El cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina, Agustín Nahuel Gallo, ha recuperado finalmente su libertad tras haber permanecido 448 días bajo un cautiverio que ha sido calificado como una pesadilla absoluta en territorio venezolano. El uniformado abandonó las instalaciones del centro penitenciario El Rodeo 1, lugar donde permaneció incomunicado, sin acceso a un proceso legal transparente y sin el debido acompañamiento consular o defensa jurídica propia.
Gallo se convirtió en una de las víctimas de desaparición forzada bajo la administración del régimen venezolano. Su liberación se produce en un contexto de cambios políticos drásticos, luego de una incursión militar que resultó en el traslado de Nicolás Maduro desde Caracas hacia Nueva York. Tres semanas después de dicho operativo, el gendarme pudo emprender el retorno a su país para reunirse con su madre Griselda, su pareja María Alexandra y su hijo pequeño, Víctor, quienes mantuvieron una lucha incansable por su aparición. En total, fueron 10.750 horas de incertidumbre.

Los primeros indicios sobre su bienestar surgieron recientemente, cuando Gallo logró establecer contacto telefónico con María Alexandra durante una transmisión radial. En diálogos posteriores, se pudo percibir un ambiente de esperanza y alivio. Aquella llamada telefónica fue la prueba definitiva de dos realidades: que el gendarme se encontraba con vida y que su paradero era efectivamente el penal de El Rodeo 1.
Este avance fue impulsado por una medida de presión interna: los ciudadanos extranjeros recluidos en dicho recinto iniciaron una huelga de hambre. El objetivo de la protesta era exigir que se les incluyera en la ley de amnistía que el régimen había promulgado para los prisioneros políticos. Tras varios días de ayuno forzado, las autoridades cedieron, permitiendo las comunicaciones y, eventualmente, las liberaciones.
El colapso de la administración de Maduro
El escenario político cambió radicalmente tras la detención de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, quienes fueron llevados ante la justicia de los Estados Unidos para responder por cargos de narcotráfico, terrorismo y conspiración. Este hecho histórico fue el catalizador para que las estructuras del régimen comenzaran a ceder ante la presión internacional.

Para los familiares de Gallo, la confirmación de su libertad fue una noticia recibida con cautela pero con una inmensa alegría. Es fundamental precisar que el gendarme no enfrentó una detención ordinaria, sino que fue objeto de un secuestro político. Su caso representa el punto en el que la espera se transforma en un abismo emocional para quienes aguardaban su regreso.
Analistas sugieren que el gendarme fue utilizado como un peón político frente al Gobierno de Argentina, encabezado por Javier Milei, quien ha mantenido una postura confrontativa contra la legitimidad del régimen venezolano. Durante este periodo, Gallo enfrentó acusaciones carentes de sustento sobre un presunto magnicidio, mientras la situación diplomática entre ambas naciones se fracturaba por completo.
Crónica de una desaparición en Anzoátegui

El calvario inició en febrero, cuando María Alexandra Gómez lo esperaba en el estado de Anzoátegui. Gallo había solicitado todos los permisos reglamentarios a la Gendarmería Nacional —donde servía en Uspallata, Mendoza— y portaba la documentación necesaria para un ingreso legal por un paso fronterizo formal. Sin embargo, lo que debía ser un reencuentro familiar se tornó oscuro tras un último mensaje de texto.
“Me están llevando”
Esas fueron las últimas palabras que recibió su pareja. No hubo detalles sobre quiénes realizaban el procedimiento ni los motivos. A partir de ese instante, el silencio se apoderó de la situación. María Alexandra pasó días de angustia esperando una respuesta que no llegaba en ninguna oficina administrativa o migratoria de Venezuela.
Lo que inicialmente se pensó que era un trámite burocrático terminó siendo una desaparición. Con el tiempo se conoció que Nahuel transitó por diversos centros de reclusión antes de ser confinado en El Rodeo 1, un sitio bajo el control de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), organismo vinculado a las estructuras de represión dirigidas por Diosdado Cabello.

Ante la falta de respuestas en Anzoátegui, María Alexandra tomó la determinación de trasladarse a Caracas junto a su hijo Víctor. Su vida se convirtió en un peregrinaje constante por fiscalías y organismos de seguridad. El pequeño Víctor creció en pasillos gubernamentales, adaptándose a una realidad de incertidumbre y vigilancia extrema.

La situación se agravó el 6 de enero del año pasado, cuando Nicolás Maduro vinculó públicamente a Nahuel Gallo con una supuesta conspiración para atentar contra Delcy Rodríguez. Aquella acusación política, sin pruebas judiciales, confirmó que el gendarme era un rehén de Estado. Durante este tiempo, la familia pasó dos Navidades y dos fines de año en ausencia del cabo primero.
Operativo de extracción y rescate familiar
En mayo, ante el incremento de las amenazas y la falta de seguridad, se coordinó un operativo secreto de extracción para poner a salvo a la pareja y al hijo del gendarme. En esta acción participaron el Ministerio de Seguridad de Argentina, entonces liderado por Patricia Bullrich, con el respaldo logístico de Estados Unidos y la colaboración de Colombia.
- Salida por la frontera de Cúcuta.
- Traslado estratégico hacia Bogotá.
- Escala técnica en Panamá.
- Arribo final a Buenos Aires.
Mientras su familia lograba ponerse a salvo, Gallo continuaba enfrentando interrogatorios y aislamiento en El Rodeo 1. Su caso no era aislado; otros extranjeros, como el argentino Germán Giuliano, capturado en costas venezolanas en mayo, también fueron utilizados como herramientas de negociación política frente a la comunidad internacional.

Finalmente, tras la captura de Maduro y la asunción de un mando provisional por parte de Delcy Rodríguez, el funcionario Jorge Rodríguez anunció la liberación por supuestas “razones humanitarias”, evitando mencionar el carácter ilegal de la detención previa.
El reencuentro físico entre Nahuel Gallo y su hijo Víctor Benjamín, quien cumplirá tres años el próximo 21 de enero, marca el fin de un ciclo de 450 días de ausencia forzada. La historia del gendarme deja en evidencia las tácticas de regímenes que utilizan a ciudadanos como fichas de canje en el tablero geopolítico internacional.
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