Durante el mes de febrero de 2026, ha cobrado gran relevancia en Latinoamérica una tendencia vinculada a los denominados therian. Se trata de individuos que manifiestan una identidad ligada a los animales, llegando a replicar movimientos, sonidos y conductas propias de diversas especies en su vida cotidiana.
Este fenómeno ha ganado visibilidad mediante la difusión de videos grabados en espacios públicos como parques y foros, donde se observa a personas portando indumentaria o máscaras representativas del animal con el que se identifican. Esta situación ha desencadenado múltiples debates en el ámbito educativo, tanto en universidades como en colegios, sobre los límites de la identidad personal y las solicitudes de reconocimiento especial para esta comunidad.
Análisis especializado del comportamiento
Para profundizar en esta realidad social, la directora de profesores e investigación de la Facultad de Ciencias del Comportamiento de la Universidad de la Sabana, Ángela Trujillo, examinó los aspectos fundamentales que rodean a este grupo y las motivaciones de sus integrantes.

La experta comenzó estableciendo una distinción necesaria entre los therian y los furries. Aunque ambos grupos comparten un vínculo con el reino animal, los furries pertenecen a una subcultura que aprecia a los animales con rasgos humanos (antropomórficos), enfocándose en la creatividad, el diseño de personajes y el cosplay.
“Los therian sienten identidad con un animal que no es para nada humano. No es un pasatiempo, es lo que ellos son. Los therian indican que es algo innato que viene con ellos. El objetivo del furry es un juego, pero el del therian es buscar autenticidad; actúan como animales”.
¿Es una condición médica?
Frente a las dudas sobre la salud mental de estos jóvenes, Trujillo fue enfática al señalar que no se debe catalogar esta conducta como una enfermedad. Según la investigadora, hasta la fecha no existen evidencias para considerar este comportamiento como una patología clínica.
La especialista sostiene que se trata más bien de una etapa de construcción de identidad influenciada significativamente por el entorno digital. No es un fenómeno inédito, sino que ha adquirido una visibilidad sin precedentes gracias a la tecnología actual. Estas agrupaciones brindan a los jóvenes un sentido de pertenencia en una etapa crucial de su desarrollo.
“La respuesta es que es una etapa de identidad que está influida por las redes sociales, pero no es un problema médico. Es más un problema de no saber quiénes son. No es la primera vez que aparecen, solo que ahora son visibles. Les da un sentido de pertenencia y es una comunidad que acepta las cosas diferentes, algo que es importante en la adolescencia. En otras épocas salían los punk, los emos, cosas experimentales. Para muchos adolescentes es un desafío, pero puede ser un problema cuando aparezca un síntoma que vuelva a la persona algo desadaptado, que sería algo que interceda en su vida, digamos, normal”.

Límites y riesgos de la conducta
La docente de la Universidad de la Sabana puntualizó que la preocupación médica solo debería surgir si la persona pierde el contacto con la realidad o si sus acciones comprometen su integridad física o la de terceros. En casos extremos, podría hablarse de licantropía clínica, lo cual ya requiere un diagnóstico facultativo.
“Es un trastorno cuando se cruza esa línea hacia la pérdida de contacto con la realidad o la incapacidad de funcionar de forma normal, de forma adaptativa con la sociedad. La identidad por sí sola no es una patología. Si se presenta, por ejemplo, licantropía clínica o pérdida de la realidad, esto ya es un criterio médico; se considera un trastorno. Ellos saben que no son animales, ellos saben que son humanos”.
Asimismo, se planteó que en ciertos casos estas conductas pueden ser una vía de escape frente a situaciones adversas en el entorno del adolescente, tales como:
- Acoso escolar o bullying.
- Fobia social.
- Experiencias de abuso previo.

Recomendaciones para el entorno familiar
Al ser consultada sobre el rol de los padres, Ángela Trujillo instó a los adultos a informarse sobre estas tendencias antes de emitir juicios de valor. La clave reside en mantener puentes de entendimiento con los menores.
“Lo importante es tener una comunicación con el adolescente completamente abierta para que no se escondan en ese mundo. Es importante que los padres se eduquen para saber si esta es una forma, digamos, creativa del adolescente cuando está atravesando una etapa de expresar cosas, de manejar su ansiedad social, o si está en una búsqueda de su identidad”.
Finalmente, recomendó a los representantes estar atentos al tipo de contenido que consumen sus hijos en la red, ya que la conducta podría ser una respuesta a una tendencia digital pasajera o una presión de grupo, subrayando que el aislamiento del joven solo suele agravar la situación.
Fuente: Fuente