No data was found

Crisis en Montería: Inundaciones por el río Sinú afectan a miles

En la ciudad de Montería, capital del departamento de Córdoba, la resignación se ha convertido en el sentimiento dominante entre los habitantes de los sectores bajos. Tras siete días de convivir con el desbordamiento del río Sinú, la crecida no solo ha anegado viviendas y calles, sino que ha paralizado por completo las expectativas y la vida cotidiana de cientos de familias que no ven una solución a corto plazo.

Un drama que se mide en semanas

Para los residentes de esta zona del noroeste colombiano, la emergencia no es un fenómeno desconocido, sino una repetición constante.

«Esto se demora»

comentan con desesperanza los damnificados, quienes ya saben que la normalidad no retornará en cuestión de horas. Yela Contreras, una de las afectadas, recuerda que en ocasiones anteriores el nivel del agua ha demorado casi un mes en descender. «Otras veces el agua ha tardado casi un mes en bajar», afirma mientras se desplaza sobre tablas de madera que funcionan como puentes improvisados en el interior de su domicilio inundado.

La geografía del lugar agrava la situación: en estos barrios de la capital cordobesa, el agua no corre, sino que se estanca. Las calles han quedado convertidas en canales inmóviles de un color marrón espeso, dejando a las viviendas, construidas mayoritariamente con bloques, madera y láminas de zinc, bajo el control absoluto del río. El ambiente está marcado por un silencio tenso, donde los habitantes caminan con suma precaución para evitar hundirse en el lodo y los movimientos son calculados por el desgaste físico y emocional.

Impacto económico y pérdida de sustento

Desde hace una semana, Yela Contreras no ha podido cocinar en su hogar y debe pernoctar fuera de la vivienda, esperando un descenso del caudal porque su vida ha quedado suspendida. «Mi esposo trabaja en el río y no ha podido trabajar», relata. Su esposo es Alberto Contreras, un arenero de oficio, labor informal que consiste en extraer manualmente mineral del lecho del río para abastecer al sector de la construcción en Montería.

Este trabajo rudimentario, que requiere sumergir el cuerpo y utilizar herramientas como tanques metálicos y cuerdas, es hoy imposible de realizar.

«Vivimos del río, pero ahora el río nos dejó sin nada»

lamenta la pareja, señalando que la creciente ha cortado sus únicos ingresos económicos. La incertidumbre es constante, pues el nivel del agua fluctúa peligrosamente: «Ayer estaba más abajo, anoche subió, y esta mañana volvió a subir (…) A cada rato va subiendo unos centímetros», detallan con angustia.

Peligros sanitarios y atención humanitaria

La situación de salubridad y seguridad también es crítica. Enrique Oviedo, un adulto mayor de la zona, tuvo que abandonar su hogar definitivamente debido a la acumulación de barro y la aparición de fauna peligrosa. Oviedo relata con preocupación la entrada de serpientes negras arrastradas por la corriente, lo que convirtió su refugio en un lugar inhabitable. «Hasta ayer estuvimos adentro, pero ya no se puede», sentencia mientras el agua sobrepasa sus rodillas y se ve obligado a subir sus escasos enseres al techo.

En esta ocasión, la magnitud del desbordamiento ha superado los registros históricos conocidos por la comunidad. «Antes llegaba hasta allá», dice Enrique Oviedo señalando una propiedad vecina, reconociendo con resignación que «ahora sí se nos metió». Según datos oficiales de la Alcaldía de Montería, se están atendiendo aproximadamente a 32.000 personas damnificadas en toda la ciudad.

A pesar de que la ayuda institucional llega de forma intermitente, la solidaridad civil se ha hecho presente mediante las siguientes acciones:

  • Fundaciones locales entregan raciones de comida preparada.
  • Comerciantes de la zona colaboran con suministros para los afectados.
  • Vecinos se organizan para llevar alimentos durante las noches.

Por ahora, en Montería la emergencia se vive como una espera prolongada. Mientras el río Sinú permanezca desbordado y quieto, la vida de miles de ciudadanos seguirá en pausa, sostenida únicamente por la frágil esperanza de que el nivel del agua o la paciencia empiecen a ceder primero.

Fuente: Fuente

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER