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Huevo y salud cardiovascular: ¿Afecta realmente al colesterol?

Por décadas, el colesterol presente en los huevos fue catalogado como uno de los mayores enemigos de la dieta diaria, debido a su presunta vinculación directa con el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. No obstante, en épocas recientes, la comunidad científica ha dado un giro a este consenso. Actualmente, los especialistas defienden que el colesterol hallado en la yema no representa el factor crítico que determina los niveles de colesterol en la sangre ni el riesgo de padecer afecciones cardíacas.

Las evidencias más actuales sugieren que el verdadero elemento a vigilar es la grasa saturada. Debido a este cambio de paradigma, las recomendaciones oficiales a nivel internacional han retirado los antiguos límites impuestos al consumo de huevo, modificando sustancialmente las guías alimentarias globales.

En el contexto de Estados Unidos, las directrices nutricionales que fueron revisadas en 2016 y ratificadas en los lineamientos para el periodo 2025-2030, ya no establecen un límite estricto para la ingesta de colesterol dietético, el cual se situaba anteriormente en un máximo de 300 mg al día.

Las nuevas recomendaciones nutricionales en Estados Unidos ya no establecen un límite estricto para el colesterol dietético, priorizando la reducción de la grasa saturada en la dieta. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Este cambio normativo surge tras diversos análisis que descartaron una conexión directa entre el colesterol que ingerimos a través de alimentos —como el huevo— y un incremento significativo del colesterol LDL (frecuentemente llamado “malo”) en el torrente sanguíneo. En su lugar, las nuevas guías enfocan sus esfuerzos en restringir la entrada de grasas saturadas al organismo.

¿Por qué la grasa saturada es la verdadera amenaza?

Expertos en la materia señalan que la mayor parte del colesterol que circula por nuestras arterias es producido de forma endógena por el hígado, y no proviene directamente de lo que comemos. Sobre este punto, el doctor David L. Katz, especialista en medicina preventiva, aclara lo siguiente:

“La mayor parte del colesterol en sangre proviene del hígado, no directamente de la dieta”.

Sumado a esto, la nutricionista Julia Zumpano destaca que entre un 60% y un 80% de los niveles de colesterol en sangre están determinados por la genética de cada individuo.

Bajo esta premisa, la grasa saturada se identifica como el principal motor dietético que eleva el colesterol LDL. Este tipo de lípido tiene la capacidad de obstruir la función del hígado para eliminar el exceso de colesterol, facilitando así su acumulación en el cuerpo.

Estudios recientes muestran que consumir hasta dos huevos diarios dentro de una dieta baja en grasa saturada puede reducir el colesterol LDL, pero el efecto depende de los acompañamientos elegidos. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por su parte, el profesor emérito y nutricionista Keith Ayoob enfatiza:

“El mayor detonante dietético del colesterol en sangre no es el colesterol en los alimentos, sino la grasa saturada”.

Por tal motivo, las normativas estadounidenses sugieren que este tipo de grasas no excedan el 10% del consumo calórico diario, lo que representa aproximadamente 20 gramos diarios para un adulto. Para lograr esta meta, se recomienda moderar el consumo de productos como la mantequilla, carnes rojas, lácteos enteros, quesos y ciertos aceites tropicales.

Hallazgos de las investigaciones más recientes

Recientemente, se han dado a conocer datos de un estudio aleatorizado del año 2025, reseñado por The American Journal of Clinical Nutrition. El informe revela que el consumo de dos huevos diarios, siempre que se mantenga una dieta baja en grasas saturadas, puede incluso reducir los niveles de colesterol LDL tras un periodo de cinco semanas. Sin embargo, este beneficio desaparece cuando los huevos se incluyen en dietas ricas en grasas saturadas, lo que demuestra que el contexto alimenticio es fundamental.

La yema del huevo concentra la mayor parte de los nutrientes esenciales, como vitamina D, colina y antioxidantes, poco frecuentes en otros alimentos habituales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Basándose en la evidencia disponible, la Asociación Americana del Corazón ha determinado que los adultos saludables pueden ingerir entre uno y dos huevos al día (cada uno aporta cerca de 206 mg de colesterol). En el caso de pacientes con colesterol elevado, la experta Zumpano sugiere limitar el consumo a cuatro yemas por semana, mientras que personas con antecedentes genéticos de hipercolesterolemia podrían consumir hasta seis yemas semanales. Dado que cada organismo reacciona de forma distinta, es vital monitorear los niveles personales y los hábitos globales de alimentación.

La riqueza nutricional oculta en la yema

Evitar la yema del huevo implica desperdiciar la mayor parte de sus beneficios.

“La gran mayoría de la nutrición de un huevo está en la yema”

, asegura Ayoob. Una unidad de tamaño grande proporciona aproximadamente tres gramos de proteína, 66 mg de fósforo, 19 mg de potasio y 10 gramos de selenio. Además, es una fuente rica en vitaminas D, A, E, K, folato, colina y antioxidantes clave como la luteína y la zeaxantina.

El huevo recupera su lugar en una dieta equilibrada por su versatilidad, densidad de nutrientes y bajo costo, según destacan las investigaciones más recientes. (Imagen ilustrativa de Infobae)

Varios de estos componentes, especialmente la vitamina D y la colina, no son comunes en otros alimentos de consumo habitual. Bethany Thayer, quien dirige el Centro de Promoción de la Salud en Detroit, menciona que:

“No hay muchos alimentos con vitamina D o colina”.

La colina es fundamental para la salud del cerebro, y su presencia, junto a la vitamina D, otorga al huevo un valor nutricional excepcional y difícil de reemplazar.

Consejos para integrar el huevo de forma equilibrada

De acuerdo con las recomendaciones de los especialistas, la clave reside en el acompañamiento y la forma de preparación. El doctor Ayoob sugiere optar por aceites de origen vegetal, como el de oliva, para su cocción en lugar de usar mantequilla. Asimismo, es ideal combinarlos con vegetales, legumbres o tostadas de pan integral.

La ingesta de alimentos con alto contenido de fibra junto al huevo puede ayudar a bloquear la reabsorción del colesterol en el intestino. Estas recomendaciones son críticas para quienes ya tienen niveles altos de lípidos o predisposición genética. Evitar la mezcla con productos procesados como el tocino o la manteca es esencial para no opacar las virtudes cardiosaludables de este alimento.

Tras superar viejos estigmas, el huevo se posiciona nuevamente como un pilar en la alimentación gracias a su densidad nutritiva, su bajo costo y su gran versatilidad en la cocina.

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