El riesgo de anularse por evitar una ruptura, según Juan Rescalvo

La dependencia emocional se manifiesta con frecuencia en nuestras interacciones diarias, presentándose como una búsqueda incesante de validación o un temor latente ante la posibilidad del abandono. En este tipo de dinámicas relacionales, se quiebra el equilibrio necesario, provocando que la vida del individuo comience a orbitar exclusivamente en torno a la preservación del vínculo, sin importar el costo personal.

Dentro de estas relaciones, el miedo a la pérdida se erige como el motor conductual predominante. El individuo deja de lado sus propios deseos y necesidades para estructurar su existencia en función de la permanencia de la otra persona. De este modo, la identidad, los planes a futuro y las decisiones cotidianas se ven alterados con el único fin de eludir una posible separación.

No obstante, los especialistas en salud mental subrayan que el peligro real no radica en la partida de un tercero, sino en la erosión interna que ocurre cuando el temor domina la relación. El psicólogo Juan Rescalvo, a través de su plataforma en TikTok (@juanrescalvopsicologo), reflexiona sobre esta lógica de apego excesivo con una advertencia contundente:

“No tengas miedo de perder a los demás. Ten miedo de perderte a ti mismo”.

La obsesión y el olvido de uno mismo

Para el experto Juan Rescalvo, el conflicto se agrava cuando el lazo afectivo muta en una obsesión. Según explica el profesional,

“Cuando te obsesionas con no perder a alguien, te olvidas de ti y casi siempre terminas perdiéndote”.

En esta etapa, la prioridad absoluta deja de ser la estabilidad emocional propia para centrarse en retener al otro, lo que lleva a tolerar comportamientos antes inaceptables y a justificar asimetrías dañinas.

El psicólogo Juan Rescalvo advierte que, cuando una persona se obsesiona con que su pareja permanezca a su lado, corre el riesgo de olvidarse de sí misma. (Freepik)

Las consecuencias de este comportamiento suelen ser devastadoras para el bienestar psíquico. Rescalvo advierte sobre el desenlace habitual de estas situaciones:

“¿Y sabes qué hará esa persona que no querías perder? Seguirá su camino y tú te quedarás con la idea de que no eres suficiente, porque no solo te esforzaste por esa persona, sino que además te obsesionaste y ni así se quedó contigo”.

Bajo esta premisa, la ruptura no solo representa el fin de la convivencia, sino un ataque frontal a la autoestima del individuo.

El impacto emocional de la ruptura

El diagnóstico de Rescalvo sugiere que el impacto tras la separación es doblemente doloroso debido a la pérdida de referentes personales:

  • Pérdida del vínculo: La ausencia física y emocional de la otra persona.
  • Crisis de identidad: El desconocimiento de los propios valores y el lugar que se ocupa en el mundo.

Sobre este punto, el psicólogo enfatiza:

“Así que tienes dos problemas. Esa persona se ha ido y tú ya no sabes ni dónde estás, ni quién eres ni cuánto vales”.

Esta situación sumerge al individuo en una sensación de vacío profundo que resulta complejo de procesar.

El especialista insiste en que el abandono no debe ser interpretado como un indicador del valor personal.

“Tienes que entender que esa persona se ha ido porque quería irse. Nunca fue una cuestión de lo que tú valías, sino de que esa persona quería irse por otro lado”,

aclara, buscando desvincular el rechazo externo de la valía interna.

Hacia una reconstrucción personal

Uno de los errores comunes identificados es la incapacidad para detectar las señales de alejamiento a tiempo. Rescalvo señala que

“Tú no supiste captarlo, probaste por darlo todo y te quedaste vacío”.

Ese esfuerzo desmedido por compensar la falta de interés del otro genera un desgaste emocional que parece ratificar la creencia de insuficiencia personal tras el quiebre.

Sin embargo, es fundamental matizar esta percepción negativa.

“Ese vacío no eres tú. Ese vacío es una sensación de frustración, de desgaste, de impotencia, que estás malinterpretando y pensando que define tu valor”,

sostiene el psicólogo. La intensidad de la emoción no define la identidad, sino que es una respuesta natural a la decepción y al sacrificio no correspondido.

Finalmente, Juan Rescalvo propone una hoja de ruta centrada en la recuperación de la autonomía. El proceso requiere

“volver a encontrarte, tomar conciencia de tus rasgos y habilidades y darle valor”.

La clave reside en redirigir la atención hacia el propio ser, reconociendo límites, capacidades y deseos como la base indispensable para establecer vínculos futuros más saludables.

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