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Vida y muerte de Stan Laurel: El adiós del cómico que prohibió llorar

Es ampliamente conocida la broma póstuma que Groucho Marx preparó para su despedida, solicitando que en su velatorio se leyera: “Disculpen, señores, que no me levante”. El líder de los Hermanos Marx mantuvo su ingenio hasta el último aliento. Sin embargo, una década antes, otro titán del humor y la escritura creativa se le había adelantado con una sentencia igual de mordaz.

“Si lloran en mi funeral, no volveré a hablarles jamás”

fue la tajante advertencia que Stan Laurel dejó estipulada para el momento de su partida final.

Al redactar aquel último chiste, Laurel no atravesaba precisamente un momento de alegría, aunque se mantenía fiel a su esencia humorística. El actor cargaba con la profunda tristeza de haber perdido a Oliver Hardy, su eterno compañero en El Gordo y el Flaco, siete años atrás. Aunque su pluma no se detenía y seguía creando guiones, se había retirado de los escenarios. El comediante era consciente de su propio final debido a un cáncer que lo sometía a desgastantes tratamientos de quimioterapia y rayos. Cuando finalmente un ataque cardíaco terminó con su vida en Santa Mónica, California, el 23 de febrero de 1965, el artista contaba con 74 años y una fragilidad física evidente.

La consagración de Laurel y Hardy llegó con

La noticia de su fallecimiento resonó incluso en Argentina, donde el escritor Osvaldo Soriano lo homenajeó convirtiéndolo en pieza central de su obra Triste, solitario y final. En ese relato, la ficción se mezcla con un hecho histórico real: el viaje en barco de 1916 donde dos jóvenes promesas británicas buscaban el sueño americano. Eran Charles Chaplin y Stan Laurel, integrantes en ese entonces de la prestigiosa compañía de Fred Karno.

Durante aquella travesía y los años posteriores, Laurel desempeñó una labor poco conocida: era el encargado de imitar cada movimiento de Chaplin para actuar como su reemplazo ante cualquier enfermedad de la estrella principal. Aunque Stan enfrentó fracasos iniciales que lo obligaron a regresar brevemente a su tierra natal, eventualmente alcanzaría la gloria no solo como intérprete, sino como una de las mentes más brillantes detrás de cámaras. Sus caminos se separaron, pero esa etapa como el doble de Chaplin fue fundamental en su formación profesional.

La creatividad de Stan Laurel, quien escribía la mayoría de los guiones, definió el humor físico y verbal único que caracterizó sus películas junto a Hardy

La forja de un artista

Cuando Arthur Stanley Jefferson (nombre real que figuraba en sus documentos) zarpó hacia Estados Unidos, tenía 26 años y una experiencia escénica que había comenzado en su pubertad. Nació en Ulverston, Lancashire, el 16 de junio de 1890, en el seno de una familia volcada al espectáculo; sus progenitores, Arthur y Margaret, eran figuras activas del teatro. Tras debutar profesionalmente a los 16 años, a los 20 ya formaba parte del elenco de Karno, coincidiendo con un Chaplin apenas un año mayor que él.

Sus primeros pasos en suelo norteamericano fueron complejos. Entre 1916 y 1918, mientras recorría escenarios junto a Alice y Baldwin Cooke, buscaba desesperadamente una oportunidad en la incipiente industria del cine. En ese periodo obtuvo roles menores en cintas mudas. Una de ellas ganaría relevancia histórica años después: el cortometraje The Lucky Dog de Sun-Lite Pictures, donde coincidió con un joven actor de contextura robusta llamado Oliver Hardy. Para ambos, aquel encuentro no fue más que un día común de trabajo. Sin grandes promesas en el horizonte, Stan decidió volver a Gran Bretaña a finales de 1918.

No obstante, su espíritu competitivo lo trajo de vuelta un año después. Se unió a Mae Dahlberg, una actriz australiana de vodevil con quien había trabajado previamente. Fue ella quien le sugirió el seudónimo artístico de Stan Laurel. La pareja convivió entre 1919 y 1925, protagonizando obras escritas por el propio Laurel. Tras un breve paso por Universal Studios, donde no renovaron su contrato tras dos películas, volvió al teatro hasta que en 1924 el productor Joe Rock le ofreció un contrato para doce cortometrajes.

