La prolongación de las extremas condiciones invernales en Ucrania, sumada a las incesantes ofensivas contra la infraestructura energética nacional, ha sumido a miles de familias en la precariedad. La falta de suministro eléctrico y sistemas de calefacción por tiempos prolongados no solo compromete la salud, sino que impide que los menores asistan a centros educativos o accedan a servicios básicos de bienestar. La organización Aldeas Infantiles SOS ha advertido que, como consecuencia de la guerra iniciada por Rusia hace cuatro años, cerca de dos millones de niños y niñas en el país necesitan asistencia humanitaria con carácter de urgencia.
Un impacto profundo en el desarrollo infantil
Al cumplirse el cuarto aniversario de las hostilidades, diversas entidades enfocadas en la protección de la niñez han manifestado su profunda preocupación por las secuelas del conflicto. Se ha evidenciado que los menores enfrentan graves retrocesos en su desarrollo emocional, físico y académico. Además, existe una exposición alarmante a escenarios de violencia que deterioran progresivamente su salud mental. Aldeas Infantiles SOS informó que ha brindado soporte a más de 600.000 personas en territorio ucraniano, remarcando que los efectos a largo plazo son devastadores, pues se está privando a toda una generación de experiencias fundamentales de la infancia y de una integración social y educativa adecuada.
Las cifras recopiladas por esta ONG desde el 24 de febrero de 2022 son desgarradoras: se registra el fallecimiento de más de 700 niños por causas vinculadas a la guerra. Asimismo, el 70% de la población infantil carece de acceso regular a suministros y servicios esenciales. El drama del desplazamiento no cesa, con 3,7 millones de desplazados internos y otros 6,9 millones de refugiados en el exterior, grupo compuesto mayoritariamente por mujeres y adolescentes. En colaboración con redes locales en Europa, la organización ha logrado acompañar a unos 9.000 refugiados en diversos países del continente.
El fantasma de las sirenas y la interrupción educativa
Entidades como Save the Children y Educo han puesto el foco en cómo las alarmas antiaéreas constantes fracturan el bienestar psicológico de la juventud. Según reportes de Save the Children, en la mitad de las regiones del país, las alertas por bombardeos han acumulado más de 4.000 horas; no obstante, en las zonas más próximas a la línea de fuego, esta cifra escala hasta las 10.000 horas, lo que representa una pérdida equivalente a 14 meses de escolaridad.
Estas alertas, que pueden durar desde breves periodos hasta varias horas, obstaculizan la educación presencial y arruinan el descanso de los pequeños, dado que el 50% de las sirenas suenan durante la noche. Esto impide un sueño reparador y genera una atmósfera de inseguridad permanente. Un caso representativo es el de Anastasiia, de 8 años, quien huyó de la región de Zaporizhzhia. Su madre, Veronika, relata que deben dormir sobre colchones en el pasillo de su vivienda cada vez que suena la alarma, una rutina que ha desgastado a la familia.
«El sistema nervioso está agotado», expresó Veronika.
Secuelas psicológicas y retroceso académico
Investigaciones realizadas por Save the Children en 2024 revelaron que más del 40% de los menores evaluados mostraban signos de malestar psicosocial, incluyendo pesadillas, angustia nocturna, espasmos y alteraciones en el habla. Para el año 2025, otro estudio indicó que cuatro de cada cinco encuestados manifestaron niveles críticos de estrés vinculados a la guerra.
Sonia Khush, directora de Save the Children en Ucrania, denunció la situación con contundencia:
“Cuatro años de guerra a gran escala en Ucrania han destrozado la vida de los niños y niñas y les han arrebatado su infancia, ya que se han visto obligados a abandonar sus hogares y escuelas, han perdido a seres queridos y han vivido con miedo mientras las alertas de ataques aéreos, los drones y las explosiones consumen el mundo que les rodea”.
Por su parte, Educo destaca que las clases se interrumpen sistemáticamente, obligando a los estudiantes a refugiarse en sótanos o áreas sin ventanas, muchas veces inadecuadas para el aprendizaje. Se estima que apenas uno de cada tres refugios escolares está acondicionado para continuar la enseñanza durante las emergencias. Esta precariedad es más aguda en la educación inicial. Paula San Pedro, responsable de incidencia política de Educo, señaló:
“Cuatro años después del inicio de la invasión rusa, la infancia en Ucrania no solo ha perdido más de un año de clases, sino que su día a día se ha visto asaltado por alarmas constantes, con el consiguiente deterioro de su bienestar emocional y su salud mental”.
Cifras críticas de infraestructura y rendimiento
La situación de los adolescentes también es crítica. Dmytro, de 16 años, habitante de Járkov, cuenta que su refugio es el baño de su casa, desde donde intenta seguir sus clases en modalidad virtual. Los registros oficiales manejados por Save the Children indican que desde 2022, al menos 4.456 instituciones educativas han sufrido daños, de las cuales 408 están totalmente destruidas.
El impacto en el aprendizaje es evidente en los resultados del informe PISA 2022, donde los alumnos ucranianos de 15 años muestran un retraso de 2,5 años en lectura y 1,5 años en matemáticas comparado con el promedio de la OCDE. Para el ciclo escolar 2025/2026, solo la mitad de los estudiantes asiste de forma presencial, mientras que más de un millón de niños continúa su formación exclusivamente online, sobre todo en zonas de conflicto.
Desafíos ante el frío y la falta de energía
La organización World Vision ha complementado este panorama con una encuesta reciente sobre los efectos del invierno. Los datos indican que:
- El 56% de las familias reporta interrupciones en la educación de sus hijos.
- Un 24% no puede enviar a los niños a la escuela por el frío o riesgos de seguridad.
- El 32% de los estudiantes no logra conectarse a clases virtuales por los cortes de energía.
- El 84% de los consultados tiene problemas para mantener a los menores abrigados.
- Un 12% ya percibe una caída directa en el rendimiento académico.
Hasta la fecha, World Vision ha asistido a 240.000 menores en el ámbito educativo, entregando además apoyo financiero a 230.000 personas, alimentos a más de 459.000 y artículos de primera necesidad a 335.000 individuos. La guerra se ha convertido en la única realidad para estas generaciones, vulnerando sus derechos fundamentales y comprometiendo su integridad de forma permanente.
Fuente: Fuente