En un movimiento diplomático de alta tensión, la presidenta del comité de dirección del Ministerio de Exteriores de Bélgica, Theodora Gentzis, sostuvo un encuentro oficial con el embajador de Estados Unidos, Bill White. El objetivo de la reunión fue notificar formalmente que cualquier señalamiento de carácter personal contra miembros del gabinete belga, así como los intentos de interferir en asuntos internos del país, representan una violación directa a los principios fundamentales de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas.
Origen de la controversia diplomática
Este fuerte llamado de atención surge a raíz de las declaraciones públicas de White, quien expresó su rotundo rechazo a un proceso judicial que se desarrolla en la ciudad de Amberes. El caso involucra a varios ‘mohel’, figuras encargadas de realizar circuncisiones rituales en la comunidad judía, quienes están bajo investigación por presuntamente no cumplir con las normativas legales vigentes en territorio belga.
El representante del gobierno estadounidense calificó el proceso legal contra estos ciudadanos como un acto de “acoso antisemita”. Según la postura de Bill White, la exigencia de contar con una formación médica reglamentada para realizar estas intervenciones quirúrgicas constituye un ataque contra la libertad religiosa. Esta posición fue mantenida por el diplomático incluso después de que el ministro de Exteriores belga, Maxime Prévot, calificara sus afirmaciones previas como “ofensivas e inaceptables”.
Respeto a la soberanía y separación de poderes
Debido a que el ministro Prévot se encontraba cumpliendo agenda oficial en Nueva Zelanda, la recepción del embajador quedó bajo la responsabilidad de Theodora Gentzis. Durante el diálogo, la alta funcionaria belga enfatizó los siguientes puntos clave:
- La importancia irrenunciable del principio de separación de poderes dentro de una democracia sólida.
- El valor que Bélgica otorga a su alianza estratégica con Estados Unidos.
- La necesidad de que cualquier interlocución diplomática se base en el respeto absoluto a las instituciones nacionales y a la soberanía del Estado.
Mediante un comunicado oficial, la cancillería belga reafirmó la postura de Maxime Prévot frente a los señalamientos de White. El documento es enfático al señalar que
“Toda sugerencia respecto a que Bélgica sería antisemita es totalmente falsa, ofensiva e inaceptable”
. Asimismo, las autoridades destacaron que el país mantiene una política de condena sistemática contra cualquier manifestación de racismo o prejuicio, tanto a nivel local como internacional.
Cuestionamientos hacia el Ministro de Sanidad
La tensión se incrementó debido a los ataques verbales de White dirigidos específicamente hacia Frank Vandenbroucke, ministro de Sanidad de orientación liberal flamenca. El embajador estadounidense criticó la gestión de Vandenbroucke respecto a las exigencias médicas impuestas a las cirugías rituales, llegando a tildar al ministro de “rudo”. Además, White sugirió que el funcionario carecía de voluntad para intervenir en el caso judicial debido a una supuesta animadversión personal, afirmando que al ministro “no le gusta Estados Unidos”.
Ante estas declaraciones, el ministro Prévot fue tajante al recordar que
“un embajador acreditado en Bélgica tiene la responsabilidad de respetar nuestras instituciones, nuestros representantes electos y la independencia de nuestros sistemas judiciales”
. Para el gobierno belga, el respeto a la soberanía debe ser un ejercicio de reciprocidad, donde no cabe la promoción de acusaciones sin fundamento que intenten socavar la integridad del sistema democrático.
Garantías legales y libertad religiosa
Para concluir, el Ministerio de Exteriores aclaró que el Estado de derecho en Bélgica permite y protege el ejercicio de la fe de todos sus ciudadanos sin temor a persecuciones. No obstante, se puntualizó que la legislación nacional es clara: la circuncisión por motivos religiosos está permitida, siempre que sea ejecutada por un profesional médico debidamente cualificado y bajo los protocolos de salud y seguridad que exige la ley para proteger la integridad de las personas.
El gobierno de Bélgica reiteró su apertura al diálogo continuo con sus socios internacionales, incluido Estados Unidos, pero bajo la estricta condición de no transgredir los límites diplomáticos establecidos por los tratados internacionales y el respeto mutuo entre naciones soberanas.
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