Al igual que ocurrió el año anterior, tras cumplirse el periodo de 15 días fijado por Donald Trump, las fuerzas militares de Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva aérea coordinada. Todo indica que el mandatario estadounidense decidió finalizar las fases de diálogo con un sistema de gobierno que, desde 1979, ha recurrido constantemente a la táctica de postergar acuerdos para desgastar a sus contrapartes. Aunque no existe una certeza sobre la duración de esta operación, las experiencias previas —como la guerra de 12 días de Israel o las incursiones rápidas de EE. UU.— no parecen ser indicadores válidos, dado que Trump ha manifestado abiertamente que el propósito actual es un cambio de régimen.
La fragilidad de la República Islámica
A pesar de que Irán se percibe en una posición de mayor debilidad, el país parece haber reforzado su capacidad para resistir los embates y contraatacar. No obstante, el desafío planteado por Washington es de una envergadura superior, apuntando directamente a la disolución de la República Islámica, un objetivo que se presenta complejo. Simultáneamente, el presidente estadounidense ha instado a la ciudadanía iraní a sublevarse una vez que cesen los bombardeos. Por su parte, el gobierno de Benjamín Netanyahu decretó el estado de emergencia, restringió el tránsito aéreo y movilizó a la población hacia refugios, describiendo la situación como una batalla por la supervivencia nacional.
Históricamente, los ataques iraníes de 2024 y su respuesta a la contraofensiva israelí en 2025 resultaron en daños limitados. Esto se debió no solo a la eficacia de los sistemas de defensa de Israel, sino también a un hecho geopolítico inédito: la cooperación de diversas naciones árabes en la interceptación de proyectiles. Incluso se registró el paso de aviación israelí por espacios aéreos árabes en misiones hacia Teherán. La gran incógnita actual reside en si las fuerzas iraníes recurrirán al uso de armamento químico o biológico, lo que elevaría drásticamente el nivel de devastación si logran vulnerar las defensas.

El escenario actual parece haber sido forzado por la propia administración iraní. En un paralelismo con Venezuela, donde Nicolás Maduro desestimó propuestas de salida beneficiosas, el ayatollah Khamenei parece haber optado por un camino de sacrificio para su pueblo, similar a la postura final de Hitler en Berlín. Mi percepción es que la estructura de la República Islámica podría resistir inicialmente, pero es incierto si podrá sostener su programa atómico. La hegemonía aérea demostrada por Israel sugiere que se priorizará la destrucción de la infraestructura de drones y misiles, los cuales representan una amenaza incluso para el continente europeo. Irán enfrenta la posibilidad de una derrota contundente, donde solo una negociación política podría frenar sus ambiciones nucleares.
Repercusiones regionales y el rol de los aliados
En este contexto, Israel podría intensificar sus acciones contra Hamas para consolidar el control sobre la línea divisoria en Gaza, donde gran parte de la población sigue bajo influencia del grupo insurgente. Este paso es visto como necesario para avanzar en la segunda fase del plan de paz propuesto por Trump, ya que la ausencia de seguridad impide que países árabes envíen contingentes de paz o inviertan en la reconstrucción. En cuanto a otros actores como Hezbollah o los Hutíes, es probable que su respuesta militar sea limitada tras el desgaste sufrido desde 2023. Incluso existe la posibilidad de que el régimen sirio de Al-Asad respalde tácitamente a Israel contra Hezbollah, debido a las tensiones internas derivadas de la guerra civil siria.
Mientras tanto, Europa parece perder relevancia estratégica. Se critica la inacción de países como Francia ante la represión de manifestantes, mientras que el Reino Unido ha pasado de ser un aliado incondicional a obstaculizar las acciones de EE. UU. Por otro lado, naciones como Noruega han calificado las operaciones como violaciones a la legalidad internacional y a la Carta de la ONU. A pesar de la retórica de una yihad antioccidental y el repunte del antisemitismo en ciudades globales tras la invasión de Hamas, no se prevé el estallido de un conflicto regional a gran escala.
La crisis interna en Irán y las elecciones en EE. UU.
Dentro del territorio iraní, se anticipa la movilización de minorías oprimidas como los Kurdos —quienes tienen presencia en Siria e Irak—, además de grupos que aspiran a la autonomía del Beluchistán o comunidades árabes. Esta vez, Teherán ha respondido con mayor celeridad mediante ataques a instalaciones estadounidenses en suelo árabe y agresiones contra Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, lo que ha empujado a estas naciones sunitas a alinearse definitivamente en el frente contra los ayatollahs.
La integridad territorial de Irán, heredero del imperio persa, está en juego. Existe un temor latente entre las naciones sunitas sobre una posible fragmentación del país, enmarcada en una disputa religiosa que se extiende por trece siglos. El castigo anunciado por Donald Trump en su segunda intervención nacional incluye la aniquilación de la marina y la industria de proyectiles persa. Para Washington, la brevedad del conflicto es vital; una guerra prolongada dañaría las aspiraciones electorales de Trump, considerando que su base de apoyo es reacia a intervenciones externas, incluyendo el caso de Ucrania.

