La red de vínculos que tejemos a lo largo de nuestra existencia representa uno de los desafíos más profundos del ser humano. Ya sea en el entorno de la familia, las amistades, el ámbito laboral o la pareja, estas conexiones moldean nuestra identidad, influyen en nuestro ánimo y construyen gran parte de nuestra historia personal.
No obstante, el camino social no está libre de riesgos. Es posible encontrarse con figuras manipuladoras que, bajo una máscara de carisma, logran erosionar la autoestima y comprometer la estabilidad emocional de quienes las rodean. Pero el análisis psicológico actual propone una interrogante todavía más inquietante: ¿qué sucede cuando el engaño nace de nosotros mismos?
Según el experto Juan Rescalvo, el individuo más peligroso en términos de manipulación no es alguien externo, sino nuestra propia mente volcada hacia el autosabotaje. En una reflexión compartida a través de su perfil profesional (@juanrescalvopsicologo), el especialista es tajante al respecto:
“Tú eres el peor manipulador de tu vida”
.
La distorsión de nuestra realidad interna
Esta forma de manipulación interna ocurre cuando procesamos los hechos cotidianos bajo una perspectiva deformada. El psicólogo explica que solemos partir de un evento real para luego transformarlo en una narrativa hiriente. Juan Rescalvo detalla ejemplos comunes de este proceso:
“Cometes un error y te dices que no eres suficiente. No logras tus objetivos y te dices que jamás los lograrás. Alguien te rechaza y dices: ‘Pues ya está, no merezco ser querido’“
.
Aunque estas sentencias nacen de situaciones concretas como un fallo o un desaire, el problema radica en magnificar el suceso. Al incurrir en estas “trampas” cognitivas, estamos alterando la realidad de forma negativa, lo que nos sumerge en un ciclo de pensamiento autodestructivo.
La necesidad de abandonar los límites autoimpuestos
Alimentar este tipo de pensamientos genera barreras que bloquean nuestro crecimiento. Por ello, el especialista hace un llamado a la acción: “Deja de crear tus propias medidas limitantes”. Para lograrlo, es vital asimilar una premisa que puede parecer dura pero que resulta liberadora:
“Hay más cosas en la vida que se te dan mal que las que se te dan bien”
, y lo más importante según el autor es que “no pasa nada”.
El propio Rescalvo utiliza su experiencia profesional para ilustrar este concepto. Admite que, aunque posee habilidades en la psicología, carece de talento en otras áreas:
“A mí se me da bien la psicología, pero no soy buen poeta, ni buen astronauta, ni buen cocinero, ni muchas cosas más, por lo que me dedico a la psicología. Y en todo lo demás, recibo lo que otros hacen mejor que yo: libros, descubrimientos científicos o comida”
.
Aceptar el error como parte de la existencia
Una de las claves para mejorar la salud mental es comprender que las equivocaciones no definen la esencia de una persona. El profesional sostiene que
“el hecho de existir conlleva automáticamente cometer miles de errores”
. La diferencia fundamental entre quienes mantienen un equilibrio emocional y quienes sufren por su propia manipulación no radica en la cantidad de fallos, sino en la reacción ante ellos.
- Las personas que aceptan sus fallas con coste cero emocional.
- Las personas que se castigan y se fustigan por cada equivocación.
Nada en el mundo es perfecto, y Juan Rescalvo invita a mirar con objetividad nuestro entorno para entenderlo.
“Nada que exista y valores mucho está libre de errores. Tu país favorito tiene muchos errores. Tu marca favorita tiene muchos errores. Tu persona favorita comete muchos errores. Y si no se los has visto, es que no la conoces del todo”
, enfatiza el psicólogo.
Una perspectiva más relajada de la vida
Finalmente, el experto aclara que equivocarse no es sinónimo de mediocridad. El consejo final de Juan Rescalvo busca reducir la presión que nos autoimponemos constantemente:
“Relaja, porque la vida no va de buenos o malos, va de gente que comete muchos errores y algunos aciertos”
. De este modo, la clave reside en la aceptación y en dejar de ser nuestros jueces más severos.
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