El reconocido exponente de la música urbana, Bad Bunny, se encuentra actualmente en Argentina para cumplir con una serie de presentaciones, donde destaca su tercer y último show en Buenos Aires. Más allá de su música, el artista ha captado la atención por otorgar una visibilidad sin precedentes al sapo concho, un anfibio que habita exclusivamente en su tierra natal, Puerto Rico.
A través de su inclusión en producciones audiovisuales, espectáculos en vivo y mercadería de su marca, el cantante ha transformado a este pequeño animal en un emblema de la identidad puertorriqueña y un símbolo de lucha. El objetivo de Bad Bunny es fomentar un mayor interés ciudadano por la protección de la fauna autóctona y los esfuerzos de conservación ambiental.

La relevancia de esta iniciativa cultural alcanzó su punto máximo durante el Super Bowl 2026. En dicho evento, el intérprete utilizó la imagen del sapo concho como pieza central de su presentación y en una colaboración exclusiva con la NFL. De este modo, la representación de este anfibio trascendió las fronteras de la isla para posicionarse en el ojo público global, fusionando el entretenimiento masivo con la concienciación ecológica.

No obstante, el panorama para estos animales en el continente es alarmante. Según datos de la IUCN, más del 40% de las especies de anfibios en América —categoría que abarca ranas, sapos, tritones, salamandras y cecilias— se encuentran en situación de vulnerabilidad o riesgo. Entre los factores determinantes para este declive se encuentran la crisis climática, la propagación de patógenos y la degradación sistemática de sus ecosistemas naturales.
Especies como el sapo concho, la rana de Darwin y la rana de Valcheta representan casos críticos de endemismo en distintas regiones del continente. Actualmente, diversos equipos de investigación científica trabajan en el monitoreo de sus poblaciones y en el diseño de planes para su recuperación efectiva.

Respecto a la importancia de estas especies, Jorge Williams, quien es profesor emérito de la Universidad Nacional de La Plata, integrante de la Fundación Azara y fundador de la Asociación Herpetológica Argentina, ofreció una definición técnica:
“Una especie endémica es aquella que habita exclusivamente en una región geográfica específica y no se encuentra de forma natural en ningún otro lugar del mundo”
El experto señaló que esta localización restringida las vuelve sumamente frágiles ante la intervención humana o las fluctuaciones del entorno. Williams advirtió que su desaparición significaría una pérdida irreparable para el planeta:
“Si se extingue, desaparece por completo del planeta, ya que no existe en ninguna otra región. Esta pérdida afecta el equilibrio del ecosistema local y reduce la biodiversidad global”
El sapo concho: Un habitante único de Puerto Rico
El sapo concho es un habitante único de Puerto Rico, cuyo rasgo más distintivo es su piel rugosa que evoca una concha protectora. Taxonómicamente se caracteriza por poseer una cabeza robusta y crestas prominentes situadas sobre sus ojos.

La supervivencia de esta especie está ligada a un hábitat muy específico: charcas temporales que se forman tras periodos de lluvia intensa. La destrucción de su entorno y la variabilidad hídrica provocada por el cambio climático han mermado drásticamente su población.
Para enfrentar esta crisis, un equipo de especialistas liderado por Alejandro Ríos-Franceschi, de la Universidad de Puerto Rico, realizó una investigación para identificar áreas potenciales de supervivencia para el Peltophryne lemur (nombre científico de la especie).

Utilizando herramientas tecnológicas avanzadas, los investigadores analizaron variables como la altitud, las características del suelo y los registros de pluviosidad. Mediante el uso de modelos matemáticos, específicamente el algoritmo Random Forest, lograron predecir con exactitud los entornos más favorables para el anfibio. Los resultados arrojaron que las regiones de Guayanilla y Guánica, en el sur de la isla, poseen las condiciones idóneas para su preservación.

