No data was found

Enigma cósmico: La explosión de siete horas que desafía a la ciencia

El pasado 2 de julio de 2025, el cosmos emitió una señal que ha descolocado por completo los cimientos de la astronomía contemporánea. No se trató del habitual destello fugaz que caracteriza a los estallidos de rayos gamma, sino de una manifestación energética cuya persistencia desconcertó a los expertos. Esta radiación no solo se mantuvo durante horas, sino que reapareció en ráfagas sucesivas, obligando a los centros de monitoreo a permanecer en máxima alerta durante varias jornadas.

Bautizado como GRB 250702B, este fenómeno dejó claro desde su detección que no se ajustaba a los patrones establecidos. Los estallidos de rayos gamma (GRB) son conocidos por ser las detonaciones más potentes del universo tras el Big Bang. Habitualmente, estos eventos duran fracciones de segundo o pocos minutos; muy rara vez alcanzan una escala de horas. No obstante, ninguna observación previa había registrado una duración tan extrema como la de este suceso.

El 5 de octubre, el Telescopio Espacial James Webb de la NASA ofreció a los astrónomos la visión más nítida de la galaxia anfitriona de GRB 250702B, tan lejana que su luz tarda unos 8 mil millones de años en llegar hasta nosotros. (CRÉDITO: NASA, ESA, CSA, H. Sears (Rutgers))

La señal inicial se prolongó por un periodo mínimo de siete horas, pulverizando cualquier récord anterior. Este dato aislado fue suficiente para que los investigadores cuestionaran los procesos físicos que generan este tipo de energía masiva en el espacio profundo.

La primera científica en advertir la magnitud de esta anomalía fue Eliza Neights, astrónoma vinculada al Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA. Durante su turno de vigilancia, los sistemas detectaron una secuencia fuera de lo común: tres estallidos que parecían emerger de un mismo punto exacto en la bóveda celeste. Lo que inicialmente se interpretó como eventos aislados resultó ser una única y masiva explosión ininterrumpida. Neights activó de inmediato los protocolos de emergencia, coordinando una red global de telescopios terrestres y espaciales.

“La ola inicial de rayos gamma duró al menos 7 horas, casi el doble que el GRB más largo observado anteriormente, y detectamos otras propiedades inusuales”, declaró Eliza Neights, investigadora de la Universidad George Washington y del Centro Goddard de la NASA. “Este es sin duda un estallido sin precedentes en los últimos 50 años”.

Los brotes de rayos gamma son las explosiones más energéticas del universo después del Big Bang y suelen durar segundos no horas como este caso (NASA)

Un fenómeno que desborda las clasificaciones astronómicas

Además de su duración, el GRB 250702B destacó por su extensión temporal de más de 25.000 segundos, una cifra que obliga a la comunidad científica a crear categorías nuevas. Desde que estos fenómenos empezaron a ser documentados en 1973, se han contabilizado cerca de 15.000 eventos, pero ninguno mostró esta persistencia. Este estallido no solo expandió los límites del registro histórico, sino que se posicionó como un evento único en su clase.

El Telescopio Espacial de Rayos Gamma Fermi capturó la señal en múltiples ocasiones durante un lapso de tres horas. Aunque los primeros datos sugerían llamaradas esporádicas, la triangulación con otras misiones espaciales confirmó que la fuente era la misma. Entre los instrumentos que aportaron datos fundamentales se encuentran:

  • El satélite Swift
  • El instrumento Konus
  • La misión Psyche
  • El monitor japonés de rayos X ubicado en la Estación Espacial Internacional

Debido a la magnitud y duración del evento, ningún equipo individual pudo registrar la secuencia completa; fue necesaria la integración de datos de diversos observatorios para reconstruir el suceso.

El análisis indicó que la energía total fue comparable a otros brotes intensos pero liberada de forma lenta y sostenida
(NASA)

“La explosión duró tanto que ningún monitor de alta energía en el espacio estaba equipado para observarla en su totalidad”, señaló Eric Burns, astrofísico de la Universidad Estatal de Luisiana. “Solo mediante la potencia combinada de los instrumentos de varias naves espaciales pudimos comprender este evento”, añadió.

El seguimiento no se limitó al espectro de rayos gamma. Equipos en la Tierra monitorearon el resplandor en rayos X, radio e infrarrojo cercano. Un detalle que llamó poderosamente la atención fue la ausencia de luz visible. En eventos de larga duración, es habitual detectar una supernova semanas después, pero en este caso las búsquedas no arrojaron resultados claros. Esto sugiere que, si existió una explosión estelar tradicional, su brillo fue extremadamente tenue o fue bloqueado por densas nubes de polvo cósmico.

La ubicación del GRB 250702B se situó en la constelación de Scutum, cerca del plano polvoriento de nuestra galaxia. Aunque inicialmente se pensó que podría estar dentro de la Vía Láctea, los análisis de los telescopios Keck, Gemini y el Very Large Telescope confirmaron que provenía de una galaxia muy lejana. Posteriormente, el Telescopio Espacial Hubble ratificó que el origen era externo a nuestro vecindario cósmico.

