Corría el año 2007 cuando una imagen icónica quedó grabada en la memoria colectiva de México. Ataviada con un conjunto oscuro, sin calzado y presumiendo una densa cabellera de tono castaño, Shakira se apoderó del escenario principal en el Zócalo de lo que en aquel entonces se denominaba Distrito Federal. Aunque Gerard Piqué aún no formaba parte de su entorno personal, la artista barranquillera ya se había consolidado como la figura latina más trascendental en la industria musical global, respaldada por múltiples premios Grammy y cifras de ventas sin precedentes para una intérprete de habla hispana.
Para esa fecha, la cantautora colombiana se encontraba en pleno desarrollo de su aclamado Tour Fijación Oral. Esta gira no solo abarcó las principales ciudades de Latinoamérica, sino que se extendió por Europa, Estados Unidos y puntos geográficos distantes en Asia y África, incluyendo naciones como Egipto e India. Su relevancia era absoluta, con sencillos como Hips Don’t Lie, La Tortura y Las de la Intuición liderando los listados radiales en todo el planeta.
Aquel recital en la plaza mayor marcó un hito en la historia de los espectáculos públicos. En su momento, se convirtió en el evento más concurrido del lugar, logrando congregar a una multitud de más de 200 mil personas. Cabe destacar que dicha marca solo fue superada posteriormente por la agrupación Los Fabulosos Cadillacs, quienes alcanzaron los 300 mil asistentes.
La inolvidable puesta en escena de la barranquillera

El espectáculo inició con una atmósfera de alta tensión emocional. La silueta de Shakira se proyectó sobre un gran telón que, al caer, desató el júbilo de los presentes. La apertura musical estuvo a cargo de Estoy Aquí, el himno perteneciente al álbum Pies descalzos que impulsó su carrera a nivel mundial. Durante esa época, la cantante mantenía una estética natural, con escaso maquillaje y una actitud alejada del glamour excesivo.
La velada continuó con la interpretación de Don’t Bother, una de las escasas piezas en inglés del repertorio, ejecutada por la artista mientras tocaba la guitarra eléctrica. No obstante, no fue el único instrumento que demostró dominar esa noche; también utilizó la armónica para el puente musical de Te dejo Madrid, que fue la tercera canción en el orden del evento.

Posteriormente, llegó el turno de Inevitable, una de las composiciones más emblemáticas de su disco ¿Dónde están los ladrones?, dedicada a los corazones rotos. A este momento le siguió Obtener un sí, antes de dar paso a la energía rítmica de La Tortura, donde el característico movimiento de caderas de la estrella fue el protagonista.
Con un cambio de vestuario a un vestido rojo, la intérprete ejecutó No, pieza que contó con la producción del legendario Gustavo Cerati. Para finalizar ese segmento del show, deleitó al público con Suerte (Whenever, Wherever), la canción que le abrió definitivamente las puertas del mercado anglosajón.

Temas como La pared, Día de Enero y la homónima Pies descalzos mantuvieron el entusiasmo de los habitantes de la capital antes de llegar a la parte final del concierto.
Shakira también incluyó en su repertorio Ciega, sordomuda, un éxito que incorpora arreglos de trompetas mexicanas y que fue un fenómeno en toda la región. Hacia el cierre de la jornada, la colombiana realizó su famosa danza del vientre al ritmo de Ojos así, concluyendo la noche con su hit global más reconocido: Hips Don’t Lie.

Tras casi dos décadas de aquel suceso, se ha confirmado el retorno de la estrella al Zócalo. Esta nueva presentación forma parte de Las Mujeres Ya No Lloran World Tour, una gira que ya es catalogada como la más exitosa realizada jamás por una artista femenina de origen latino.
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