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Empresas en Ecuador apuestan por estas 5 competencias para sostener su competitividad

En un entorno empresarial marcado por la incertidumbre, la automatización y el cambio constante, el conocimiento técnico ya no es suficiente para sostener la competitividad de los equipos. Hoy, las organizaciones más sólidas no son necesariamente las que acumulan más expertos, sino las que desarrollan personas capaces de pensar críticamente, adaptarse, comunicarse con claridad y tomar decisiones informadas en contextos complejos.

Desde BIU University, los expertos coinciden en que “las habilidades técnicas siguen siendo necesarias, pero ya no son suficientes, la ventaja competitiva real está en cómo las personas piensan, se comunican, gestionan la presión y colaboran en escenarios cambiantes”. Esta visión está alineada con el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial, que identifica al pensamiento analítico como la competencia más demandada por las empresas (69%), seguida de la resiliencia, flexibilidad y agilidad (67%) y el liderazgo con influencia social (61%).

1) Pensamiento crítico: decidir mejor en medio de la complejidad

Las empresas enfrentan problemas cada vez menos lineales y con múltiples variables en juego. En este contexto, el pensamiento crítico permite cuestionar supuestos, analizar información con rigor y evitar decisiones impulsivas o basadas únicamente en la intuición. Los equipos que desarrollan esta competencia son más capaces de evaluar riesgos, anticipar escenarios y proponer soluciones con impacto real. Para los expertos de BIU University, “las organizaciones que no desarrollan esta competencia corren el riesgo de reaccionar tarde o mal frente al cambio, incluso cuando cuentan con buena información”.

2) Adaptabilidad y aprendizaje continuo: la nueva estabilidad

El cambio dejó de ser un evento excepcional para convertirse en una condición permanente. La capacidad de aprender, desaprender y volver a aprender es hoy una de las competencias más valoradas en cualquier rol. Equipos adaptables no solo responden mejor a la transformación digital o a cambios del mercado, sino que también reducen fricción interna, gestionan mejor la incertidumbre y mantienen su productividad en contextos de transición.

3) Comunicación estratégica: alinear, influir y colaborar

En organizaciones cada vez más diversas, híbridas y multidisciplinarias, la comunicación se vuelve un factor crítico de competitividad. No se trata solo de transmitir información, sino de construir mensajes claros, generar alineación, facilitar la colaboración y resolver conflictos de forma efectiva. Una comunicación estratégica fortalece el liderazgo, mejora el trabajo en equipo y acelera la toma de decisiones. Además, equipos que tienen comunicación abierta y colaborativa pueden ser un 5% más productivos y reducir su rotación de personal en un 25%, según datos de McKinsey que analizan beneficios organizacionales asociados a buenas prácticas comunicativas y según un informe de Zenger Folkman, los líderes que son buenos comunicadores tienen un 50% más de probabilidad de tener equipos de alto rendimiento.

4) Toma de decisiones basada en datos: del instinto a la evidencia

El acceso a datos ya no es el problema; el verdadero desafío es interpretarlos y convertirlos en decisiones acertadas. La alfabetización en datos y el pensamiento analítico permiten a los equipos reducir sesgos, medir impacto y actuar con mayor precisión. Las organizaciones que desarrollan esta competencia logran procesos más eficientes, estrategias mejor fundamentadas y una mayor capacidad de anticipación.

5) Inteligencia emocional: el motor invisible del desempeño

La inteligencia emocional es clave para liderar, colaborar y sostener el rendimiento en entornos de alta presión. La capacidad de reconocer y gestionar emociones “propias y ajenas” mejora el clima laboral, reduce el desgaste profesional y fortalece la confianza dentro de los equipos. Además, es un factor determinante en la retención de talento y en la construcción de culturas organizacionales saludables. De acuerdo con un informe de Asana menciona que la inteligencia emocional se compone de cinco habilidades clave: autoconocimiento, autorregulación, motivación, empatía y habilidades sociales, este modelo es clave para destacar que los líderes emocionalmente inteligentes gestionan mejor los conflictos, fortalecen la colaboración y generan mayor compromiso en sus equipos. Los expertos de BIU University destacan que “la empatía y la autorregulación ya no son habilidades blandas; son capacidades críticas para liderar personas en entornos híbridos, multiculturales y bajo presión constante”.

Desarrollar estas competencias no ocurre de forma espontánea, requiere formación intencional, espacios de aprendizaje aplicados y una cultura que valore el pensamiento crítico, la reflexión y el desarrollo humano al mismo nivel que los resultados. Desde BIU University, el enfoque está en acompañar a las organizaciones en este proceso, preparando talento capaz de responder a los desafíos actuales del mercado laboral con criterio, adaptabilidad y liderazgo consciente. En un escenario donde el cambio es la única constante, las empresas que invierten en estas competencias no solo mejoran su desempeño inmediato, sino que fortalecen su capacidad de innovar, sostenerse y crecer en el largo plazo. Como señalan los expertos de BIU University, “la competitividad del futuro no se construye solo con tecnología, sino con personas capaces de pensar mejor, conectar mejor y decidir mejor”..

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