El género de la salsa ha perdido a uno de sus pilares fundamentales. El pasado 21 de febrero del 2026, se confirmó la partida de William Anthony Colón, mundialmente aclamado como Willie Colón, quien ha emprendido su viaje «al otro barrio», dejando un vacío profundo en la historia de la música latina.
El último encuentro registrado entre Colón y su antiguo colaborador ocurrió el 3 de abril del 2023, durante las honras fúnebres del recordado bongosero Jorge “Georgie” González. En aquel momento, mientras se desarrollaba una charla con José Massó y su esposa Divina, una mano sobre el hombro marcó un reencuentro inesperado. La sorpresa fue tal que los presentes casi se desmayan al verlos coincidir. Pese a las diferencias del pasado, la conversación fue respetuosa, cimentada en el reconocimiento de los seis años y seis álbumes de colaboración que definieron una era musical inédita y revolucionaria.
La historia se remonta a 1967 o 1968 en Panamá, durante unos carnavales en la Plaza Cinco de Mayo y la Avenida Central. Fue allí donde el impacto de una banda joven, cargada de rebeldía junto a Héctor, cautivó a la audiencia. Esa primera interacción evolucionaría años después en una conexión intelectual y emocional que transformó la estructura de la salsa, pasando de temas puramente bailables a una música de contenido urbano y nacional con una fuerte carga política y social.
Innovación y riesgo artístico
La unión de estos talentos proyectó el género afrocubano hacia dimensiones globales. Fue determinante encontrar a un músico con la agudeza necesaria para interpretar el sentido panamericano de las letras y permitir que estas resonaran internacionalmente a través de una orquesta de primer nivel. La ambición de Willie no se detuvo en lo convencional; así lo demostró con su producción El Baquiné de los Angelitos Negros, creada para la cadena PBS.
Aquel álbum, aunque no fue un fenómeno de ventas, es el testimonio de un productor que no temía arriesgar su éxito comercial en favor de la curiosidad artística y la búsqueda de nuevos senderos sonoros. Por esta razón, el respeto hacia el talento, la imaginación y el conocimiento de Willie como productor se mantiene intacto.

Entre la solidaridad y los conflictos personales
En el ámbito personal, destacan gestos de firme lealtad, como la ocurrida en los años 80 en Miami, cuando Colón respaldó la interpretación de «Tiburón» a pesar de las advertencias de seguridad. Asimismo, en el emblemático «Studio 54» de Nueva York, Willie defendió a su colega frente a los reclamos de promotores tras un discurso crítico hacia la industria del entretenimiento en aquel lugar.
No obstante, la relación no estuvo exenta de sombras. Las discrepancias son parte de la complejidad humana, donde las emociones se mezclan y las personalidades a veces chocan. Se reconoce que existen diferencias que persistirán, como el dolor por la demanda judicial relacionada con el dinero sustraído de un concierto y el posterior arreglo extrajudicial sin disculpas de por medio. A esto se sumaron divergencias políticas profundas respecto a figuras públicas en Estados Unidos.

Sin embargo, nada de esto logra borrar los triunfos, las risas y los sacrificios compartidos. La admiración por el trabajo de Willie es inamovible. La unión de un músico de Nueva York con raíces boricuas y un panameño logró consolidar un mensaje de unidad y esperanza para todo el mundo hispanohablante.
La partida física de Willie Colón no significa el fin de su obra. Su legado permanece en cada rincón de América donde se valore la vitalidad de sus arreglos y la profundidad de las historias urbanas. Incluso figuras contemporáneas como Bad Bunny han seguido esta senda de unidad latinoamericana, la cual tuvo un hito precursor en el llamado a las naciones incluido en la canción «Plástico» del álbum Siembra.
Hoy, la semilla sembrada hace casi cinco décadas continúa floreciendo en las nuevas generaciones. El trabajo realizado con fe y cariño sigue promoviendo el ideal panamericano que siempre fue su bandera. Como cierre de esta etapa, queda la gratitud eterna hacia el maestro.
«Usted no está muerto, compadre. Al contrario; ahora es que Usted comienza a vivir.»
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