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Cambio climático y fuego amenazan los bosques milenarios de Patagonia

Desde los primeros días de enero, extensas zonas de la región andina situadas al norte de la Patagonia argentina y el centro-sur de Chile se han visto cercadas por una oleada de incendios forestales. La ferocidad de las llamas ha golpeado con fuerza bosques nativos, áreas protegidas y diversos asentamientos tanto rurales como turísticos a lo largo de la cordillera.

Lo que anteriormente era un entorno caracterizado por lagos glaciares y cumbres boscosas, hoy se ha convertido en un territorio dominado por columnas de humo constantes, desalojos masivos y un fuego que parece no tener control.

Mapa de los incendios este verano 2026 en la Patagonia argentina y chilena (WWA)

En el territorio de Argentina, la emergencia ígnea se originó en Chubut y cobró una fuerza renovada el pasado 27 de enero. El avance del fuego afectó valles en las zonas de Cholila, Puerto Patriada, El Hoyo y El Bolsón, logrando penetrar incluso en el Parque Nacional Lago Puelo y el Parque Nacional Los Alerces.

Hasta el momento, el balance oficial reporta que más de 45.000 hectáreas de vegetación autóctona han sido consumidas, mientras que cerca de 3.000 personas se vieron obligadas a evacuar sus viviendas o centros de alojamiento.

Por su parte, en Chile, los primeros focos críticos se detectaron el 16 de enero en las regiones de Biobío y Ñuble. Posteriormente, la emergencia se extendió hacia La Araucanía, el Maule y la Región Metropolitana, afectando gravemente a comunidades como Angol, Codihue y Monte Negro.

El gobierno chileno decretó el estado de emergencia tras confirmarse la pérdida de más de 1.000 hogares y el lamentable fallecimiento de 23 personas. El éxodo de habitantes superó las 52.000 personas, y para el 23 de enero, la superficie calcinada ya rebasaba las 64.000 hectáreas.

La severidad de este desastre encuentra gran parte de su explicación en las condiciones climáticas extremas. En la zona argentina, El Bolsón alcanzó un récord histórico de 38,4 grados en enero, la temperatura más elevada jamás registrada para ese mes. Simultáneamente, Esquel experimentó once días seguidos de calor agobiante, marcando la segunda ola de calor de mayor duración en 65 años. Además, el déficit de lluvias entre noviembre y enero fue crítico en ambos países.

Este escenario de calor intenso se combinó con vientos de entre 40 y 50 kilómetros por hora y una sequía de largo aliento, lo que propició que el fuego generara nubes pirocúmulos sobre las zonas afectadas. Bajo estas condiciones, la vegetación perdió toda humedad, transformándose en un combustible altamente inflamable.

Riesgo de incendios en Argentina hoy (AFE)

Ante esta crisis, un grupo internacional de científicos realizó una investigación utilizando metodologías de atribución climática. El objetivo fue determinar si la crisis climática derivada de la actividad humana tuvo un rol directo en la probabilidad de estos eventos extremos.

Las conclusiones fueron contundentes: en la zona analizada de Chile, la probabilidad de que ocurran eventos con estas características se triplicó debido al calentamiento global. En la Patagonia, dicho riesgo se incrementó aproximadamente 2,5 veces.

Desde una perspectiva porcentual, las condiciones de calor, sequedad y viento que nutrieron los siniestros fueron un 200 por ciento más probables en Chile y un 150 por ciento más probables en el sur de Argentina, en comparación con un escenario global sin interferencia humana.

Un gran incendio forestal en Chubut emite intensas llamas y humo naranja, mientras vehículos de emergencia se congregan en una carretera cercana listos para actuar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Clair Barnes, investigadora vinculada a la organización World Weather Attribution, fue la encargada de presentar los hallazgos de este estudio y señaló:

“En líneas generales, podemos afirmar con bastante seguridad que el principal factor que explica este aumento del riesgo de incendios es el calentamiento causado por el ser humano. Se prevé que estas tendencias continúen en el futuro mientras sigamos quemando combustibles fósiles”.

Para cuantificar este peligro, los expertos utilizaron el índice HDWI (calor, sequedad y viento). Este sistema permite integrar las altas temperaturas, la baja humedad relativa y las ráfagas de viento para medir la amenaza inmediata hacia las poblaciones y los equipos de combate.

