En un logro histórico para la conservación del patrimonio británico, el Museo Británico ha conseguido reunir la suma de £3,5 millones (aproximadamente $4,8 millones) necesaria para adquirir el colgante Corazón Tudor. Esta excepcional joya de oro, vinculada directamente a la figura del rey Enrique VIII y su primera esposa, Catalina de Aragón, permanecerá en el Reino Unido gracias a la contribución de más de 45.000 ciudadanos y el respaldo de diversas entidades culturales.
Un hallazgo fortuito en el campo inglés
La historia de esta pieza comenzó en Warwickshire, al oeste de Inglaterra, a finales de diciembre de 2019. El descubrimiento fue realizado por Charlie Clarke, un residente de Birmingham que apenas llevaba seis meses practicando la búsqueda de metales. Tras la pérdida de su mascota, Clarke decidió despejarse en el campo; fue allí donde el sonido persistente de su detector lo llevó a excavar unos 30 centímetros hasta dar con el medallón y su cadena. Aunque inicialmente el buscador pensó que se trataba de chatarra, la intervención de una experta local permitió identificar los símbolos reales de los Tudor.
Una vez notificado el hallazgo, la joya fue trasladada al Museo Británico para iniciar un riguroso proceso de autenticación forense. Rachel King, curadora de la exhibición Europa del Renacimiento, confirmó que el colgante es genuinamente Tudor y fue producido antes de 1530. Mientras Clarke manifestó su asombro ante la magnitud del descubrimiento, la experta recordó la profunda emoción que sintió al sostener por primera vez esta pieza de valor incalculable.
Detalles técnicos e iconografía real
El Corazón Tudor destaca por su manufactura impecable y su carga simbólica. Entre sus características físicas principales se encuentran:
- Material: Oro de 24 quilates.
- Peso: Aproximadamente 300 gramos.
- Composición: Un dije en forma de corazón unido a una cadena de 75 eslabones.
En el plano iconográfico, una de las caras muestra una rosa Tudor entrelazada con un arbusto de granada, emblemas que representan la unión de Enrique VIII y Catalina de Aragón, aludiendo esta última a la fertilidad y a la herencia española de la reina. El reverso presenta las iniciales “H” y “K” entrelazadas por una cinta. Además, ambas caras lucen la inscripción “+ TOVS + IORS”, una variante de la palabra francesa “toujours”, que significa “siempre”. Los especialistas sugieren que pudo haber sido un galardón en torneos de la corte, aunque su uso exacto sigue en debate.

Una movilización financiera sin precedentes
El proceso para evitar que la joya saliera del dominio público fue una carrera contra el tiempo iniciada en octubre de 2025. La campaña recibió un impulso vital con una donación de £500.000 de la Julia Rausing Trust y el apoyo del reconocido actor Damian Lewis. El desglose de los fondos incluyó:
- £380.000 aportados por 45.000 donantes individuales.
- £400.000 provenientes del Art Fund.
- £300.000 de los American Friends of the British Museum.
Finalmente, el National Heritage Memorial Fund, bajo la dirección de Simon Thurley, aportó los £1,75 millones restantes antes del plazo límite fijado para abril de 2026. De no haberse alcanzado la meta, la ley británica indicaba que el colgante debía ser devuelto al descubridor para su posible venta privada, dividiendo los beneficios con el dueño del terreno.

Legado y contexto histórico
La importancia del colgante reside en su conexión con un periodo clave para Inglaterra y España. El matrimonio entre Enrique VIII y Catalina, hija de los Reyes Católicos, fue una alianza política esencial que marcó el Renacimiento europeo. La posterior falta de un heredero varón y la anulación de esta unión desencadenaron el rompimiento con la Iglesia de Roma y la Reforma inglesa, transformando la historia religiosa del continente.
Actualmente, el colgante se encuentra en exhibición en el Museo Británico. Su director, Nicholas Cullinan, ha indicado que se planea una gira nacional que incluiría un regreso temporal a Warwickshire. Cullinan resaltó que objetos como el Corazón Tudor tienen la capacidad de inspirar y conectar al público con relatos universales. Por su parte, Duncan Wilson, de Historic England, y la curadora Rachel King, celebraron la generosidad pública que permitirá que esta joya siga siendo objeto de investigación científica y admiración colectiva.
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