El destino geopolítico del archipiélago de Chagos experimentó una transformación radical el 22 de mayo de 2025. En esa fecha, el Reino Unido, que históricamente ha ejercido dominio sobre esta región, formalizó un trascendental acuerdo con Mauricio, nación que reclamaba la soberanía del territorio. Con el objetivo primordial de preservar el BIOT (Territorio Británico del Océano Índico), denominación que reciben estas 60 islas, la administración liderada por Keir Starmer selló un pacto histórico: cedió el control a Mauricio, aunque reservándose la autonomía de un punto estratégico fundamental.
Dicho enclave es la isla Diego García, situada en el sector sureste del archipiélago. Este territorio es de vital importancia debido a la presencia de una base militar conjunta operada por Reino Unido y los Estados Unidos. En los términos de la entrega a Mauricio, se estipuló que los británicos mantendrán la administración del lugar mediante un contrato de arrendamiento que se prolongará por 99 años, a cambio de una compensación económica anual. No obstante, desde la firma de este convenio hace menos de un año, Donald Trump ha manifestado públicamente su rotundo rechazo.
El mandatario estadounidense utilizó su plataforma Truth Social para enviar una advertencia directa a su homólogo británico. En su mensaje, instó a Starmer a que “no pierda el control” sobre este territorio. El renovado interés estratégico de la administración de Trump por esta isla responde directamente a la escalada de tensiones con Irán. De hecho, el líder republicano ya ha planteado la posibilidad de utilizar esta base militar como plataforma para ejecutar futuros operativos o ataques defensivos.
Un contrato de arrendamiento por un siglo
Históricamente, el Reino Unido poseyó uno de los imperios más vastos del planeta; sin embargo, durante las últimas décadas ha cedido soberanía en diversos puntos debido a los procesos globales de descolonización. El BIOT representaba uno de los 14 Territorios Británicos de Ultramar que aún persistían. Bajo el nuevo acuerdo, se reconoce la soberanía plena de Mauricio sobre el archipiélago de Chagos, mientras que Londres retiene sus derechos operativos sobre Diego García.
Para entender el contexto, es necesario recordar hitos clave:
- En 1965, las autoridades británicas constituyeron legalmente el BIOT, separándolo administrativamente de Mauricio.
- En 1968, Mauricio alcanzó su independencia y comenzó una batalla diplomática por recuperar el archipiélago, contando con el respaldo de la comunidad internacional.
- El Reino Unido finalmente aceptó el traspaso tras considerar que ciertas necesidades de defensa habían cambiado, lo que derivó en el pacto alcanzado el año pasado.
El documento oficial consta de 19 artículos que detallan la transferencia de mando y garantizan que el acceso militar inglés y estadounidense a la base de Diego García permanezca inalterado. No obstante, esta concesión implica una carga financiera: durante casi un siglo, se deberán abonar 101 millones de libras esterlinas anuales a Mauricio, lo que representa una inversión total de 3400 millones. El Gobierno de Starmer defendió la medida argumentando que es la vía más efectiva para asegurar el control militar y cerrar un conflicto diplomático, facilitando además el retorno de los pobladores chagosianos a sus tierras.
La visión militar de Donald Trump
La postura de Donald Trump respecto a este enclave es de carácter estrictamente estratégico y vinculado a la seguridad en el Medio Oriente. A través de sus redes, el presidente fue enfático al declarar:
“Si Irán decide no llegar a un acuerdo, podría ser necesario que Estados Unidos utilice Diego García y el aeródromo ubicado en Fairford para erradicar un posible ataque de un régimen altamente inestable y peligroso”.
El expresidente y actual mandatario insistió en que el primer ministro Starmer “está perdiendo el control de esta importante isla por reclamaciones de entidades desconocidas”. Bajo esta premisa, exigió que el liderazgo británico dé un paso al frente y se comprometa a “no entregar” Diego García, subrayando la alianza histórica entre Washington y Londres. Aunque meses atrás la Casa Blanca había mostrado cierta apertura hacia el acuerdo, el retorno de Trump al poder ha provocado un giro radical en la política exterior estadounidense sobre este territorio.
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