cuya existencia sobrepasa los 2.400 años en los bosques templados lluviosos de la Cordillera de la Costa de Chile, podría representar una pieza fundamental para garantizar la resiliencia de los ecosistemas terrestres. Estos gigantes se enfrentan actualmente a la degradación ambiental y a los efectos directos del cambio climático global.
De acuerdo con una investigación reciente difundida por la revista Biodiversity and Conservation, estos colosos de la naturaleza funcionan como refugio de una diversidad fúngica subterránea sin precedentes. Este ecosistema invisible cumple un rol vital no solo para que la biodiversidad local sobreviva, sino también para la regulación del ciclo del carbono a escala planetaria.
La riqueza oculta bajo las raíces del alerce
Mediante análisis genéticos realizados en suelos situados bajo un ejemplar de alerce de más de 2.400 años, se determinó que la variedad de hongos presentes en sus raíces supera en 2,25 veces a la de especímenes más jóvenes y de menor tamaño.
Este entorno bajo tierra alberga más de 300 especies fúngicas que son exclusivas de dicho árbol monumental, muchas de las cuales podrían ser totalmente desconocidas para la comunidad científica. Los datos del estudio subrayan que las comunidades de hongos micorrízicos arbusculares vinculadas a los alerces tienen la capacidad de movilizar cerca de 1.000 millones de toneladas de carbono cada año hacia los suelos de la Tierra.

Estos indicadores reflejan la importancia crítica de los hongos micorrízicos en la operatividad del bosque. Funcionan como una intrincada red de suministro que provee agua y nutrientes vitales a los árboles, fortaleciéndolos ante amenazas como patógenos y sequías extremas. Al mismo tiempo, potencian la captura de carbono, ayudando a la estabilización del sistema climático global.
El Fitzroya cupressoides: Un gigante bajo amenaza
El alerce (Fitzroya cupressoides), también denominado ciprés patagónico o lawal en la lengua mapudungun del pueblo mapuche, es reconocido como la segunda especie con mayor longevidad en el mundo, superada únicamente por el pino longevo de Norteamérica. Su presencia se extiende desde el litoral sur de Chile hasta las zonas precordilleranas de los Andes.
Estos árboles desarrollan troncos imponentes que pueden superar los 4,5 metros de diámetro. Su tasa de mortalidad es extremadamente reducida, lo que les permite vivir por milenios. De hecho, el registro más antiguo de la especie alcanzó los 3.600 años, aunque lamentablemente fue talado en el año 1976.
No obstante, el área de distribución del alerce ha sufrido una reducción crítica debido a la explotación forestal histórica, los incendios provocados para la ganadería y la transformación del suelo. En la actualidad, las amenazas incluyen el cambio climático, el turismo masivo y proyectos de infraestructura. Un riesgo latente es la propuesta de una ruta que cruzaría a pocos metros de estos santuarios naturales, lo que incrementaría el peligro de incendios forestales, la llegada de especies invasoras y la presión humana en zonas de alta vulnerabilidad.

Colaboración científica internacional
El estudio es el resultado de una expedición realizada en 2022 al Parque Nacional Alerce Costero. En esta iniciativa participaron instituciones como la Universidad Santo Tomás, la Universidad Austral de Chile, la Universidad de La Frontera, la Fundación Fungi y la entidad internacional SPUN (Society for the Protection of Underground Networks). Esta última organización cuenta entre sus fundadores con el biólogo Toby Kiers, recientemente galardonado con el Premio Tyler, conocido como el “Nobel del Medio Ambiente”, por su labor investigando las redes fúngicas.
Durante el trabajo de campo se recolectaron muestras de suelo en 31 árboles de distintas edades, incluyendo desde brotes jóvenes hasta el emblemático “Alerce Abuelo”. El equipo científico utilizó marcadores genéticos de última generación para extraer ADN de las muestras e identificar a los organismos presentes.
La investigación fue liderada por la doctora Camille Truong, del Real Jardín Botánico de Victoria y la Universidad de Melbourne, junto a la doctora Adriana Corrales de SPUN. Ambas expertas concluyeron que los árboles de gran envergadura actúan como un “efecto paraguas” que resguarda la vida fúngica del suelo.
“No todos los árboles son iguales y si se elimina un árbol milenario, el impacto en todas las demás especies será mayor que si se elimina uno más pequeño”
Así lo manifestó Truong, mientras que la doctora Corrales recalcó un punto fundamental para la conservación:
“Toda esa diversidad significa resiliencia”

Consecuencias de la pérdida de árboles antiguos
El reporte científico es enfático al señalar que la destrucción de un solo árbol monumental puede aniquilar en segundos una red de organismos subterráneos que tardó miles de años en consolidarse. Esto provocaría efectos negativos en cascada sobre el ecosistema. Según el artículo:
“la pérdida de diversidad fúngica del suelo puede desencadenar efectos negativos en cascada sobre múltiples funciones del ecosistema”
Cada hongo identificado cumple funciones que, aunque no se comprenden en su totalidad, son esenciales para la salud forestal. Los alerces milenarios funcionan como un escudo ecológico para la diversidad invisible que mantiene la estabilidad de los bosques y del planeta en general.
Bajo el título “Los árboles de gran diámetro contribuyen desproporcionadamente a la diversidad de hongos del suelo en un bosque de coníferas con uno de los árboles vivos más antiguos de la Tierra”, el estudio concluye que preservar a los ejemplares de mayor edad es la única forma de asegurar la permanencia de miles de especies micorrízicas.
Finalmente, los especialistas sostienen que cuidar al alerce milenario es mucho más que proteger un monumento natural; se trata de sostener el equilibrio ecológico necesario para la fertilidad de la tierra y el funcionamiento de los sumideros de carbono. Decidir el destino de un solo árbol milenario es, en esencia, decidir el futuro de comunidades biológicas que han sostenido la vida durante milenios.
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