El estudio, que fue difundido a través del Caribbean Journal of Science, enfatiza la necesidad de proteger estas zonas críticas y utilizarlas para futuros proyectos de reintroducción de la especie, siempre considerando las proyecciones del calentamiento global para evitar que el sapo concho se convierta en una figura del pasado.
La rana de Darwin y la amenaza del hongo quitridio

En los densos bosques que comparten Chile y la Patagonia argentina (provincias de Chubut, Río Negro y Neuquén), habita la rana de Darwin. Este pequeño anfibio, de nombre científico Rhinoderma darwinii, destaca por su fisonomía de nariz puntiaguda y un comportamiento reproductivo inusual: los machos albergan a sus crías dentro de su boca para protegerlas.
Su denominación rinde homenaje a Charles Darwin, quien recolectó los primeros individuos durante sus expediciones por Sudamérica en el siglo XIX. Posteriormente, en 1841, los zoólogos Gabriel Bibron y André Marie Constant Duméril realizaron la descripción formal de la especie basándose en el material obtenido por el naturalista británico.

La principal amenaza para su existencia es la quitridiomicosis, una enfermedad cutánea letal causada por el hongo Batrachochytrium dendrobatidis (Bd). A esto se suma la pérdida de continuidad en sus bosques nativos, lo que aísla a los grupos reproductores.
Recientemente, una investigación internacional con expertos de Francia, Suiza, el Reino Unido y Chile, publicada en Nature Ecology & Evolution, reveló que el hongo actúa a través de brotes focalizados de extrema agresividad.

Los científicos detectaron que una sola epidemia local puede aniquilar hasta el 98% de una subpoblación en un solo año, mientras que otros grupos cercanos permanecen aparentemente sanos. Esta dinámica dificulta la detección del impacto real de la enfermedad si no se realiza un monitoreo detallado.
Ante este escenario, Andrés Valenzuela-Sánchez, vinculado a la Sociedad Zoológica de Londres y a la organización Ranita de Darwin de Chile, propuso dos líneas de acción: reducir la presencia de otros anfibios que actúan como reservorios del hongo y controlar la sincronía entre subpoblaciones para evitar colapsos simultáneos.

Como medida de emergencia, en 2023 se trasladaron 53 individuos libres del patógeno al Zoológico de Londres. El traslado abarcó 13.000 kilómetros bajo estrictos controles climáticos. En su nuevo hogar bioseguro, ya se ha reportado el nacimiento de más de 30 nuevas ranitas.

Conservación en la Patagonia: La rana de Valcheta

En la meseta de Somuncura, específicamente en el arroyo Valcheta, habita la rana de Valcheta (Pleurodema somuncurense). Esta especie, en peligro crítico de extinción, está limitada a este rincón hídrico entre Chubut y Río Negro.
El biólogo Federico Kacoliris, investigador del Conicet y del Museo de la Universidad Nacional de La Plata, lidera los esfuerzos de conservación junto a la Fundación Somuncura. Según el experto, las mayores amenazas son la introducción de especies no nativas y las alteraciones humanas en el flujo del agua.

Kacoliris detalló que, tras una década de labores, han logrado un hito importante:
“Durante los últimos diez años ya logramos un incremento del 20% en el número total de individuos de la rana de Valcheta y la restauración y protección efectiva de gran parte de su hábitat”
En colaboración con Rodrigo Calvo, se implementó por primera vez el uso de radiotelemetría para estudiar a seis ejemplares adultos. Los datos permitieron determinar que estas ranas recorren un promedio de 6,5 a 8,6 metros en sus ciclos diarios, moviéndose en áreas de acción de entre 30 y 39 metros cuadrados.

Este avance científico, publicado en el Journal of Herpetology, fue fundamental para que Kacoliris recibiera el Premio Whitley 2025 en el Reino Unido, reconocimiento internacional conocido como el “Óscar verde”. Los hallazgos subrayan que la clave para salvar a la rana de Valcheta reside en garantizar la conectividad y pureza de su pequeño ecosistema fluvial.
Fuente: Fuente