La reconocida novelista estadounidense Joyce Carol Oates ha generado un intenso debate cultural tras expresar su preocupación por cómo se interpreta y enseña actualmente Cumbres borrascosas. La autora, una usuaria activa en redes sociales, señaló que los comentarios recientes sobre la obra de Emily Brontë le resultan «tristes», sugiriendo que muchos lectores modernos solo han explorado la primera parte del libro, ignorando la segunda mitad de una novela que posee una «ambición enorme» al dramatizar un arco de experiencia de varias décadas.
Esta discusión surge en el contexto del estreno de la nueva adaptación cinematográfica dirigida por Emerald Fennell. Según Oates, existe una brecha notable entre las exigencias de la literatura del siglo XIX y las capacidades de los lectores contemporáneos. Como docente, la autora de Blonde y Memorias de una viuda admitió que no intentaría enseñar este clásico hoy en día, excepto a universitarios profundamente interesados en las letras que no tuvieran dificultades para procesar su complejidad.
La transformación en los estándares educativos
Al reflexionar sobre su propia educación en los institutos públicos de Williamsville, Nueva York, Oates destacó la diferencia con el panorama actual. Recordó que en aquellas escuelas de enfoque humanístico, los maestros enseñaban sin dudar a figuras como Dostoyevski, Thoreau y las hermanas Brontë.
«Resulta desconcertante, al mirar estas publicaciones sobre Cumbres borrascosas, que en nuestros institutos… los profesores realmente enseñaban a las Brontë, Dostoyevski, Thoreau y muchos otros autores cuyos libros probablemente hoy se considerarían demasiado exigentes y se descartarían como ‘basura’»
, puntualizó la escritora en la plataforma X.

Oates defendió que aquellos estudiantes no solo leyeron esas obras, sino que adquirieron una elocuencia similar a la de los estadounidenses del siglo XIX, cuya capacidad para redactar cartas fue calificada por ella como sobresaliente.
Análisis de la adaptación de Emerald Fennell
Respecto a la visión cinematográfica de Emerald Fennell, Oates planteó que se perdió la oportunidad de realizar una «interpretación radicalmente nueva». La escritora sugirió que habría sido fascinante ver un enfoque donde el personaje de Heathcliff fuera «el hijo no reconocido» del terrateniente Earnshaw, presentándolo como un heredero de piel oscura marginado por la aristocracia británica.
Sin embargo, contrastó esta posibilidad con la realidad de la producción:
«Pero la nueva película, a juzgar por las críticas… parece ser simplemente un romance apasionado entre personajes blancos, lo cual puede ser bueno para la taquilla, aunque no resulta interesante en otros sentidos»
, manifestó Joyce Carol Oates.
Creatividad frente a la influencia de las redes sociales
En sus reflexiones, Oates también abordó cómo el aislamiento de las hermanas Brontë en su rectoría alimentó su genio literario, al no tener más opción que contarse historias entre ellas que luego se convirtieron en clásicos como Cumbres borrascosas o Jane Eyre. En este punto, lanzó una dura crítica contra las plataformas digitales modernas.
Según la autora, si bien estas herramientas pueden resultar fascinantes de forma inmediata, «a largo plazo, secan la imaginación y debilitan el alma».
Comparativas literarias e ironía
Oates también comparó el debut de Emily Brontë con el de Mary Shelley, quien escribió Frankenstein entre los 18 y 19 años en una suerte de «trance de inspiración y concentración». Asimismo, utilizó la ironía para referirse a la corrección moderna, bromeando sobre cómo el autocorrector habría modificado el título original por «Withering Heights» (Cumbres marchitas) si Brontë lo hubiera utilizado.

Finalmente, la novelista estableció una distinción clara entre Emily Brontë y Jane Austen. Describió a Cumbres borrascosas como la versión «bad-boy-Byroniana» de las historias de Austen. Mientras que las obras de Austen suelen estar regidas por la cortesía, la ironía y las normas sociales, la narrativa de Brontë traslada el conflicto a un escenario oscuro y desbordado. Con el término «bad-boy-Byroniana», Oates resalta el arquetipo del héroe rebelde y atormentado personificado en Heathcliff, marcando un contraste violento con el mundo ordenado y elegante de la otra gran tradición narrativa inglesa.
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