El Gobierno de Panamá, a través del Ministerio de la Presidencia, ha instruido a la Autoridad Marítima de Panamá (AMP) para que asuma de forma inmediata la administración y operatividad de las terminales portuarias de Balboa y Cristóbal. Esta medida surge tras la publicación en la Gaceta Oficial del dictamen de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), el cual declara inconstitucional la extensión del contrato de concesión a la firma Panama Ports Company (PPC), vinculada al consorcio de Hong Kong CK Hutchison.
El veredicto, registrado bajo la Gaceta Oficial N.° 30468, sostiene que la renovación automática del vínculo entre el Estado y PPC vulneró preceptos de la Constitución. Según el máximo tribunal, dicha acción restringió la facultad estatal de gestionar bienes de dominio público y limitó la posibilidad de otorgar futuras licitaciones sin el consentimiento de la compañía, creando privilegios que atentaban contra la libre competencia.

Luego de la ratificación de la sentencia, se dispuso la ejecución obligatoria para que el Estado retome las instalaciones. La justificación oficial se centra en la salvaguarda de la cadena logística, la seguridad en las operaciones y la estabilidad del comercio exterior, calificando la intervención como un asunto de interés social y urgencia nacional.
Por su parte, los representantes de Panama Ports Company manifestaron que gran parte de la infraestructura, incluyendo plataformas tecnológicas, maquinaria y activos operativos, son de su propiedad exclusiva. Debido a esto, advirtieron que tales elementos no pueden ser manipulados por terceros sin su anuencia, lo que proyecta un posible conflicto legal y operativo sobre el control real de las grúas y sistemas informáticos.

La directriz administrativa otorga a la AMP amplias capacidades para supervisar y controlar las terminales, priorizando la integridad de los activos y la vigencia de los contratos con los usuarios. Dado que estos puertos son considerados infraestructura crítica, el documento subraya que la transición debe ser expedita para evitar bloqueos en el tránsito marítimo internacional.
Además, se ha ordenado una coordinación estrecha con departamentos de Aduanas, seguridad y operaciones marítimas. Entre las tareas inmediatas figuran el levantamiento de inventarios detallados, la auditoría de contratos activos y la protección de la información operativa. Un punto fundamental de esta transición será asegurar el cumplimiento de los pagos y prestaciones sociales para los cientos de empleados que laboran en ambos recintos.

Impacto Judicial y Geopolítico
El fallo judicial no solo dejó sin efecto la prórroga, sino que invalidó resoluciones previas de la junta directiva de la AMP que respaldaban la continuidad del contrato. La Corte enfatizó que estos actos carecían de base constitucional al derivar de una renovación viciada que fomentaba un esquema de exclusividad perjudicial para el interés público.
Ante la nulidad de su contrato, PPC ha iniciado un proceso de arbitraje internacional contra la República de Panamá, exigiendo compensaciones económicas. Este litigio, que podría extenderse por varios años, pone al país frente a posibles reclamaciones de alto impacto financiero relacionadas con la inversión extranjera y marcos regulatorios.

La situación ha trascendido las fronteras, generando reacciones en China y Hong Kong. Autoridades de esas regiones advirtieron que el fallo podría minar la confianza de los inversionistas y traer consecuencias económicas negativas. Sin embargo, el presidente panameño, José Raúl Mulino, desestimó estos cuestionamientos externos, afirmando que su administración respeta la separación de poderes y el Estado de derecho.
El mandatario subrayó que las decisiones judiciales son definitivas y que Panamá ofrece todas las garantías legales para los capitales foráneos, siempre que se ajusten a la normativa interna del país.
El impacto económico es latente, pues Balboa y Cristóbal son ejes del movimiento de carga regional y concentran un alto porcentaje del tráfico de contenedores. Expertos en logística sugieren que la transición administrativa debe ejecutarse con suma precisión técnica para no dañar la reputación internacional de la nación ni interrumpir los flujos comerciales.

No obstante, el Ejecutivo ve en esta coyuntura una vía para modernizar el esquema de concesiones. El objetivo es instaurar un modelo de mayor transparencia y control estatal sobre activos estratégicos, alineándose con la visión soberana de la infraestructura crítica defendida por el tribunal.
El devenir de esta crisis estará marcado por la efectividad de la AMP en el mando diario, los resultados del arbitraje y posibles diálogos entre las partes. Es, sin duda, uno de los capítulos más trascendentales para el sector portuario de la nación en su historia reciente.
En este contexto, APM Terminals, parte del grupo naviero Maersk, ha expresado su interés en gestionar las terminales de manera transitoria. La firma propone asegurar la estabilidad logística mientras el Gobierno organiza una nueva licitación pública. Dicho proceso buscaría adjudicar contratos independientes para cada puerto, fomentando la competencia y la diversificación de operadores en el sistema panameño.
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