“La inteligencia artificial no piensa. Pero habla como si pensara.” Con esta contundente premisa se abre paso uno de los fragmentos más reveladores de la obra El Homo IA y la Nueva Desigualdad Cognitiva. Su autor, Jorge Arias, se propone desmantelar la percepción actual que tenemos sobre estos sistemas, advirtiendo que solemos otorgarles una capacidad de comprensión de la que carecen de forma intrínseca. Es importante mencionar que este material bibliográfico podrá consultarse sin costo hasta este lunes.
Para Arias, el verdadero impacto cultural de esta tecnología no radica únicamente en su potencia técnica, sino en su capacidad de simulación:
“Esa semejanza —más que cualquier avance técnico puntual— es lo que la vuelve culturalmente disruptiva. No es solo una herramienta más potente: es la primera tecnología que imita el lenguaje del juicio humano sin participar de la experiencia que lo hace posible.”
Terremotos en la historia del saber
A través de sus páginas, el consultor construye una cronología del saber que abarca desde la memoria ancestral de las comunidades de cazadores-recolectores hasta el actual dominio de los algoritmos globales. Arias define la evolución del conocimiento como una serie de “rupturas cognitivas” fundamentales que incluyen la invención de la escritura, la imprenta, la llegada de Internet y, finalmente, la IA. Según el autor: “La historia del conocimiento no es una línea ascendente ni un relato de progreso continuo. Es una secuencia de terremotos cognitivos. Cada uno resolvió problemas urgentes de su tiempo y, al mismo tiempo, abrió nuevas grietas.”
El texto establece una metáfora estructural comparando el saber humano y la IA con el concepto de microgotas y el océano. En la era de las microgotas, el conocimiento se entendía como una experiencia encarnada en el cuerpo, la voz y la memoria colectiva: “El conocimiento no estaba escrito en ninguna parte: vivía en las personas. Saber era recordar.” Esta etapa de transmisión oral garantizaba una responsabilidad directa: “Transmitir un error no era difundir información incorrecta: era poner en riesgo una cosecha, una vida, una comunidad.” Para Arias, la lentitud de aquel proceso no era una debilidad, sino la garantía de que el aprendizaje se integrara profundamente en el individuo: “Lo aprendido no quedaba en la superficie de la memoria: se hundía en los hábitos, en la forma de mirar, de hablar, de evaluar lo importante.”

Posteriormente, la aparición de la escritura permitió que el saber circulara más allá del individuo, aunque esto generó nuevas estructuras de control: “Nació así la primera gran brecha cognitiva estructural: alfabetizados y no alfabetizados. Y con ella, una nueva figura de poder: el intérprete autorizado, capaz de decir qué significaba un texto que otros no podían leer.” Con la llegada de la imprenta, el conocimiento se fragmentó y multiplicó, desplazando el poder hacia el control de la interpretación: “Democratizar el acceso no es lo mismo que democratizar el entendimiento. El poder comienza a desplazarse del control del contenido al control de la interpretación.”
El exceso de información y la paradoja de la IA
En la actualidad, Internet y la inteligencia artificial han llevado estas transformaciones a un punto crítico. El autor sostiene que el acceso masivo no ha derivado necesariamente en mayor comprensión: “La consecuencia fue paradójica. Nunca supimos tanto y nunca estuvimos tan desorientados socialmente… El exceso de información erosionó consensos básicos, multiplicó el aislamiento individualista, debilitó la conversación pública y desalentó la búsqueda de consensos.” Respecto a la IA, señala que esta no genera conocimiento per se, sino que lo concentra: “La inteligencia artificial no creó conocimiento. Lo concentró. Extrajo billones de microgotas humanas —textos, imágenes, decisiones, errores— y las reorganizó en un mar inconmensurable, navegable, rápido y potencialmente eficaz. Por primera vez, el saber humano aparece ante nosotros como un todo operativo.”
La tesis fundamental que sostiene Jorge Arias es la siguiente:
“La gran desigualdad emergente del siglo XXI no es solo económica y tecnológica. Es cognitiva. Entre quienes usan la IA para pensar mejor y quienes la usan para pensar menos. Entre quienes formulan preguntas y quienes sólo aceptan respuestas.”
Esta nueva brecha suele camuflarse bajo etiquetas de eficiencia o progreso.

El autor también lanza una alerta sobre el riesgo de que la tecnología pierda su neutralidad y el poder se vuelva opaco: “El poder se vuelve invisible, incorporado en el diseño mismo de la arquitectura cognitiva. Se ejerce no prohibiendo el acceso, sino moldeando las preguntas que se nos ocurren hacer y las respuestas que consideraremos satisfactorias.” En este escenario, la democracia corre peligro de perder su esencia: “La democracia no desaparece. Se vuelve opaca. El ciudadano no está desinformado; está desalineado. Sabe que las decisiones importan, pero no logra conectar su comprensión con su capacidad de incidencia.”
Para enfrentar este desafío, Arias propone que la formación ciudadana no debe enfocarse solo en habilidades técnicas: “Formar ciudadanos hoy no significa enseñarles a programar ni exigirles que comprendan los detalles técnicos de sistemas cada vez más complejos. Significa algo más exigente y, al mismo tiempo, más democrático: desarrollar la capacidad de interrogar resultados, no solo de aceptarlos.”
Finalmente, el libro recurre a la figura de la “tía Marta”, un personaje que cuestiona si las personas realmente se ven reflejadas en estos sistemas. Esta anécdota sirve para subrayar que la tecnología solo tiene sentido si el ciudadano mantiene su voz: “Porque al final, todo esto —la tecnología, la política, la democracia— sirve o no sirve según si la gente siente que tiene alguna palabra en lo que pasa. No una palabra técnica. Una palabra propia.”
Perfil de Jorge Arias
- Jorge Arias se desempeña como consultor político y experto en temas de gobernanza, desarrollo democrático e innovación tecnológica en América Latina.
- Ocupó cargos de relevancia como presidente del Consejo Federal de Informática, además de ser Subsecretario de Tecnología para el Estado en la Provincia de Santa Fe y Coordinador de Políticas Tecnológicas en la Provincia de Buenos Aires.
- Es el creador del Índice de Desarrollo Democrático y ha trabajado con organismos internacionales y universidades en el fortalecimiento del liderazgo ciudadano.
- Su enfoque actual se centra en el impacto de la IA en las estructuras de poder, defendiendo el uso de la “inteligencia aumentada” para mejorar la autonomía de los ciudadanos y la deliberación pública.
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