La escalada de violencia en Sudán ha llevado a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a emitir un llamado desesperado para frenar las atrocidades que azotan a la población civil. Las advertencias sobre crímenes masivos en localidades estratégicas como El Fasher no han sido atendidas con la celeridad necesaria, lo que ha generado una profunda alarma entre los observadores internacionales. Volker Turk, Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, denunció que la falta de atención a las alertas previas ha permitido que se repitan patrones de abuso sistemático contra los ciudadanos.
El funcionario recordó con preocupación la ofensiva lanzada por las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF) para tomar el campamento de desplazados de Zamzam en abril de 2025. En su intervención, Turk lamentó que las señales de peligro fueran evidentes pero ignoradas por los actores globales. Al respecto, el Alto Comisionado sentenció:
“La comunidad internacional debe hacerlo mejor. Si nos quedamos de brazos cruzados mientras ejércitos y grupos armados cometen crímenes, solo podemos esperar cosas peores”.
Ante la multiplicación de los crímenes de guerra y el aumento de bajas civiles en la lucha entre el Ejército de Sudán y las RSF, la ONU ha solicitado formalmente un embargo internacional de armas que cubra la totalidad del territorio sudanés. Actualmente, existe una restricción de armamento que rige específicamente sobre la región de Darfur, pero Volker Turk enfatizó que el uso de sistemas de armas avanzados por ambos bandos requiere una prohibición generalizada para mitigar los riesgos en todo el país.
Impacto devastador en la población civil
La situación humanitaria se ha vuelto insostenible debido al uso de tecnología bélica moderna, incluidos ataques con drones perpetrados por ambas facciones. Los registros de la oficina del Alto Comisionado revelan una cifra trágica: en un periodo de poco más de dos semanas, con fecha de corte al 6 de febrero, se han documentado 90 personas fallecidas y al menos 142 heridos. Estas agresiones no solo afectan a combatientes, sino que han impactado directamente sobre:
- Convoyes del Programa Mundial de Alimentos.
- Mercados populares y zonas residenciales.
- Establecimientos de salud en la región de Kordofan.
Existe un temor fundado de que las violaciones documentadas en Darfur se repliquen con la misma crueldad en Kordofan. Este escenario es especialmente crítico tras la reciente caída de El Fasher bajo control de las RSF y la ruptura del cerco en Kadugli y Dilling por parte de las fuerzas gubernamentales. Según el reporte oficial, el colapso de la seguridad ha incrementado el peligro de ejecuciones sumarias, detenciones arbitrarias, casos de violencia sexual y la desintegración de núcleos familiares por desplazamientos forzados.
Infraestructura estratégica en peligro
El conflicto, que ya se extiende por casi tres años, amenaza con destruir los pilares fundamentales del país. Se ha exigido el cese inmediato de los ataques contra infraestructuras vitales, destacando el caso de la presa de Merowe y su central hidroeléctrica. Esta planta es fundamental para la nación, ya que históricamente proveía el 70% del suministro eléctrico de Sudán.
Por otro lado, la ONU insiste en que la salida pacífica reside en la propia ciudadanía sudanesa. Volker Turk subrayó la urgencia de fortalecer a la sociedad civil, proteger a los periodistas y respaldar a los defensores de derechos humanos. Asimismo, hizo un llamado a los líderes religiosos y comunitarios para que actúen como puentes de diálogo en medio de la propagación de ideologías de odio.
Finalmente, el organismo internacional instó a los Estados con influencia política en la región a presionar a quienes se benefician de la guerra. Entre las medidas propuestas se incluyen compromisos estrictos para no utilizar armas explosivas en áreas densamente pobladas y garantizar que la ayuda humanitaria llegue a su destino sin ningún tipo de bloqueo o interferencia por parte de los grupos armados.
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