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Resuelven el misterio de la ‘Princesa de Bagicz’ y su ataúd romano

Tras más de un siglo de intensos debates académicos, los científicos han logrado resolver el enigma que rodeaba a la conocida ‘Princesa de Bagicz’. Este hallazgo histórico cobró relevancia mundial en 1899, cuando el féretro que contenía sus restos cayó por un acantilado erosionado en el pueblo costero de Bagicz, en la actual Polonia. La preservación del sepulcro, tallado a partir de un robusto tronco de roble, resultó ser un evento extraordinario para la arqueología, ya que este tipo de estructuras suelen desintegrarse completamente con el paso de las décadas.

El hecho de tratarse del único sarcófago de madera de esa época hallado en tan óptimas condiciones despertó el interés de historiadores, arqueólogos y científicos, quienes buscaron durante años determinar la verdadera identidad de la joven. Aunque los primeros análisis confirmaron que la mujer vivió durante el periodo romano, las fechas propuestas por distintas investigaciones resultaban contradictorias, presentando discrepancias que superaban los 300 años de diferencia.

No obstante, un nuevo estudio publicado el 9 de febrero en la revista especializada Archaeometry ha cambiado el enfoque, centrando su atención directamente en el ataúd. Gracias a este análisis, se ha podido confirmar que la mujer nació durante la Edad de Hierro romana. Los expertos sugieren que el sarcófago logró sobrevivir hasta nuestros días debido a que el emplazamiento original del entierro se caracterizaba por ser un entorno altamente húmedo y lluvioso.

Fotografía contemporánea del ataúd de roble de la princesa de Bagicz en exposición (Crédito: Chmiel-Chrzanowska et al., Archaeometry, 2026)

Investigaciones lideradas por la Universidad de Szczecin

La reciente investigación ha contado con el liderazgo de Marta Chmiel-Chrzanowska, destacada arqueóloga de la Universidad de Szczecin. Según sus declaraciones,

“el entierro de Bagicz es excepcional”

. La especialista detalló que tanto el ataúd como su respectiva tapa fueron esculpidos utilizando una sola pieza de madera de roble, técnica que, en combinación con la humedad ambiental, facilitó su conservación durante milenios. Asimismo, el informe detalla que este entierro formaba parte de una necrópolis vinculada a la cultura Wielbark, tradicionalmente relacionada con los pueblos germánicos y los godos.

En cuanto a los restos humanos, el esqueleto pertenecía a una mujer adulta que fue sepultada sobre una piel de vaca. Entre los objetos funerarios que la acompañaban se encontraron brazaletes de bronce, un alfiler de bronce y un collar confeccionado con cuentas de ámbar y vidrio. Esta riqueza ornamental fue la que motivó el sobrenombre de ‘Princesa’, aunque los nuevos datos científicos permiten matizar su verdadera posición dentro de la jerarquía social de su tiempo.

Establecer una cronología exacta había sido un reto mayúsculo para la ciencia. Durante la década de 1980, los primeros estudios arqueológicos situaban el deceso entre los años 110 y 160 d. C. Sin embargo, una prueba de carbono 14 realizada en 2018 sobre una pieza dental de la mujer arrojó un resultado muy distinto: entre el 113 a. C. y el 65 d. C. Esta discordancia generó una fuerte incertidumbre sobre si los objetos hallados realmente pertenecían a la misma época que los restos óseos.

Para terminar con la polémica, el equipo de Chmiel-Chrzanowska empleó la dendrocronología, un método preciso que consiste en fechar la madera a través del estudio de sus anillos de crecimiento.

“La fecha estimada de tala del roble se calculó en el año 120 d. C.”

, confirmaron los especialistas. Además, sostienen que el ataúd fue fabricado casi inmediatamente después de cortar el árbol. Este nuevo dato coincide plenamente con el análisis de los objetos de bronce y ámbar, invalidando la antigüedad sugerida por las pruebas de radiocarbono dental de 2018.

El ataúd de madera de la princesa de Bagicz (Archaeometry)

El impacto de la dieta en las pruebas de carbono

La pregunta clave para los investigadores era por qué el estudio del roble era más fiable que el de los propios restos humanos. Las indagaciones de Chmiel-Chrzanowska señalaron las fallas de la datación por carbono cuando intervienen factores externos. La revista Live Science explica que

“las fechas de radiocarbono pueden tener un error de hasta 1.200 años”

si la muestra analizada proviene de un organismo marino en lugar de uno terrestre, un fenómeno técnico denominado efecto reservorio marino.

En el caso particular de la ‘Princesa de Bagicz’, un consumo elevado de pescados y mariscos habría alterado la composición química de su dentadura, provocando el error en la datación anterior. Los autores del estudio concluyen que esta dieta costera fue la responsable del desfase cronológico detectado previamente.

Finalmente, el estudio sobre su vida cotidiana reveló datos interesantes. Aunque no se hallaron causas evidentes de su muerte, la mujer padecía de osteoartritis, una condición de desgaste articular. Este padecimiento, inusual para alguien que falleció entre los 25 y 35 años, indica que realizó esfuerzos físicos considerables desde temprana edad. Por ello, Marta Chmiel-Chrzanowska sugiere que, más que una integrante de la realeza, la mujer era una representante común y trabajadora de la cultura Wielbark.

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