Bajo las condiciones climáticas actuales, un suceso de esta magnitud tiene una recurrencia estimada de una vez cada cinco años en las zonas estudiadas. No obstante, en un planeta con 1,3 grados menos de temperatura, tales eventos eran significativamente menos frecuentes.

Jerónimo, hijo de Julián Weich, se desempeña como brigadista forestal en la Patagonia, colaborando en la extinción de incendios que afectan la región (Captura de video)

El estudio también reveló una alteración en los ciclos de lluvia. Las precipitaciones previas a la temporada de fuego decayeron un 25 por ciento en la zona chilena y un 20 por ciento en la Patagonia argentina frente a un escenario sin calentamiento. Este déficit, sumado a la evaporación acelerada por el calor, dejó la vegetación en un estado de extrema vulnerabilidad.

Juan Antonio Rivera, científico argentino y coautor de la investigación, detalló este proceso biológico:

“Esto, unido a temperaturas superiores a la media, hizo que la vegetación estuviera sometida a un gran estrés, con una humedad del suelo muy baja”.

Rivera añadió además que:

“Una vez que comenzaron los incendios forestales… había combustible suficiente para que se extendieran y se mantuvieran en el tiempo”.

Un helicóptero combate un incendio forestal en la región del Biobío, donde múltiples incendios forestales han provocado evacuaciones de emergencia, en Florida, Chile, (REUTERS/Adriano Machado)

Patrimonio milenario en riesgo de desaparecer

La tragedia ambiental cobra una relevancia especial en la Patagonia, donde las llamas ingresaron al Parque Nacional Los Alerces. Este sitio, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, alberga a los alerces patagónicos, árboles que pueden superar los 2.600 años de antigüedad.

Estos ejemplares son verdaderos archivos históricos vivientes que han sobrevivido a erupciones y cambios climáticos milenarios. Sin embargo, al haber evolucionado en entornos fríos y húmedos, carecen de defensas naturales contra incendios intensos. La pérdida de uno solo de estos árboles es irreparable para la historia biológica del planeta.

La fauna local también sufre las consecuencias. Especies endémicas como el huemul y el pudú pierden su fuente de alimento y refugio, mientras que el pájaro carpintero negro patagónico ve destruidos sus espacios de anidación.

Más de 45 mil hectáreas de bosque nativo ardieron en la Patagonia argentina, incluidos sectores del Parque Nacional Los Alerces
( REUTERS/Juan Gonzalez/File Photo)

A esta problemática se añade la proliferación del pino radiata, una especie introducida y sumamente inflamable. Estas plantaciones forestales facilitan que el fuego avance con mayor velocidad. Se ha observado que, tras incendios anteriores, este pino —que se adapta bien al fuego— termina desplazando a la flora nativa más resiliente.

En territorio chileno, el riesgo se agrava debido a que estas plantaciones suelen colindar con zonas urbanas, reduciendo la barrera de seguridad entre el material combustible y las viviendas de las personas.

Las lluvias previas a la temporada de incendios cayeron hasta 25 por ciento en Chile y 20 por ciento en la Patagonia (PN)

En cuanto a las respuestas estatales, existen diferencias marcadas. Chile ha logrado elevar su presupuesto para el combate de incendios en un 110 por ciento en el último cuatrienio, mejorando sus sistemas de alerta y equipamiento. Por otro lado, la Cruz Roja Chilena ha activado protocolos preventivos basados en pronósticos meteorológicos.

En contraste, en Argentina los expertos han puntualizado carencias en la planificación presupuestaria, la regulación del turismo en áreas protegidas y la frecuencia de los datos de monitoreo, factores que dificultan una intervención inmediata.

En El Bolsón la temperatura alcanzó 38,4 grados en enero, el valor más alto registrado para ese mes en la localidad

Independientemente de la gestión institucional, los modelos científicos advierten una transición irreversible hacia un clima más seco y caluroso en la región. Fenómenos naturales como La Niña y el Modo Anular del Sur han influido, pero actúan sobre una base de temperatura global que ya ha sido alterada por la humanidad.

Los alerces patagónicos superan los 2600 años de edad y figuran entre los árboles vivos más antiguos del planeta

La Patagonia y el centro-sur de Chile enfrentan un futuro donde las sequías y las olas de calor serán la norma. En este nuevo contexto, los árboles más viejos del mundo ya no son símbolos de resistencia, sino víctimas de una era de incendios extremos alimentada por las emisiones globales.

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