Ante la persistencia de jornadas con altas temperaturas, es fundamental comprender que el golpe de calor no es un simple malestar, sino una afección aguda que puede comprometer la integridad física y poner en riesgo la vida de las personas.
El hipotálamo: El termostato del organismo
El cuerpo humano está diseñado biológicamente para mantener una temperatura interna estable, que oscila entre los 36,5 y 37 °C. Esta estabilidad es posible gracias a un complejo centro de regulación situado en el hipotálamo, una región del cerebro que actúa como un termostato natural de alta precisión.
Cuando este centro de mando detecta un incremento en el calor ambiental, ordena la activación de diversos mecanismos para disipar la energía térmica acumulada y proteger los órganos internos. Los principales procesos de enfriamiento son:
- Vasodilatación: Los vasos sanguíneos se expanden para incrementar el flujo de sangre directamente debajo de la piel, lo que facilita que el organismo pierda calor mediante la irradiación hacia el exterior.
- Transpiración: Al secretar sudor, el contacto del aire sobre la dermis permite la evaporación del líquido, un proceso que ayuda significativamente a enfriar la superficie corporal.
- Frecuencia respiratoria: El ritmo de respiración aumenta con el calor; al exhalar, se expulsa aire caliente y, al inhalar, el ingreso de aire más fresco contribuye a reducir la temperatura de la sangre y los pulmones.
¿Qué sucede durante un cuadro de golpe de calor?

Esta condición médica se manifiesta cuando el organismo pierde por completo su capacidad para regular la temperatura. Esto suele ocurrir por una deshidratación severa o debido a la exposición prolongada a entornos calurosos sin la debida reposición de líquidos. En estos escenarios, el sistema de control térmico falla y se produce un traumatismo térmico agudo.
Existen síntomas típicos que permiten identificar esta urgencia médica:
- Presencia de piel caliente y seca.
- Sensación de malestar generalizado, náuseas y vómitos.
- Taquicardia y alteraciones del sistema nervioso.
- Confusión mental, dificultad para hablar de forma coherente o pérdida total del conocimiento.
Protocolo de acción ante una emergencia térmica

Si se identifica a una persona sufriendo un golpe de calor, la intervención debe ser inmediata y decidida. Es indispensable retirar las prendas de vestir innecesarias, humedecer el cuerpo del afectado y aplicar toallas frías o hielo en puntos clave de enfriamiento como las axilas, el cuello y la ingle.
Es imperativo que el paciente sea trasladado sin ninguna demora a un centro médico especializado. En dichas instituciones, los profesionales de la salud procederán con la reposición de agua y sales por vía intravenosa, además de realizar los estudios pertinentes para determinar el tratamiento adecuado. Una atención médica oportuna es el factor determinante para evitar secuelas o complicaciones críticas.
La estrategia más eficaz sigue siendo la prevención: es fundamental evitar la exposición prolongada al calor y asegurar una hidratación constante. Según el doctor Daniel López Rosetti, médico de la Facultad de Medicina de la UBA y especialista de la World Federation for Mental Health (WFMH), el golpe de calor es una problemática seria que puede afectar a cualquier individuo si no se adoptan las precauciones necesarias.
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