“La hora de su libertad está cerca” “Permanezcan resguardados. No salgan de sus hogares. Es muy peligroso afuera. Caerán bombas por todos lados” […] “cuando terminemos tomen el control de su gobierno. Les pertenecerá a ustedes”
Con estas palabras, Trump ha comprometido el respaldo total de su administración para incentivar el derrocamiento del sistema actual iraní. No obstante, las prioridades reales quedaron expuestas en el discurso del Estado de la Unión el pasado 24 de febrero. La estrategia del presidente se centra en revertir las encuestas desfavorables para las elecciones de medio término de noviembre. Una derrota legislativa convertiría a Trump en un “pato cojo”, limitando su capacidad de acción en un periodo donde ya no puede optar a la reelección presidencial.
El impacto en América Latina: Venezuela y Cuba
La agenda internacional hacia Venezuela y Cuba podría sufrir un cambio de enfoque, restando prioridad a la democratización inmediata. Se ha observado que figuras de la oposición venezolana, como el exdiputado Enrique Márquez, han tenido presencia en el Congreso, mientras que María Corina Machado (MCM) no parece ser la opción predilecta de la actual Casa Blanca. Ante el riesgo de que Washington pierda interés, la estrategia sugerida para la oposición venezolana es retomar el trabajo de masas que impulsó el triunfo de Edmundo González el 28 de julio. Es imperativo que figuras como Delcy Rodríguez garanticen la seguridad de los líderes opositores para permitir una transición negociada y no solo dependiente de las gestiones de Marco Rubio.

Economía y la competencia con China
En el ámbito económico, la Corte Suprema de EE. UU. determinó que los aranceles son impuestos cuya potestad pertenece al Congreso. Sin embargo, el fallo dejó abierta una vía legal para que el Ejecutivo aplique gravámenes de hasta el 15% por un periodo de 150 días. Ante esto, la Unión Europea ha buscado preservar los acuerdos previos, mientras que Japón confirmó que mantendrá sus planes de inversión a pesar de las tensiones judiciales y las críticas de Trump.
Para fortalecer la economía doméstica de cara a los comicios, se anunció un subsidio de US$ 1.776 para contribuyentes de ingresos bajos y un programa de capitalismo popular para recién nacidos. En el plano geopolítico, China ha logrado una posición de negociación privilegiada tras su embargo a las tierras raras. La competencia con el gigante asiático se define bajo la Doctrina Monroe renovada, donde EE. UU. busca asegurar su influencia en Latinoamérica y el Caribe frente a iniciativas como la Ruta de la Seda.
En el Cono Sur, la administración estadounidense ha enviado señales claras. Las sanciones a funcionarios chilenos bajo la gestión de Kast (quien sucede a Boric el 11 de marzo) por intentar establecer conexiones tecnológicas directas con China, subrayan que Washington busca aliados estratégicos y no meros socios comerciales. Finalmente, el futuro de la paz en Gaza y Ucrania dependerá de cuánto logre Trump desviar su atención de la campaña electoral. Israel, por su parte, sigue avanzando en tecnología como el rayo láser para interceptar misiles, aunque el factor humano sigue siendo determinante en el campo de batalla.

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