En una incursión militar de alta precisión ejecutada durante la madrugada del 11 de febrero de 2024, las fuerzas de defensa de Israel consiguieron el rescate exitoso de Fernando Simon y Luis Har. Ambos ciudadanos, de origen argentino, se encontraban privados de su libertad por el grupo Hamas en la localidad de Khan Younis, situada en el sector meridional de la Franja de Gaza.
Este despliegue táctico no fue una acción aislada, sino el resultado de una sofisticada amalgama de inteligencia estratégica, maniobras en terreno y una sincronización perfecta entre múltiples comandos. El operativo concluyó con el traslado aéreo de los rescatados hacia un centro hospitalario en territorio israelí.
Una pieza fundamental en este engranaje fue el mayor S., un oficial de 29 años con raíces argentinas que comanda una compañía de tanques dentro del Batallón 82. Su responsabilidad principal radicó en liderar la etapa de aseguramiento del área, paso indispensable para que los cuerpos de élite pudieran acceder al punto exacto del cautiverio.
“Nuestra misión inicial fue liberar la zona de amenazas y permitir que los comandos de elite avanzaran hacia el objetivo”, declaró el oficial durante una conversación virtual.
La maniobra, bautizada bajo el nombre clave de “Golden Touch”, se gestó mucho antes del día del asalto. Según se pudo conocer, las tropas ya llevaban varios días operando y combatiendo en el sur de Khan Younis con la finalidad de desmantelar la capacidad defensiva de Hamas y habilitar un corredor de tránsito seguro.
Estrategia en territorio hostil
Desde las agresiones del 7 de octubre, la organización terrorista implementó una táctica de dispersión de los secuestrados por diversos puntos de la Franja para dificultar posibles intentos de recuperación. El mayor S. precisó que las víctimas se hallaban en una zona con alta densidad de infraestructura insurgente mimetizada en entornos civiles.

“Hamás distribuyó a todos los rehenes por toda Gaza… en diferentes lugares, sin ninguna proximidad entre ellos. Así que fue una operación con el único objetivo de liberar a Fernando y Luis”, relató el uniformado.
El escenario presentaba desafíos mayúsculos para la seguridad de los soldados. Las unidades israelíes tuvieron que neutralizar focos de resistencia armada y limpiar rutas críticas de ingreso.
“La resistencia enemiga allí fue muy alta. Perdimos a mucha gente valiosa, pero sabíamos que lo hacíamos por un objetivo mayor”
, reconoció el mayor.
Un aspecto determinante fue el manejo confidencial de la información. Incluso dentro de los niveles de mando, la ubicación precisa de los rehenes se mantuvo bajo estricto secreto para evitar cualquier filtración que pusiera en riesgo la vida de los involucrados.
“No todos lo saben todo. Solo quienes necesitan realizar la operación específica conocen la ubicación”, subrayó S., haciendo hincapié en la estructura de compartimentación de datos empleada.
El instante de la extracción
Si bien la irrupción final se ejecutó en un lapso breve, la fase de planificación y preparación tomó más de una semana. Los liberados comentaron posteriormente que, al percibir los ruidos en la madrugada, su temor inicial fue un ataque de sus captores, sin saber que se trataba de las fuerzas de rescate.

Tras ser extraídos, Fernando Simon y Luis Har fueron movilizados en vehículos blindados por zonas seguras previamente controladas por las fuerzas de Boker. Finalmente, fueron embarcados en helicópteros para su evacuación definitiva.
“Los vi en los vehículos blindados… Les di un fuerte abrazo y se fueron al helicóptero y regresaron a Israel”, rememoró el oficial sobre aquel breve encuentro antes de que los rehenes partieran del enclave.
Para el mayor S., la misión tuvo un componente emocional profundo.
“Fue una gran sensación liberarlos, abrazarlos, fue una sensación de logro y de devolver el honor tanto a Israel como al mundo libre”
, manifestó con satisfacción.
Seguridad y continuidad en el frente
La labor del comandante se dividió operativamente en dos frentes: primero, la limpieza previa del terreno; y segundo, actuar como cobertura de seguridad para que los comandos de extracción pudieran retirarse sin ser blanco de ataques enemigos.
“Mi función era asegurar a las fuerzas especiales y garantizar que pudieran llegar de forma segura al lugar del rescate y más tarde a donde se produjo la evacuación con los helicópteros”, puntualizó.

Concluida la misión, el regocijo fue breve. El mayor S. explicó que la urgencia operativa impidió un contacto posterior con los rescatados para conocer su estado de salud, pues la prioridad era seguir avanzando en la búsqueda de los demás ciudadanos que permanecen secuestrados.
Resiliencia de un oficial en combate
La trayectoria de S. durante este conflicto es notable. El 7 de octubre, mientras disfrutaba de un permiso con su cónyuge, decidió reincorporarse al servicio voluntariamente apenas se reportaron los ataques iniciales.
Posteriormente, en el transcurso de los combates, resultó herido en una emboscada y requirió evacuación médica. Sin embargo, su compromiso no flaqueó: apenas cinco días después de recibir el alta médica, ya se encontraba de vuelta en las líneas de combate.
A sus 29 años, este oficial ya ha formado parte de al menos tres operaciones distintas de recuperación de rehenes. Pese a la dureza de las experiencias vividas, resalta la importancia del soporte psicológico brindado por el ejército: “Hablan con nosotros, hacen las preguntas correctas y sentimos el calor a nuestro alrededor”, concluyó.
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