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Trump contempla dejar a Canadá fuera del acuerdo comercial de Norteamérica

Las esferas gubernamentales de Estados Unidos han emitido advertencias sobre la implementación de transformaciones drásticas en el marco del tratado comercial que mantienen con México y Canadá. Estas posibles modificaciones amenazan con reconfigurar las dinámicas empresariales de la región y, en un escenario extremo, desplazar a Canadá de la alianza comercial trilateral.

La infraestructura como herramienta de presión

A inicios de este mes, el presidente Donald Trump identificó un nuevo recurso estratégico para ejercer presión sobre el gobierno canadiense: el puente internacional que unirá a ambas naciones y cuya inauguración está programada para este 2025. El mandatario estadounidense amagó con obstaculizar la apertura de esta vía, un pronunciamiento que surgió apenas horas después de que el propietario de un cruce fronterizo competidor sostuviera un encuentro con Howard Lutnick, el actual secretario de Comercio de Trump.

Según fuentes cercanas al pensamiento del mandatario, el interés de Trump no radica en la logística del puente en sí, sino en su utilidad como moneda de cambio para extraer beneficios comerciales de su vecino del norte. A través de sus redes sociales, el 9 de febrero, el presidente fue enfático al declarar:

«No permitiré que se abra este puente hasta que Estados Unidos sea plenamente compensado por todo lo que le hemos dado, y también, lo que es más importante, hasta que Canadá trate a Estados Unidos con la imparcialidad y el respeto que nos merecemos»

Este episodio es interpretado como un preámbulo de las tácticas de alta intensidad que la administración republicana planea utilizar durante la próxima renegociación del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Este acuerdo, ratificado por el propio Trump en su gestión previa, debe someterse a una revisión formal antes del verano.

Tensiones diplomáticas con el gobierno de Mark Carney

La administración de Estados Unidos ha escalado sus exigencias hacia el primer ministro canadiense, Mark Carney. Entre los puntos de fricción más recientes destaca la suspensión de diálogos comerciales en octubre, provocada por un anuncio publicitario de la provincia de Ontario emitido en territorio estadounidense, el cual utilizaba la imagen de Ronald Reagan para criticar los aranceles. Ante la molestia de Trump, Carney se vio obligado a ofrecer disculpas oficiales.

La agenda de exigencias de Washington es extensa e incluye:

  • La apertura de sectores históricamente protegidos, con especial énfasis en la industria láctea.
  • La resolución de disputas por la retirada de licores estadounidenses de los anaqueles en Ontario y otras provincias, una medida adoptada por Canadá en represalia por aranceles previos.
  • Cuestionamientos sobre el acercamiento diplomático y comercial de Carney con China.

Tras un acuerdo arancelario entre Canadá y Pekín el mes pasado, Trump respondió con la amenaza de imponer gravámenes del 100% a productos canadienses, ironizando con que China terminaría controlando el país e incluso prohibiendo el hockey. La tensión aumentó tras el discurso de Carney en Davos, Suiza, donde sugirió que el liderazgo global estadounidense está llegando a su fin. La respuesta de Trump no se hizo esperar:

«Canadá vive gracias a Estados Unidos. Recuérdalo, Mark, la próxima vez que hagas tus declaraciones»

Hacia un modelo de acuerdos bilaterales

Aunque las disputas no han derivado aún en nuevos aranceles generalizados, el clima para las negociaciones de este año es hostil. El cronograma del T-MEC establece que la revisión integral debe concluirse antes de julio de 2026. No obstante, asesores de la Casa Blanca han dejado entrever que el pacto trilateral podría ser desmantelado en favor de convenios bilaterales independientes con México y Canadá.

Esta posibilidad genera alarma en el sector privado, ya que el tratado sustenta intercambios por billones de dólares. Una ruptura definitiva impactaría severamente a los agricultores y a la industria automotriz de Estados Unidos, poniendo en riesgo el crecimiento económico nacional. Pese a estas advertencias, Trump se ha mostrado indiferente ante la continuidad del bloque norteamericano, afirmando en enero que el pacto comercial «no tiene ninguna ventaja real, es irrelevante», y añadiendo que «Canadá lo quiere. Lo necesitan».

Realidad económica y balanza comercial

Actualmente, el T-MEC permite que la mayor parte del flujo comercial entre los tres países esté exento de aranceles. Sin embargo, sectores canadienses como el acero, el aluminio, la madera y los vehículos ya enfrentan gravámenes específicos impuestos por Washington. Datos recientes revelan que el comercio entre Estados Unidos y Canadá experimentó una desaceleración durante el 2025.

El déficit comercial estadounidense con Canadá se situó en 46.400 millones de dólares en 2025, una reducción significativa frente a los 62.000 millones reportados el año previo. No obstante, esta baja responde a una contracción generalizada tanto de las importaciones como de las exportaciones entre ambos socios.

Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, ha señalado que no existe una «razón natural» para mantener el formato trilateral. Greer, quien fue una pieza clave bajo el mando de Robert E. Lighthizer, indicó que las prioridades son la generación de empleo manufacturero en territorio estadounidense y el aumento salarial. Respecto a la postura del presidente, Greer fue contundente:

«El presidente ha sido bastante claro. Está casi dispuesto a marcharse. Así que veremos cómo evoluciona»

El factor México y la estrategia de fragmentación

Mientras la relación con Canadá se tensa, los funcionarios estadounidenses han iniciado conversaciones con el gobierno de México desde enero, donde existe un ambiente de mayor optimismo. Washington ha criticado que México reciba inversiones de fábricas chinas que buscan aprovechar las ventajas del T-MEC para ingresar al mercado estadounidense.

La estrategia de Estados Unidos parece repetir la táctica de 2018, cuando Greer negoció de forma independiente con México para forzar a Canadá a aceptar condiciones de último minuto. En Ottawa, el equipo de Mark Carney ya se prepara para un escenario de ruptura total. Los funcionarios canadienses enfrentan la presión de decidir si ceden en políticas de protección industrial a cambio de mantener el acceso al mercado de Estados Unidos, especialmente después de que Trump sugiriera en términos económicos que Canadá debería ser el estado número 51 de la unión americana.

Carney, quien asumió el cargo con la promesa de resistir las presiones de Trump, ha denunciado que el mandatario busca «rompernos para que Estados Unidos sea nuestro dueño». Ante este panorama, el futuro de la integración económica de Norteamérica permanece en una fase de incertidumbre crítica.

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