Este contrato incluía una condición inusual y drástica: Mae Dahlberg no podía aparecer en ninguna de las producciones. Rock consideraba que el temperamento posesivo de la mujer perjudicaba la carrera de Stan. El conflicto se resolvió cuando el productor pagó una suma confidencial y un boleto de barco para que Dahlberg regresara definitivamente a Australia, despejando el camino para el ascenso del comediante.

 “¿Qué puedo decir? Era como un hermano para mí. Éste es el final de la historia de Laurel y Hardy”, dijo cuando su amigo falleció (Hal Roach/Metro Goldwyn Mayer)

El nacimiento de una leyenda

Para 1926, Laurel ya trabajaba como director en los estudios de Hal Roach. Su debut detrás de las cámaras fue Yes, yes Nanette, cinta donde Oliver Hardy tenía un papel secundario. Fue el azar lo que unió sus destinos de forma definitiva: en 1927, Hardy sufrió quemaduras accidentales en su hogar mientras cocinaba una pierna de cordero, y Roach solicitó que Stan lo reemplazara frente a los reflectores. Tras aparecer juntos en 45 minutes from Hollywood, el supervisor Leo McCarey detectó la química inigualable entre ambos y propuso la creación formal del dúo.

A diferencia de otras estrellas, la transición al cine sonoro fue un éxito rotundo para ellos. En 1929, con el estreno de Unaccustomed As We Are, el público pudo disfrutar del contraste entre el acento británico de Laurel y el tono sureño de Hardy. Esta nueva dimensión fortaleció su comedia visual y verbal. En 1932, alcanzaron el punto máximo de reconocimiento académico al ganar el premio Oscar al mejor cortometraje por La caja de música. Un año después, filmaron Compañeros de juerga, película que daría nombre a su club oficial de seguidores en todo el mundo.

La estructura de sus historias era simple pero magistral, basada en el humor físico exagerado y situaciones encadenadas de forma brillante. Esta fórmula los llevó a recorrer el mundo, manteniendo su vigencia hasta 1955. La muerte de Hardy en agosto de 1957 marcó el fin emocional de Stan, quien nunca se sobrepuso a la pérdida de su “hermano” de ficción y realidad.

Cuando Oliver Hardy murió, Stan decidió no actuar más, aunque siguió escribiendo guiones y dirigiendo a otros cómicos

Vínculos afectivos y el acto final

Mientras su relación con Hardy fue inquebrantable, la vida sentimental de Laurel fue un torbellino de inestabilidad. Se casó en cinco ocasiones, repitiendo nupcias con la misma mujer en una oportunidad. Tras su etapa con Mae Dahlberg, contrajo matrimonio con Lois Neilson en 1926 (madre de sus hijos Lois y Stanley). Luego se unió a Virginia Ruth Rogers en 1935, de quien se divorció para casarse con Vera Ivanova Shuvalova en un matrimonio que no duró ni un año.

Sorprendentemente, en 1941 volvió a casarse con Virginia Ruth Rogers, para divorciarse nuevamente cinco años después. Su estabilidad definitiva llegó con Ida Kitaeva Raphael, con quien permaneció desde 1946 hasta su muerte. A pesar de estos altibajos, su amistad con Oliver Hardy siempre fue su pilar. Stan era el cerebro creativo del equipo, escribiendo guiones y diseñando gags, pero jamás hubo celos profesionales entre ellos.

Cuando Oliver falleció, el estado de salud de Stan era tan delicado que su médico le prohibió ir al entierro para evitar un colapso.

“¿Qué puedo decir? Era como un hermano para mí. Éste es el final de la historia de Laurel y Hardy”

, declaró conmovido. Laurel se retiró de la actuación, aunque recibió un Oscar honorífico en 1961 que no pudo recoger personalmente. Sus últimos días estuvieron marcados por la lucha contra el cáncer de paladar hasta que su corazón dejó de latir en febrero de 1965. Sobre su arte, siempre fue humilde: “Todo lo que sé es que he aprendido a provocar risas, y eso es todo lo que sé del asunto”.

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