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Parejas y política: la historia de Ignacio y Jazmín ante la grieta

El vínculo sentimental entre Ignacio y Jazmín es un testimonio de cómo las diferencias de pensamiento pueden desafiar la estabilidad de una pareja. Según relata Ignacio, un agrónomo que se define como alguien de ideas sencillas, su mayor reto ha sido lidiar con las barreras ideológicas que lo separan de su compañera, una psicóloga a la que describe como una persona sumamente compleja.

“A mí lo que me resulta más difícil en el amor es superar las barreras ideológicas. El pensamiento, no la piel. Te explico: soy agrónomo y un tipo bastante básico, pero me enamoré de Jazmín, que es psicóloga y una persona compleja. Va a quizá sonar mal que lo diga así pero ella tiene muchos más rollos en su cabeza que yo. Piensa demasiado. Cosas que a mí ni se me ocurren o en las que no reparo, a ella la conmueven o enojan de una manera visceral. Tenemos una química genial, como la que jamás habíamos tenido con nadie antes, pero nuestras vidas, por fuera de los márgenes de la pasión, siempre fueron tan distintas que nos cuesta amalgamar nuestra historia, volverla consistente y proyectarla hacia el futuro”

A pesar de haber compartido siete años de relación, la sombra de sus visiones contrapuestas planea constantemente sobre su proyecto de vida. La historia de ambos parece reflejar las tensiones de un entorno social convulsionado, donde el afecto intenta, no siempre con éxito, servir de puente entre dos realidades diametralmente opuestas.

Crecimiento en polos opuestos

Jazmín creció en Villa Devoto. Es hija de un sociólogo y una psicóloga que se separaron cuando ella apenas tenía tres años. Esta estructura familiar, marcada por la ausencia de un padre que se desentendió de sus responsabilidades económicas y afectivas, forjó en ella un carácter desconfiado y un feminismo combativo. Para Jazmín, el mundo es un escenario de lucha contra el poder masculino, una visión que aplica en sus debates cotidianos con Ignacio.

Por el contrario, Ignacio proviene de una familia numerosa y religiosa en Olivos, provincia de Buenos Aires. Su hogar estuvo regido por valores conservadores y una armonía casi inquebrantable. En su familia, los conflictos se evitan y los padres se han respetado mutuamente sin demostraciones públicas de hostilidad. Mientras Ignacio es visto por Jazmín como alguien conformista y aburguesado, él la percibe a ella como una mujer intensa y belicosa.

Las diferencias no se limitan a la política; abarcan desde gustos literarios hasta círculos sociales. Ignacio describe los almuerzos dominicales con sus 28 primos y nueve tíos como encuentros ligeros y llenos de bromas, mientras que Jazmín los califica de frívolos. En contraste, las reuniones en casa de Jazmín son descritas por Ignacio como debates profundos y cargados de corrección política, donde cualquier opinión divergente es tratada como una declaración de guerra.

Un inicio accidentado en 2018

La pareja se conoció de manera fortuita en el año 2018. Ignacio, quien entonces tenía 28 años, acompañaba a su hermana menor a una celebración de graduación. En medio del festejo, un huevo lanzado accidentalmente impactó en el rostro de una joven: era Jazmín. Ignacio acudió en su ayuda de inmediato al ver que ella lloraba por el dolor y el susto de haber lastimado su ojo.

Ignacio continuó en contacto con Jazmín para saber cómo estaba (Imagen Ilustrativa Infobae)

