Tras la detención de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, conocido bajo el alias de “El Mencho”, el pasado 22 de febrero, se ha instaurado una fase de incertidumbre en el mundo del crimen organizado. Este suceso no solo sacude los cimientos del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y el panorama delictivo en México, sino que proyecta repercusiones directas sobre América Latina, con un enfoque particular en Brasil.
Históricamente, la alteración del orden criminal en un punto geográfico genera un efecto dominó en toda la región. En el caso brasileño, las dinámicas delictivas han experimentado una metamorfosis en el último bienio, convirtiendo al país en un territorio sumamente atractivo para las organizaciones mexicanas. Brasil ha pasado de ser un simple punto de tránsito o hub de cocaína hacia Europa a un escenario donde el Primeiro Comando da Capital (PCC), su facción criminal más poderosa, ha extendido sus operaciones hasta Australia.
La metamorfosis química y la producción local
La evolución del crimen en suelo brasileño también ha permitido el ingreso de operativos de origen colombiano, mexicano y turco, quienes han aportado conocimientos técnicos para la fabricación de estupefacientes sintéticos. Un hito relevante ocurrió en diciembre de 2024, cuando la Policía Federal de Brasil localizó y desmanteló un laboratorio destinado a la producción de nitazenos, siendo este el primer hallazgo de este tipo en la región, según el reporte de 2025 de la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes de la ONU. En dicho operativo fue capturado el mexicano Guillermo Fabián Martínez Ortiz, un especialista químico encargado de elaborar metanfetaminas para el mercado de San Pablo.
A pesar de que las consecuencias definitivas del arresto de “El Mencho” aún están en evaluación, informes del centro de inteligencia Artorias sugieren que Juan Carlos Valencia González, apodado “03”, podría asumir el liderazgo. Diversos analistas plantean que el vacío de poder y las probables guerras internas dentro del CJNG podrían, paradójicamente, robustecer a las mafias locales de Brasil.

“Sabemos que el Cártel Jalisco Nueva Generación utilizaba rutas hacia Europa, principalmente para el tráfico de drogas sintéticas y cocaína. Y ya sabemos que este cártel estaba muy involucrado en la minería ilegal en Sudamérica”
Esta declaración fue brindada a la BBC por Roberto Uchôa, investigador del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra. El experto sostiene que la inestabilidad interna del cártel mexicano podría comprometer sus rutas transatlánticas, permitiendo que organizaciones como el PCC ocupen esos espacios estratégicos.
Presencia mexicana y minería ilegal en la Amazonía
La influencia de grupos mexicanos como el CJNG y el Cártel de Sinaloa en territorio brasileño no es nueva. El CJNG ha destacado como uno de los principales proveedores de mercurio para la minería ilícita en la Amazonía, un negocio que ha causado daños ambientales severos. De acuerdo con la Agencia de Investigación Ambiental, entre abril de 2019 y junio de 2025, se movilizaron cerca de 200 toneladas de mercurio de forma clandestina.
En el ámbito del narcotráfico, el Departamento Estatal de Investigaciones sobre Estupefacientes (Denarc) de San Pablo ya había reportado en 2020 un incremento notable de drogas de diseño en zonas periféricas, coincidiendo con la expansión de las actividades del CJNG. Se han documentado al menos cinco incidentes críticos que vinculan a ciudadanos mexicanos con esta organización en Brasil. Uno de ellos data del 7 de diciembre de 2016, cuando la SENAD de Paraguay capturó a Jimmy Wayne Gallien, Armando Carrillo, Marcos Antonio Castro y Martín Manuel Huerta. En esa ocasión, se incautaron 300 kilogramos de narcóticos ocultos en cilindros industriales provenientes de Jalisco, destinados a los Países Bajos a través del puerto de Santos.
Alianzas estratégicas y lavado de activos
Informes diplomáticos de 2022 indican que el PCC estableció nexos de conveniencia con el CJNG y el Cártel de Sinaloa desde el año 2018. Un actor fundamental en estas gestiones fue Gilberto Aparecido dos Santos, alias “Fuminho”, mano derecha del líder máximo del PCC, Marco Willians Herbas Camacho, conocido como “Marcola”. “Fuminho” fue capturado en Mozambique en abril de 2020 y hoy cumple condena en Brasil.

Además del tráfico de sustancias, estas coaliciones se centran en el blanqueo de capitales. Operaciones como Terra Fértil en 2017 desarticularon redes lideradas por Ronald Roland, quien presuntamente enviaba suministros a los cárteles de Sinaloa y Los Zetas. Previamente, Roland fue vinculado en la operación Dona Bárbara de 2015 con actividades relacionadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).
Otro arresto significativo fue el de José González Valencia, alias “El Chepa”, segundo al mando del CJNG y cuñado de “El Mencho”, ocurrido en 2017 en Fortaleza. Aunque alegó estar de vacaciones, Fortaleza es un bastión del PCC bajo la supervisión de Alejandro Herbas Camacho, alias “Marcolinha”. “El Chepa” utilizaba una identidad falsa boliviana a nombre de Jaffet Arias Becerra. Tras su extradición en 2021, fue sentenciado en Estados Unidos a 30 años de prisión.
Raíces y conexiones en Santa Cruz de la Sierra
La familia Valencia es el núcleo del subgrupo Los Cuinis, vinculado al antiguo Cártel del Milenio fundado por Armando Valencia Cornelio, alias “El Maradona”. Las investigaciones señalan que “El Chepa” gestionaba las finanzas del grupo desde Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, ciudad que también sirve de refugio y centro de operaciones para altos mandos del PCC.

Desde 2014, los puntos de intersección entre las mafias mexicanas y brasileñas se han multiplicado. En aquel año, se interceptó un cargamento del PCC hacia Veracruz, zona controlada por el CJNG. Asimismo, en 2023, se reveló que el Cártel de Sinaloa colaboraba con el PCC en la producción de fentanilo y metanfetaminas. En este complejo entramado también ha figurado el Cártel de Juárez.
En febrero de 2019, Lúcio Rueda Bustos, un cuadro relevante del Cártel de Juárez, fue arrestado en Brasilia bajo el nombre de Ernesto Plascencia San Vicente. Bustos, un ex teniente coronel del ejército mexicano y químico experto, ya había sido condenado por lavado de dinero en 2006 por el entonces juez Sergio Moro. Según el autor Allan de Abreu, Bustos era una pieza clave para Amado Carrillo Fuentes, coordinando pistas de aterrizaje en la frontera que recibían hasta 20 toneladas mensuales de cocaína en aviones Boeing 727 provenientes de Colombia.
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