Es frecuente que los habitantes de una vivienda se sorprendan al divisar lagartijas desplazándose por los techos, paredes o el suelo. De acuerdo con datos proporcionados por The Institute for Environmental Research and Education, la incursión de estos reptiles en las residencias se debe fundamentalmente a la búsqueda activa de alimento y sitios de resguardo. Estos animales, comunes en zonas de temperaturas elevadas y alta humedad, se ven atraídos por la presencia de insectos y por microclimas que favorecen su supervivencia.
¿A qué se debe la presencia de lagartijas en los hogares?
Existen diversos elementos que explican por qué estos animales eligen las casas como hábitat temporal. El factor primordial es la disponibilidad de comida, puesto que las lagartijas son depredadores naturales de moscas, mosquitos, arañas y cucarachas. Según The Environmental Literacy Council, una propiedad que presente infestaciones de insectos tiene una probabilidad mucho más alta de atraer a estos reptiles, que encuentran allí un suministro constante de nutrientes.
La infraestructura del inmueble también juega un papel determinante. Las lagartijas aprovechan pequeñas fisuras, aberturas en marcos de puertas o ventanas, y los espacios libres alrededor de las tuberías para ingresar. Asimismo, el interior de las casas les ofrece protección ante variaciones térmicas extremas, ya sea por olas de calor o fríos intensos, dado que su metabolismo necesita una regulación externa del calor ambiental.
Finalmente, la humedad es un imán para estos seres. Las filtraciones de agua, el riego de plantas interiores o la acumulación de humedad pueden transformar una vivienda en un sitio ideal. Es importante aclarar que esto no ocurre únicamente en hogares con falta de higiene, sino en cualquier espacio que brinde refugios accesibles y presas potenciales.

Recomendaciones ante el avistamiento de una lagartija
Si usted encuentra una lagartija dentro de su habitación o sala, organizaciones especializadas como Critter Control sugieren evitar el contacto manual directo. Lo más aconsejable es orientar al reptil hacia una salida, como una puerta o ventana, empleando un cartón o una escoba de forma suave. En caso de que el animal no salga por su cuenta, se puede utilizar un envase para capturarlo con cuidado y posteriormente liberarlo en un jardín o área exterior.
Para prevenir que estos reptiles vuelvan a entrar, la University of California Integrated Pest Management recomienda las siguientes acciones:
- Sellar minuciosamente grietas y cualquier vía de acceso en la estructura.
- Mantener un monitoreo constante para el control de insectos domésticos.
- Utilizar repelentes de origen natural como el aceite de menta, el ajo o la cebolla, aunque su efectividad suele ser variable.
Se desaconseja manipularlas sin guantes o protección, ya que, si se sienten acorraladas, podrían morder, pese a que su mordida no conlleva un peligro sanitario grave. Además, es fundamental no emplear venenos o métodos letales, ya que las lagartijas desempeñan un rol ecológico vital en la reducción de plagas.
Hábitos alimenticios y control de plagas
La dieta de las lagartijas domésticas se compone mayoritariamente de artrópodos. Sus presas preferidas incluyen grillos, moscas, mosquitos, cucarachas y diversos tipos de arañas. Por este motivo, se las considera aliadas estratégicas en el control biológico tanto en jardines como en interiores, tal como indica The Environmental Literacy Council.
Aunque ocasionalmente pueden ingerir fragmentos de frutas o restos alimenticios si no hay más opciones, su instinto las inclina hacia las presas vivas. Su actividad diaria ayuda a mitigar la propagación de insectos que pueden ser molestos o incluso transmisores de enfermedades para los seres humanos.
Seguridad y salud: ¿son peligrosas?

Pese a los mitos existentes, las lagartijas no poseen veneno ni constituyen una amenaza física directa para las personas. No obstante, existe una preocupación de salud pública señalada por The Environmental Literacy Council: la potencial transmisión de la bacteria Salmonella a través de sus excrementos. Este patógeno puede originar cuadros gastrointestinales, afectando con mayor severidad a niños pequeños, ancianos o personas inmunodeprimidas.
El contagio se produce generalmente por el contacto con superficies donde el animal ha dejado desechos, seguido de la manipulación de comida o el contacto con la cavidad bucal. Por ello, es imperativo desinfectar las zonas donde se observen heces y lavarse las manos rigurosamente tras cualquier interacción indirecta. Si se aplican normas básicas de limpieza, el riesgo de enfermar es sumamente reducido.
En términos materiales, estos reptiles no suelen provocar daños estructurales en las viviendas, si bien sus deposiciones pueden dejar manchas en mobiliario o paredes. En conclusión, su estancia no atrae otras plagas ni perjudica a los animales de compañía, funcionando principalmente como un mecanismo natural para controlar la población de insectos.
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