“Se agarraba la cara. Le dolía mucho evidentemente y no podía, o no se animaba, a abrir ese ojo. Estaba muy asustada. Lloraba desesperada porque creía que lo había perdido. Traté de calmarla y le ofrecí llevarla a ella y a una amiga para que la acompañara hasta la guardia de un sanatorio que había a pocas cuadras. Aceptaron. Nos subimos al auto y las dejé en la puerta. Me agradeció y su amiga se quedó con mi teléfono. La chica lastimada me había gustado físicamente, era alta y bellísima, pero no pensé nada más porque la situación había sido una emergencia médica con ella dando alaridos. No tenía idea de quién era o cómo podía ser. Ni siquiera sabía si estaba de novia. A los pocos días fue ella, se llamaba Jazmín, la que me mandó un mensaje para darme las gracias y me envió una foto de aquel día que había vuelto a su casa con el ojo tapado. Por suerte ya estaba bien, había sido un susto. En el que tenía abierto en esa foto vi que era de un color verde impactante. Charlamos un poco más al día siguiente y pegamos onda. En su foto de perfil tenía a su perro así que mucho no pude investigar. Tampoco quería buscarla en las redes porque las tenía privadas. Quedamos en vernos. Tenía un año menos que yo, ya estaba recibida de psicóloga y trabajaba con dos psicólogos más. Unas semanas después salimos a tomar algo; otro día, fuimos a bailar. La atracción química era impresionante. Sentí que me estaba enamorando”.

A las pocas salidas con Jazmín, Ignacio sintió que se estaba enamorando (Imagen ilustrativa Infobae)

Convivencia bajo reglas de excepción

Al inicio, la fuerte atracción física solapó las discrepancias. Sin embargo, al formalizar la relación, los choques ideológicos se volvieron inevitables. Ignacio recuerda que Jazmín comenzó a confrontar abiertamente a su familia y amigos, introduciendo temas polémicos en cada reunión. La tensión alcanzó su punto máximo cuando ella lo llamó «cobarde» por no defender sus posturas durante una discusión familiar.

Estando de novios, Jazmín empezó a llevar temas espinosos sobre la mesa y generar discusiones eternas con la familia y amigos de Ignacio (Imagen ilustrativa Infobae)

Tras una separación de varios meses, decidieron retomar la relación bajo un esquema de estrictas reglas de convivencia para evitar el colapso. Entre los acuerdos establecidos figuran:

  • Prohibición de hablar de política en la casa de la familia de Ignacio.
  • Abstención de opinar en el entorno familiar de Jazmín.
  • Cero tolerancia a las agresiones o descalificaciones personales en la intimidad.
  • Mantener círculos de amistades separados y contar con dos días libres a la semana para actividades individuales.

“Nuestros mundos no tienen puntos de encuentro. Yo me siento ajeno cuando voy a su mundo y ella en combate cuando se asoma al mío. Pero cómo decirte que a pesar de eso nos amamos. Así que volvimos a salir y nos instalamos juntos para intentarlo. Ella aceptó algunas reglas de convivencia que impuse previamente: de política no se habla en mi casa familiar, en la de ella yo no opino para no chocar. Disminuiríamos la presencia de cada uno en el entorno del otro para minimizar los posibles daños. Dentro de nuestras cuatro paredes sí podemos decir lo que pensamos, pero sin ni una sola agresión ni adjetivando al otro. Fui bien claro que no iba a tolerar ni un solo maltrato. Con nuestros respectivos amigos también intentamos no mezclarnos demasiado. Tenemos dos días a la semana para salir por nuestro lado. Cuanto menos sean los puntos de contacto entre estos dos mundos, menos vamos a enfrentarnos. Juntos pero no revueltos dice el dicho al que nos apegamos”

La pareja creó reglas para evitar peleas (Imagen ilustrativa Infobae)

El nuevo dilema: la paternidad

Aunque el sistema funcionó por un tiempo —evitando incluso ver noticieros para no generar fricciones—, el debate sobre tener hijos ha reabierto las heridas. Jazmín rechaza la medicina tradicional, cuestiona las vacunas y propone un parto domiciliario, posturas que Ignacio no comparte. Las discusiones ahora abarcan desde la elección de un colegio (religioso vs. laico) hasta el consumo diario y las marcas que compran.

Ignacio confiesa que el nivel de cuestionamiento de Jazmín hacia las multinacionales y el consumo es tal, que incluso se opone a fumigar contra los mosquitos por temor a la intoxicación. Ante este panorama, él ha solicitado realizar terapia de pareja antes de avanzar hacia la paternidad, pues teme que sus futuros hijos crezcan en un ambiente de conflicto perpetuo. A pesar del amor, Ignacio admite que en muchos aspectos siguen siendo dos antagonistas intentando construir una vida en común.

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