La reciente visibilidad de los therians, individuos que se identifican y autoperciben como animales, ha despertado una serie de interrogantes en diversos sectores sociales. Este fenómeno no solo plantea dudas sobre la salud mental, sino también sobre la manera adecuada en que las familias y los especialistas deben abordar este proceso de identidad. La psicóloga Florencia Rodríguez analizó en profundidad las particularidades de esta tendencia, enfatizando la importancia de un acompañamiento libre de prejuicios.
“Se sabe poco sobre los therians y por eso genera tanta controversia”
Para la especialista, la comprensión de esta vivencia representa un reto significativo para el entorno social y familiar. Rodríguez señaló que “es difícil, porque los therians tienen una manera de ser y de percibir el mundo”, comparando esta experiencia con la acción de cambiar de lentes para intentar captar cómo estos individuos sienten y miran su propia realidad.
La construcción de la identidad no humana
Una de las distinciones fundamentales que establece la experta radica en cómo los therians desarrollan su sentido del ser en comparación con otras manifestaciones culturales o sociales. Según su análisis, la clave está en que estos individuos presentan obstáculos en la construcción de su identidad y optan por buscar referentes que se alejan de lo humano, un factor que suele generar extrañeza en la sociedad contemporánea.
Rodríguez aclaró que este fenómeno trasciende la mera imitación o un gusto superficial por la naturaleza:
“Son personas que se autoperciben animales, que piensan como si fueran ese animal que están eligiendo para autopercibirse.”
Esta condición implica una sensibilidad especial y una conexión profunda con la especie elegida, lo que dificulta que personas ajenas al fenómeno logren empatizar con dicha percepción.
Detección de conductas de riesgo y salud mental
Es vital discernir entre una expresión de identidad y una situación que requiera intervención clínica. La psicóloga Rodríguez advirtió que existen señales claras que demandan atención por parte de profesionales de la salud mental. Entre los comportamientos que deben encender las alarmas se encuentran:
- Confusión persistente con la realidad o incapacidad de abandonar el personaje.
- Presencia de pensamiento desorganizado o ideas delirantes.
- Conductas de riesgo tales como autolesiones o ideación suicida.
- Consumo problemático de sustancias.
A pesar de estas alertas, la experta fue enfática al declarar que
“que sean therians no implica que haya patología, es un punto a evaluar”
. La clave reside en observar si esta autopercepción interfiere negativamente en el desarrollo de la vida cotidiana del individuo.

Un fenómeno que trasciende la adolescencia
Contrario a la creencia popular de que se trata de una moda juvenil, los registros indican que hay adultos de entre treinta y cuarenta años que han decidido vivir bajo esta premisa animal. En estos casos, Rodríguez sugiere que el fenómeno puede estar ligado a una inmadurez emocional, por lo cual es imperativo analizar la historia personal, las rutinas y el grado de funcionalidad del sujeto en su entorno.
Al ser consultada sobre si los therians podrían clasificarse como una tribu urbana, la especialista manifestó sus dudas. Aunque ambos conceptos comparten su origen en el entorno digital de Internet, los therians se distinguen por romper normas culturales profundas y por la dificultad que presentan muchos miembros para alternar entre su identidad percibida y las exigencias sociales humanas.
Guía para el acompañamiento familiar
Para los padres y tutores, el enfoque debe centrarse en la observación constante y la socialización. Rodríguez destaca que, ante un escenario donde muchos jóvenes se encuentran aislados por el uso excesivo de tecnología, el hecho de que un therian salga, diseñe una máscara, estudie el comportamiento animal y comparta con otros puede tener matices positivos, siempre que no se pierda el vínculo con la realidad.
Respecto a las causas, se mencionó que muchos jóvenes ven el mundo humano como un espacio hostil.
“Los adolescentes, en general, para construir su propia identidad, suelen identificarse con referentes adultos”
, explicó la psicóloga, añadiendo que, ante la falta de modelos humanos atractivos o seguros, algunos optan por la figura animal como un recurso para encontrar su lugar.

Origen y límites en el hogar
El movimiento, que tuvo sus inicios en Estados Unidos y se ha expandido globalmente gracias a las plataformas digitales, plantea desafíos educativos y convivenciales. La recomendación profesional es acompañar el proceso con límites claros y respeto, evitando la burla o el rechazo tajante que podría fomentar el aislamiento del individuo.
Finalmente, se recalcó la necesidad de mantener las responsabilidades básicas dentro del núcleo familiar. Aunque se respete la autopercepción del individuo, es fundamental que se cumplan las normas del hogar, la asistencia a la escuela y el cumplimiento de las tareas cotidianas, asegurando que la identidad animal no se convierta en un obstáculo para el desarrollo integral de la persona.
Fuente: Fuente