La etapa de la adolescencia representa un periodo de profundas transformaciones biológicas, sociales y afectivas. Durante estos años, la construcción de la identidad, el impacto del entorno digital y las crecientes presiones académicas se manifiestan en un cerebro que se encuentra todavía en una fase de maduración crítica.
En conmemoración del Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes, diversos especialistas subrayan que la estabilidad emocional no debe considerarse un aspecto secundario, sino un pilar fundamental para un crecimiento integral y saludable.
La doctora Teresa Torralva, quien lidera el Departamento de Neuropsicología y es autora de la obra “Adolescencia: Una mirada desde las neurociencias”, sostiene una visión optimista sobre esta fase:
“la adolescencia no es solo una etapa de crisis, sino un período de enormes oportunidades. El cerebro está en plena reorganización, eso implica vulnerabilidad, pero también una gran capacidad de aprendizaje y cambio”
8 pautas fundamentales para el acompañamiento emocional

Basándose en la evidencia científica y la labor clínica, se han establecido diversas recomendaciones para guiar a los jóvenes en este proceso:
- 1. Comprender el desarrollo cerebral en curso: Es vital reconocer que la corteza prefrontal, encargada de funciones como la planificación, el control de impulsos y la toma de decisiones, aún no ha terminado de formarse. Simultáneamente, áreas como la amígdala y los circuitos de recompensa presentan una reactividad muy elevada.
Sobre este punto, Teresa Torralva aclara:
“Muchas conductas que se interpretan como desinterés, impulsividad o desafío responden a un cerebro en proceso de maduración”
. Entender esta realidad biológica permite establecer límites claros desde la empatía, asumiendo que el joven aún está perfeccionando su capacidad de evaluar consecuencias.
- 2. Identificar señales de alerta frente a cambios comunes: Si bien las variaciones en el estado de ánimo son habituales, se debe prestar atención cuando el malestar es persistente, intenso o afecta el rendimiento académico, social o familiar.
Factores como problemas graves de sueño, el aislamiento extremo, la irritabilidad constante o las conductas de riesgo son indicadores que requieren una evaluación. Lo esencial no es entrar en pánico ante cualquier actitud nueva, sino monitorear la frecuencia e impacto funcional de estos comportamientos.

- 3. Generar espacios de escucha libre de juicios: Contar con adultos que brinden disponibilidad emocional es el mayor escudo protector. Dado que los adolescentes son muy sensibles a la aceptación o al rechazo, sentirse validados disminuye el estrés y eleva su autoestima. Una escucha atenta y sin exageraciones facilita que busquen apoyo en momentos difíciles.
- 4. Validar sus sentimientos: Aunque no siempre se comparta su punto de vista, es crucial admitir que lo que sienten es genuino. Esta validación reduce la intensidad emocional y promueve que el joven desarrolle sus propias herramientas de autorregulación.
- 5. Mantener rutinas y límites predecibles: La organización en los horarios de descanso, las tareas escolares y reglas coherentes otorgan una sensación de seguridad. Estas estructuras actúan como un soporte externo mientras el cerebro consolida sus funciones ejecutivas.
- 6. Supervisar el entorno digital: Las redes sociales son parte esencial de su vida y activan los sistemas de recompensa social. En lugar de la prohibición absoluta, se recomienda el acompañamiento para fomentar una autorregulación digital y asegurar momentos de desconexión necesarios.

- 7. Normalizar la ayuda profesional: Acudir a un especialista no debe verse como un estigma, sino como una medida de prevención. Una intervención temprana ante retos emocionales o dificultades en las funciones ejecutivas mejora significativamente el bienestar a largo plazo.
- 8. Entender el bienestar como una tarea compartida: El soporte debe ser una labor conjunta entre la familia, el colegio y los profesionales. La prevención y la educación emocional son herramientas que evitan que los problemas se vuelvan crónicos.
Para finalizar, la doctora Teresa Torralva enfatiza que
“La adolescencia es una etapa de transición, no un problema a resolver. Es un período de enorme plasticidad cerebral y emocional. Cuando los adultos comprenden el proceso y acompañan con presencia, regulación y coherencia, el impacto es profundamente positivo”
.
En este Día Mundial del Bienestar Mental para Adolescentes, el llamado es a fomentar la observación atenta y la creación de entornos que prioricen un desarrollo saludable y resiliente.
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