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Prevención del botulismo: claves para consumir conservas seguras

El botulismo se cataloga como una enfermedad de gravedad transmitida por alimentos (ETA), la cual es originada por la potente toxina que genera la bacteria Clostridium botulinum. Este microorganismo se localiza de forma natural tanto en el suelo como en el agua; no obstante, encuentra su entorno ideal para proliferar en escenarios carentes de oxígeno, algo que ocurre frecuentemente en conservas que han sido procesadas o esterilizadas de manera deficiente.

Una de las mayores peligrosidades de esta toxina radica en que es imperceptible para los sentidos humanos: no posee olor, sabor ni es visible a simple vista. Ante esta amenaza silenciosa, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) ha difundido una serie de recomendaciones vitales para que la población pueda prevenir el contagio y proteger su salud.

Existen ciertos productos que presentan una mayor susceptibilidad ante esta bacteria, especialmente aquellos que son envasados bajo condiciones técnicas inapropiadas, tales como una higiene deficiente, temperaturas de cocción insuficientes o niveles de pH inadecuados. Dentro del grupo de las conservas vegetales con mayor riesgo se destacan los morrones, berenjenas, espárragos, pepinillos, así como diversos encurtidos y escabeches que mantienen un pH igual o superior a 4,5. En este sentido, la autoridad sanitaria enfatiza la importancia de adquirir únicamente productos elaborados en plantas debidamente habilitadas.

El SENASA informa cómo reducir el riesgo de botulismo al consumir conservas vegetales, mixtas y escabeches (Shutterstock)

Requisitos de etiquetado y seguridad

Para garantizar que un alimento proviene de un establecimiento que cumple con las normativas vigentes, el consumidor debe realizar una inspección minuciosa del etiquetado. Es fundamental verificar que el envase incluya la siguiente información obligatoria:

  • RNE (Registro Nacional de Establecimientos).
  • RNPA (Registro Nacional de Productos Alimenticios).
  • Dirección exacta de la planta elaboradora.
  • Fecha de elaboración y su respectivo vencimiento.
  • Identificación del número de lote.
  • Denominación oficial del producto contenido.

La ausencia de cualquiera de estos datos técnicos convierte al producto en un artículo no confiable para el consumo humano. Asimismo, es vital evaluar el estado físico del recipiente. Se recomienda descartar de inmediato cualquier frasco o lata que al momento de la apertura evidencie pérdida de líquidos o gas, presencia de espuma, burbujas, líquidos con aspecto turbio o cualquier alteración sospechosa en su color, aroma o textura.

Siguiendo las directrices del SENASA, la implementación de estas medidas de control personal es la herramienta más eficaz para evitar casos de botulismo y asegurar que la alimentación se base en productos sometidos a rigurosos procesos de fiscalización y sanidad.

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