La explosión ocurrió en una galaxia distante cuya luz comenzó su viaje hace unos ocho mil millones de años
(GRAINE COLLABORATION)

“Sin duda es una galaxia, lo que demuestra que fue una explosión distante y potente, pero tiene un aspecto extraño”, puntualizó Andrew Levan, profesor de astrofísica en la Universidad de Radboud. “Los datos del Hubble podrían mostrar dos galaxias fusionándose o una galaxia con una banda oscura de polvo que divide el núcleo en dos”.

La intervención del Telescopio Espacial James Webb fue determinante para obtener imágenes de alta resolución. Mediante el instrumento NIRcam, se observó que el estallido ocurrió detrás de una densa franja de polvo en su galaxia de origen, lo que explica por qué no se detectó luz visible. El análisis espectroscópico estimó que la explosión sucedió hace unos 8.000 millones de años, en una época en la que el universo tenía solo la mitad de su edad actual.

Hipótesis sobre el origen y el reto a la física teórica

La vista de la izquierda muestra el campo estelar alrededor de la galaxia anfitriona del GRB 250702B. La imagen incorpora observaciones del telescopio Gemini Norte en Hawái y la Cámara de Energía Oscura del Telescopio Víctor M. Blanco de 4 metros en el Observatorio Interamericano de Cerro Tololo en Chile. Derecha: Un primer plano de la galaxia anfitriona, tomado con el telescopio Gemini Norte. (Crédito: Observatorio Internacional Gemini/CTIO/NOIRLab/DOE/NSF/AURA)

Tras determinar la distancia, los científicos se enfocaron en la causa física. Los modelos estándar asocian los estallidos cortos a la fusión de estrellas de neutrones o agujeros negros, mientras que los largos se vinculan al colapso de estrellas masivas (hipernovas). No obstante, ambos procesos generan chorros de energía que duran segundos o minutos, no horas.

El estudio de la curva de luz del GRB 250702B reveló picos de actividad muy rápidos integrados en un brillo prolongado. Estas variaciones rápidas, de aproximadamente un segundo, descartaron a los agujeros negros supermasivos (por ser demasiado lentos) y señalaron a un agujero negro de masa estelar como el motor más probable.

GRB 250702B, brote de rayos gammaESO/A. Levan, A. Martin-Carrillo et al.

A diferencia de otros estallidos, esta explosión no fue necesariamente más potente en términos totales, sino que distribuyó su energía a lo largo de un tiempo mucho mayor. Una característica anómala fue que los fotones de diferentes energías llegaron casi simultáneamente, lo que sugiere un chorro de materia con velocidades que desafían los límites teóricos habituales.

La teoría más aceptada actualmente plantea un escenario exótico: la fusión de un agujero negro de masa estelar con una estrella compañera rica en helio. En este modelo, el agujero negro habría quedado atrapado en la envoltura de la estrella tras la pérdida de sus capas de hidrógeno, comenzando a devorar su material de forma paulatina. Esta alimentación constante habría mantenido activo el chorro de energía durante horas.

Los datos obtenidos por Swift, Chandra y NuSTAR en el espectro de rayos X confirmaron erupciones intermitentes hasta dos días después del hallazgo. Esto indica que la fuente de energía no se agotó tras la explosión inicial, sino que el agujero negro continuó acretando materia.

Las relaciones Konus-Wind Amati (izquierda) y Yonetoku (derecha) con intervalos de confianza del 68% y 90%. 𝐸𝑝,𝑖 es la energía del intervalo integrado en el tiempo, mientras que 𝐸𝑝,𝑝 es la energía pico del intervalo de flujo pico.

“La continua acreción de materia por parte del agujero negro impulsó un flujo de salida que produjo estas erupciones, pero el proceso se prolongó mucho más de lo que permiten los modelos GRB estándar”, explicó Brendan O’Connor, director de la investigación. “Las últimas erupciones de rayos X nos muestran que la fuente de energía de la explosión se negó a apagarse”.

Este suceso ha generado un intenso debate académico. Mientras algunos expertos sugieren que un agujero negro de masa intermedia pudo haber despedazado una estrella cercana, otros sostienen que la fusión estelar es la explicación más plausible para la estructura y duración de la señal. En cualquier caso, el GRB 250702B ha roto las reglas conocidas.

Las conclusiones del estudio indican que estamos ante un nuevo tipo de explosión cósmica. La ausencia de una supernova clara y la alimentación prolongada del motor central marcan un hito en la astronomía. Los investigadores admiten que los modelos actuales requieren ajustes profundos para integrar este tipo de fenómenos.

La señal mostró picos breves superpuestos a una emisión continua lo que apunta a un motor compacto y activo
( LAB)

Finalmente, este descubrimiento ha evidenciado las limitaciones de los instrumentos actuales, diseñados para captar señales breves. Eventos de duración extrema podrían estar pasando desapercibidos o siendo interpretados como alertas separadas.

Para solucionar esto, se espera el lanzamiento en 2027 del Compton Spectrometer and Imager, una misión diseñada para detectar estos estallidos prolongados. El GRB 250702B deja una lección fundamental: el universo aún posee mecanismos capaces de desafiar nuestra comprensión, recordándonos que incluso un destello que se niega a morir puede ser la llave a nuevos conocimientos físicos.

Fuente: Fuente

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER