Una investigación internacional de gran envergadura ha logrado recalcular de forma exhaustiva el número total de especies de abejas en el planeta, estableciendo una cifra que oscila entre las 24.705 y las 26.164 especies.
Este importante avance científico, que ha sido difundido a través de la revista Nature Communications, constituye un nuevo punto de referencia para la preservación de estos polinizadores esenciales. El estudio no solo actualiza los registros, sino que también redefine las metas de cooperación global en defensa de la biodiversidad, subrayando que aún existen miles de variedades de estos insectos que no han sido descritas formalmente por la ciencia.
Impacto de la diversidad en el equilibrio ecológico
La relevancia de las abejas trasciende la simple curiosidad biológica, pues su labor es determinante para la seguridad alimentaria a nivel mundial y la sostenibilidad de los ecosistemas.

El valor de este nuevo recuento radica principalmente en poner en evidencia los grandes vacíos que aún persisten en el conocimiento taxonómico. Según los datos analizados, si se mantiene el ritmo actual de investigación, la comunidad científica podría tardar entre 32 y 45 años adicionales en completar la descripción de todas las especies existentes.
El equipo de trabajo fue encabezado por el investigador James B. Dorey, perteneciente a la Universidad de Wollongong, y contó con el apoyo de especialistas de Alemania, China, Singapur y Australia. Tras procesar información proveniente de 186 países, los expertos evaluaron el llamado “vacío taxonómico” que afecta a este grupo. Los registros actuales muestran cerca de 21.000 nombres válidos, pero se estima que existen hasta 5.200 especies adicionales que aún permanecen en el anonimato científico. Esto implica que la cantidad real de especies de abejas es entre un 18% y un 25% superior a lo que se creía anteriormente.
Metodología avanzada para el conteo de polinizadores
Para alcanzar esta precisión, los investigadores emplearon una combinación de literatura especializada, listas taxonómicas actualizadas y registros de ocurrencia, apoyándose en modelos estadísticos de última generación.

Se utilizaron técnicas como los estimadores estadísticos de riqueza de especies (específicamente Hill numbers e iChao1) aplicados sobre una base de datos de más de 8,3 millones de observaciones previamente depuradas. Este análisis global permitió mapear la abundancia y distribución de las abejas en todos los continentes habitados.
El enfoque del estudio integró tanto a las especies que ya poseen una descripción formal como a aquellas que se encuentran en colecciones biológicas esperando una identificación definitiva. Al respecto, James B. Dorey manifestó:
“Saber cuántas especies existen en un grupo como las abejas es fundamental. Define cómo abordamos la conservación, la gestión de la tierra y preguntas científicas importantes”.
Desigualdades regionales y zonas críticas

Los resultados revelan una distribución muy desigual de los vacíos de información. Asia y el Medio Oriente encabezan la lista con el mayor déficit, registrando 2.525 especies no descritas, lo que representa un 40% adicional respecto a las conocidas. Le siguen África, con 1.668 especies por descubrir (+34%), y Sudamérica, que cuenta con 1.262 especies pendientes de registro (+29%). En contraste, Europa presenta un margen mucho menor debido a su larga tradición en estudios taxonómicos.
A nivel de países, Turquía destaca de forma preocupante con hasta 843 especies sin descripción, una cifra que supera el vacío de toda la Europa continental. China también ha sido identificada como un punto neurálgico tanto por su biodiversidad como por la falta de registros completos.
Asimismo, los autores hacen un llamado urgente a proteger las regiones insulares. Estas zonas albergan una mayor densidad de especies por superficie y presentan altos niveles de endemismo, lo que las vuelve extremadamente vulnerables ante las crisis ambientales.
La urgencia de la conservación y los retos taxonómicos
Dorey enfatizó la importancia de este hallazgo para las políticas públicas, señalando que
“las abejas son especies clave; su diversidad sustenta ambientes saludables y una agricultura resiliente”
. Comprender la magnitud de esta diversidad es el primer paso para diseñar estrategias de restauración de hábitats y prevención de extinciones que aseguren la alimentación humana.

No obstante, el proceso de catalogación enfrenta serios obstáculos. Existe un marcado déficit de especialistas en taxonomía y limitaciones en la aplicación de tecnologías moleculares para diferenciar especies morfológicamente idénticas pero genéticamente distintas. Además, la falta de presupuesto y las trabas legales para el intercambio de material biológico generan un “cuello de botella taxonómico”.
Desde el año 1960, el ritmo de descripción se ha estancado en un promedio de 117 especies anuales. Esta lentitud es crítica en regiones tropicales y países en desarrollo, donde la infraestructura científica es limitada. El estudio concluye que, para evitar que el proceso se extienda por otros 45 años, es imperativo acelerar la formación de nuevos expertos y adoptar métodos que combinen el análisis morfológico tradicional con estudios moleculares avanzados.
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