Para muchas familias, el periodo de vacaciones es sinónimo de descanso y viajes a la playa. No obstante, para otros hogares, esta época se convierte en un desafío de organización diaria: los padres deben cumplir con sus jornadas laborales mientras buscan alternativas para que los niños y adolescentes no se aburran en casa.
Existe un factor común en la mayoría de los casos actuales: durante los meses de descanso, los menores pasan una cantidad de tiempo considerablemente mayor frente a dispositivos electrónicos, mientras los adultos intentan sostener sus rutinas de trabajo habituales.
Bajo este escenario, el uso de pantallas se presenta inicialmente como una herramienta efectiva para combatir el aburrimiento o para mantener a los hijos entretenidos durante las horas de calor intenso. Sin embargo, esta aparente solución inmediata tiene el potencial de transformarse en un conflicto severo para el núcleo familiar.
El acceso prematuro y la falta de supervisión en el uso de dispositivos pueden generar una dependencia poco saludable, donde el consumo digital deja de ser una actividad recreativa para volverse una necesidad compulsiva. Respecto a la ludopatía infantil —un fenómeno que ha sido monitoreado de cerca por la Lotería de la Ciudad—, diversas investigaciones advierten que ciertos mecanismos integrados en los videojuegos promueven conductas adictivas y derivan en consumos problemáticos.

Mecanismos de adicción y recompensas inmediatas
Diversos juegos digitales y plataformas de apuestas no autorizadas emplean sistemas diseñados para estimular el circuito de la dopamina en el cerebro de los usuarios. El acto de abrir un cofre virtual en un juego para conseguir ítems o monedas puede parecer una acción tan trivial como coleccionar cromos de un álbum físico. No obstante, la realidad es distinta, pues la gratificación inmediata refuerza la conducta lúdica en entornos donde no existen restricciones claras. Estas recompensas intermitentes son estrategias calculadas que afectan el comportamiento del menor.
En múltiples ocasiones, son los mismos menores quienes transitan desde los videojuegos recreativos hacia las apuestas en línea. Esta nueva modalidad de adicción no discrimina clases sociales. De acuerdo con un informe nacional emitido por la Cruz Roja, se estima que 6 de cada 10 adolescentes están en contacto con el juego online. Esta relación suele iniciar tempranamente, entre los 13 y 14 años, facilitada principalmente por el acceso a billeteras virtuales desde sus teléfonos inteligentes.
La brecha de percepción entre padres e hijos
Al contrastar estos indicadores con estudios previos de la Lotería de la Ciudad, se observa un distanciamiento preocupante entre la realidad y la percepción adulta. Aunque la mayoría de los padres manifiesta preocupación por el tema, solo el 4% de los progenitores admite que sus hijos participan en apuestas. Esta cifra es drásticamente inferior a lo que los propios jóvenes declaran en encuestas directas. Asimismo, existe una disparidad en la comunicación: mientras los adultos creen abordar el tema, los adolescentes sienten que no reciben un acompañamiento real.
Ante este panorama, las acciones de regulación y control se vuelven fundamentales. La lucha contra el juego ilegal es una tarea urgente y prioritaria. Como parte de las medidas ejecutadas en la Ciudad, se han reportado los siguientes avances:
- Se han bloqueado más de 2.200 sitios de apuestas ilegales que operaban fuera de la norma y permitían el ingreso de menores.
- Se procedió con denuncias formales contra más de 110 influencers y figuras de relevancia pública que realizaban promociones de estas plataformas.
- Se gestionó la eliminación de perfiles específicos en redes sociales dedicados a la captación de apostadores.
Protección y acompañamiento familiar
“Chicos y apuestas, no”.
Con esta premisa, las autoridades enfatizan que el objetivo no es la censura de contenidos, sino la intervención directa cuando figuras públicas promueven actividades ilícitas que ponen en riesgo la integridad de la infancia. Las consecuencias pueden ser devastadoras para el desarrollo de los menores de edad.
A pesar de los esfuerzos institucionales, la regulación estatal resulta insuficiente si no existe una conversación abierta en el hogar. Ningún padre dejaría a su hijo pequeño caminando solo por la calle durante horas; sin embargo, en la actualidad, muchos menores pasan gran parte del día desprotegidos en el entorno digital. Es vital cambiar el enfoque de la supervisión: preguntar a un hijo “cómo le fue hoy en internet” puede parecer una broma, pero es una estrategia necesaria dado el tiempo que pasan frente a los monitores. Sin la intervención de un adulto, los riesgos digitales son tan tangibles y peligrosos como los del mundo real.
El objetivo para este periodo es lograr una presencia más activa de los padres: establecer límites, fomentar el diálogo y brindar acompañamiento son pilares fundamentales para el cuidado de la salud mental de los niños.
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