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Adopción de IA: ¿Por qué la productividad no despega desde 2023?

Tras observar la integración de la inteligencia artificial en diversas organizaciones de medios, es posible identificar dos trayectorias distintas de implementación. Por un lado, existe una adopción genuina donde los equipos transforman sus procesos y los indicadores de rendimiento reflejan esa mejora. Por otro lado, surge un fenómeno puramente cosmético: proliferan las reuniones sobre IA, se pagan suscripciones a múltiples plataformas y se exponen casos de éxito en diapositivas, mientras que las cifras de productividad permanecen estancadas en los niveles de 2023.

La brecha entre ambos escenarios no radica en la capacidad técnica, sino en el factor humano. Se trata de una resistencia interna muy potente: la zona de confort que se camufla bajo una apariencia de modernización digital.

El desfase entre el potencial tecnológico y la realidad laboral

Para este 2026, la realidad objetiva del trabajo intelectual dicta que la inteligencia artificial ha elevado el techo de lo que un profesional puede generar. Procesos que antes consumían jornadas enteras ahora se ejecutan en cuestión de horas, y tareas que demandaban la colaboración de varios departamentos hoy pueden ser resueltas por un solo individuo equipado con las herramientas adecuadas.

Sin embargo, la distancia entre lo que la tecnología permite y lo que efectivamente sucede en las oficinas es abismal. Un estudio global realizado por PwC, que incluyó a casi 50.000 trabajadores en 48 naciones, reveló que los usuarios frecuentes de IA experimentan avances medibles en su rendimiento. No obstante, el dato alarmante es que apenas el 14% de la fuerza laboral utiliza estas herramientas de forma diaria. El restante 86%, a pesar de tener acceso a la tecnología, no ha logrado mover sus indicadores.

Este fenómeno no responde únicamente a la falta de formación; en muchas ocasiones, representa una elección —ya sea consciente o no— de mantener los niveles mínimos de producción mientras la supervisión no se actualice.

La gestión del cambio humano resulta tan importante como la inversión tecnológica para lograr mejoras en productividad (Imagen ilustrativa Infobae)

La crisis de los mandos medios y la asimetría informativa

La situación se agrava cuando los mandos medios permanecen ajenos al funcionamiento real del ecosistema de IA. Si un supervisor desconoce el potencial de producción actual, carece de los criterios necesarios para elevar sus expectativas. Es imposible exigir resultados que no se sabe que son factibles, y ante la falta de exigencia, el incentivo para optimizar el esfuerzo desaparece.

Esto genera una ventaja táctica para el empleado que sí domina la herramienta: posee información que su superior ignora. Dicha asimetría le permite simular una adopción tecnológica avanzada mientras mantiene el ritmo de trabajo de años anteriores. Se utiliza la plataforma y se genera contenido, pero el volumen y la calidad final no presentan una evolución real.

De acuerdo con registros de ManpowerGroup, durante el año 2025 el uso de herramientas de IA se incrementó en un 13%, pero paralelamente la confianza en los resultados obtenidos sufrió una caída del 18%. El error fundamental de muchas empresas radica en auditar el uso de software en lugar de medir el impacto real en la productividad.

Indicadores de una transformación verdadera

La diferencia entre adoptar herramientas de inteligencia artificial y transformar los procesos productivos marca la agenda empresarial de 2026 (Imagen Ilustrativa Infobae)

Si una compañía implementó soluciones de IA en 2024 y al llegar a 2026 sus niveles de eficiencia no han variado, es imperativo analizar el uso interno de esos recursos. Según los informes de PwC, aquellos sectores con mayor exposición a la inteligencia artificial registraron un crecimiento productivo casi cuatro veces superior al de industrias con menor integración tecnológica entre 2022 y 2024.

Estos datos confirman que cuando la adopción es profunda, las métricas financieras y operativas reaccionan. Si los números no varían, la transición digital es solo superficial. El conflicto no es tecnológico, es de gestión y de manejo de expectativas dentro de estructuras organizacionales que se resisten al cambio.

La IA no es magia. Produce resultados cuando alguien decide usarla para producir más de lo que producía antes. Esa decisión es individual, y requiere salir de donde uno está cómodo.

Las empresas que logren liderar el mercado serán aquellas que generen el entorno necesario para que sus colaboradores den el salto cualitativo y, sobre todo, aquellas que establezcan sistemas de medición veraces sobre el impacto de la tecnología.

En el siguiente análisis, abordaremos el desafío de los altos directivos: profesionales con décadas de autoridad que ahora deben enfrentar la vulnerabilidad de aprender desde cero frente a sus propios equipos subordinados.

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