El proceso de gateo en los bebés constituye uno de los momentos más determinantes en el marco de los hitos del desarrollo infantil. Generalmente, este avance suele presentarse entre los 7 y 10 meses de vida, aunque expertos en pediatría aclaran que existe un margen de variabilidad bastante amplio. De acuerdo con la Cleveland Clinic, lo primordial es realizar un seguimiento a la progresión individual de cada infante.
Gatear: una base para el desarrollo motor integral
Este progreso no debe verse únicamente como un logro aislado en la movilidad. La fisioterapeuta pediátrica certificada Christin Close, especialista vinculada a la Cleveland Clinic, señala que:
“el gateo es fundamental para fortalecer los músculos y preparar otras habilidades motrices, como caminar o correr”
.
La actividad de gatear demanda el uso coordinado de las manos, brazos, piernas, tronco, caderas y hombros. Este ejercicio se considera un “entrenamiento integral” que potencia tanto la musculatura gruesa como el desarrollo de pequeños grupos musculares que serán fundamentales en el futuro para realizar acciones precisas como escribir o abrocharse la vestimenta.
Aunado a esto, el gateo estimula la coordinación mano-ojo, una capacidad indispensable para participar en juegos con pelotas o en el desarrollo de actividades artísticas. Close subraya que el estilo de gateo clásico sobre manos y rodillas es particularmente beneficioso para consolidar estas destrezas.
Variabilidad en los tiempos y estilos de desplazamiento
Sobre el momento en que inicia esta fase, es importante comprender que no existe un calendario estricto para todos los niños. Al respecto, Close afirma que:
“El desarrollo no sigue un calendario rígido. Puede gatear a los siete meses, y otro, cerca de los once meses. Ambos casos son normales”
. La comunidad médica insiste en que existe una gran diversidad de cronogramas y maneras en las que los infantes llegan a este hito.
Se han identificado diversas variaciones del gateo que forman parte del proceso evolutivo normal. Una de las manifestaciones tempranas es el rodar, acción que suele aparecer alrededor de los 6 meses y que consiste en girar desde el abdomen hacia la espalda para trasladarse. Si bien no se define técnicamente como gateo, representa un avance significativo en la movilidad del niño.

Otra variante es el desplazamiento en posición sentada, conocido popularmente como “deslizamiento sobre las nalgas”. En esta modalidad, el bebé se traslada hacia adelante impulsado por una o ambas piernas mientras permanece sentado. Aunque no entra en la categoría formal de gateo, se reconoce como una forma de movimiento autónomo válido y muy común.
Por su parte, el gateo tipo comando o arrastre abdominal consiste en que el pequeño se impulsa con sus extremidades mientras mantiene el vientre apoyado en la superficie. Esta conducta, habitual entre los 7 y 8 meses, indica que el niño está adquiriendo la fuerza necesaria para transiciones más complejas.
El gateo clásico en manos y rodillas suele presentarse después de la etapa de arrastre, específicamente entre los 9 y 10 meses. Este requiere una alternancia coordinada de las extremidades opuestas y un control preciso del tronco. Una forma menos común es el gateo tipo oso, donde el bebé se mueve con brazos y piernas estiradas apoyando manos y pies, elevando la pelvis, lo cual suele ser el paso previo a ponerse de pie.
Influencia del entorno y acompañamiento adecuado
El inicio de este hito depende de múltiples factores. La Cleveland Clinic destaca que el contexto familiar, el tiempo que el bebé pasa en superficies planas y la libertad de movimiento son determinantes. Aquellos niños que permanecen mucho tiempo en canguros, sillas o hamacas suelen tener menos opciones para practicar las destrezas requeridas.
“Los bebés necesitan oportunidades diarias para explorar en el suelo”
, enfatiza Close.

Aspectos físicos individuales como el tono muscular, la motivación personal y factores como la prematuridad o condiciones de salud específicas también juegan un rol en los tiempos de desarrollo. Por ello, se recomienda observar el progreso de cada niño sin caer en comparaciones rígidas con otros.
Para incentivar el gateo, los especialistas sugieren ofrecer un entorno seguro y suficiente tiempo en el suelo, sin necesidad de herramientas costosas. La práctica del tiempo boca abajo supervisado es vital para robustecer los músculos de los hombros, cuello y tronco. Se recomienda iniciar con sesiones cortas e ir aumentando hasta alcanzar una meta de diez minutos de tiempo boca abajo por cada mes de edad.
Es imperativo que esta actividad se realice con el bebé despierto y en superficies bajas. El uso de juguetes fuera de su alcance inmediato puede servir de estímulo para que el niño intente estirarse y avanzar.

La participación de los adultos es clave para la motivación. Se aconseja que los cuidadores se sitúen en el suelo cerca del bebé para animarlo. La constancia en estas rutinas de juego potencia la exploración motriz. Por el contrario, se debe limitar el tiempo en coches o asientos, ya que el espacio reducido puede influir en la forma de la cabeza y retrasar la conquista del gateo.
Cuándo consultar con un especialista
Existen signos que requieren atención profesional. La Cleveland Clinic recomienda acudir al pediatra o fisioterapeuta si después de los 10 meses el bebé:
- No muestra interés alguno por desplazarse.
- Presenta rigidez o falta de tono muscular evidente.
- No logra sostener su peso en las piernas.
- No cumple hitos previos como sentarse solo, rodar o impulsarse con los brazos.
Finalmente, aunque la presión del entorno pueda causar ansiedad, la Cleveland Clinic recuerda que la variabilidad es parte del desarrollo normal. Ante dudas sobre la evolución motora, la consulta con un profesional permitirá una evaluación personalizada del crecimiento del infante.
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