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Manuel Vilas transforma su divorcio en arte con su novela ‘Islandia’

Apenas cuarenta y ocho horas antes de que su matrimonio llegara a su fin por decisión de su pareja, el escritor Manuel Vilas y su esposa habían adquirido boletos para realizar un crucero por Islandia. Lo que debía ser un viaje de placer terminó convirtiéndose en una despedida plasmada en las páginas de su nueva novela autobiográfica titulada Islandia, una obra de “alto riesgo” que el propio autor confiesa haber preferido no tener que escribir jamás.

La transición del amor a la amistad

En la visión de Vilas (nacido en Barbastro, Huesca, en 1962), la travesía marina funciona como un símbolo del paso del amor romántico hacia una relación de amistad. Para el literato, este cambio no solo es factible, sino indispensable para el crecimiento personal, asegurando que

“Echarse los trastos a la cabeza es muy antiguo y muy del subdesarrollo emocional”

.

El creador de la exitosa obra Ordesa (2018) relata que el colapso de su relación se originó con un contacto telefónico. Mientras él se encontraba hospedado en un hotel de Sevilla, su mujer, la también reconocida escritora Ana Merino —quien aparece bajo el seudónimo de Ada en el relato— le comunicó desde Madrid la contundente frase:

“Ya no estoy enamorada de ti”

. Lo que siguió fue un intercambio intenso que Vilas compara con un juego de tenis donde la pelota está en llamas. Su intención literaria ha sido desmenuzar el impacto psicológico de tal noticia: la ruptura interna, el temor profundo a la soledad perpetua y la paradójica tendencia a idealizar a la figura que se marcha.

“Islandia”, de Manuel Vilas

Un conflicto entre el pasado y el presente

La narrativa de Islandia se despliega en dos planos temporales distintos: el antes y el después de esa llamada determinante. Según explica Vilas, el libro posee un marcado estilo proustiano, enfocado en el rescate de la memoria compartida por la pareja. El núcleo del conflicto existencial reside en descubrir si el nuevo presente, donde el amor ya se ha extinguido, terminará por borrar también el rastro de los sentimientos que existieron anteriormente.

Para el autor, términos como “divorcio” o “ruptura” resultan inadecuados, inclinándose más por el concepto de “adiós”. Este cierre implica, además, una reconfiguración de la propia identidad. Sobre la diferencia entre los escritores y el resto de las personas ante el duelo, señala:

“Lo raro es ponerse a pensar en esto, la gente normalmente lo que hace es intentar seguir adelante y ya está, hacer footing o irse de escalada con los amigos, los escritores le echamos un montón de palabras”

.

Durante la conversación, el novelista enfatizó la carencia de términos precisos para describir los vínculos de pareja en la actualidad. Considera que palabras como “marido”, “relación sentimental” o “matrimonio” no logran capturar la esencia real del compromiso, sugiriendo que ninguna es satisfactoria y que esa falta de precisión semántica es un síntoma de un conflicto inherente.

Manuel Vilas en la La Caja de las Letras del Cervantes, donde depositó sus diarios (Foto: Europa Press)

La frontera entre la realidad y la ficción

Respecto a la reacción de su exesposa, Manuel Vilas afirma que ella ha aceptado la publicación del libro, aunque ha optado por no leerlo. Las razones, según el autor, son evitar el sufrimiento emocional y eludir el deseo de intervenir en el contenido. No obstante, aclara que el relato ha sido trasladado al campo de la ficción, destacando la compleja relación entre lo real y lo inventado. Curiosamente, el autor admite que su círculo cercano se enteró de la separación precisamente a través del libro, una decisión que describe como un “acto estético” planificado.

Como referente de la autoficción contemporánea, estilo que ya exploró en Alegría (2021) o El mejor libro del mundo (2024), Vilas realizó recientemente un acto simbólico de gran peso: entregó aproximadamente veinte de sus diarios personales a la Caja de las Letras del Instituto Cervantes.

Estos cuadernos, que abarcan desde la década de los 90 hasta el año 2010, retratan a un joven en el que no me reconocía y cuyos pensamientos el autor hoy cuestiona. Al donarlos, buscó protegerlos de su propia tentación de destruirlos. Los documentos permanecerán bajo custodia y solo podrán ser consultados en el año 2051. Sobre este lejano plazo, el escritor bromea:

“Para entonces dará todo igual, yo estaré muerto o completamente gagá”

.

Fuente: Fuente

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