El consumo de tabaco se mantiene como uno de los principales factores de mortalidad que pueden prevenirse a escala global, a pesar de que el número total de fumadores ha experimentado un descenso en tiempos recientes. Un consorcio científico de carácter internacional, liderado por la Universidad de Oxford en colaboración con el University College de Londres y la Universidad de Massachusetts, ha profundizado en cómo las brechas socioeconómicas influyen en el hábito de fumar. Este trabajo contó además con el respaldo parcial del Instituto Nacional de Investigación en Salud y Atención Médica del Reino Unido.
La investigación, que ha sido difundida a través de la publicación especializada Nicotine and Tobacco Research, arroja luz sobre una realidad preocupante: los ciudadanos que atraviesan situaciones de precariedad económica no solo consumen cigarrillos con mayor regularidad, sino que también manifiestan un vínculo de adicción más profundo y se topan con mayores obstáculos cuando intentan abandonar este hábito.
La principal responsable de este análisis, Annika Theodoulou, investigadora perteneciente a la Universidad de Oxford, ha señalado que el nivel de tabaquismo
“suele ser más elevado entre las personas más desfavorecidas”
. Según su perspectiva, este comportamiento se manifiesta de forma constante, independientemente de la naturaleza específica de la carencia socioeconómica que se analice.
Para Theodoulou, estos hallazgos resaltan la urgencia de reforzar las políticas públicas destinadas a mejorar el acceso y la aceptación de los programas para dejar de fumar, especialmente entre los sectores con menores ingresos, con el objetivo primordial de reducir las disparidades en materia de salud pública.
Análisis de la desigualdad y la dependencia
El equipo de expertos se basó en los registros del Estudio sobre Tabaquismo (STS), que engloba una muestra masiva de 195.543 adultos residentes en Inglaterra. El propósito era determinar cómo distintos marcadores de vulnerabilidad financiera afectan las conductas frente al tabaco. Las variables analizadas incluyeron:
- Nivel de ingresos familiares.
- Grado de instrucción o nivel educativo.
- Situación laboral y tipo de ocupación.
- Régimen de vivienda (propiedad o alquiler).

Las conclusiones del estudio demuestran que las disparidades en el consumo persisten en todos los indicadores sociales evaluados. Se observó que la intensidad del ansia por fumar era significativamente superior en aquellos sujetos con desventajas en su formación académica o en sus ingresos, lo que denota una dependencia química y psicológica más severa.
Asimismo, se identificó que las personas en puestos de trabajo de menor jerarquía o con menor nivel educativo tenían menos probabilidades de éxito al intentar dejar el cigarrillo, en comparación con los grupos situados en estratos socioeconómicos más altos. Un dato revelador fue el impacto del tipo de vivienda: quienes viven en casas alquiladas mostraron tasas de éxito menores en la cesación tabáquica que los propietarios de inmuebles.
El uso de tecnología y el panorama epidemiológico
En cuanto a las herramientas de apoyo, el estudio detectó un uso frecuente de cigarrillos electrónicos entre quienes buscaban dejar de fumar. No obstante, aunque existen variaciones en el empleo de estos dispositivos electrónicos según el perfil social, los investigadores no lograron establecer una conclusión definitiva debido a la heterogeneidad de los datos obtenidos.
Finalmente, el informe recuerda que las estadísticas oficiales sitúan la prevalencia de fumadores adultos en Inglaterra en un 11,9 %, mientras que en Estados Unidos la cifra llega al 11,6 %. La investigación recalca que una mayor incidencia del tabaquismo está intrínsecamente ligada a un aumento de enfermedades crónicas, discapacidades físicas y muertes evitables en la población.
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