No data was found

Riesgos y costos de circular con baja presión en los neumáticos

Conducir un vehículo con una presión inadecuada en sus neumáticos representa una amenaza directa para el control del automotor, elevando drásticamente la probabilidad de siniestros viales y el consumo promedio de combustible. La atención a este detalle técnico ha ganado relevancia tras la incorporación de sistemas de monitoreo automático por parte de los fabricantes, aunque en las carreteras aún circulan miles de autos que no poseen dicha tecnología.

Garantizar el inflado correcto se ha vuelto una prioridad para asegurar la estabilidad en las curvas y lograr una frenada eficiente, sobre todo cuando el pavimento se encuentra húmedo o resbaladizo. Es importante mencionar que, desde el año 2014, la normativa vigente en la Unión Europea establece que todos los autos nuevos matriculados deben integrar un sensor TPMS de control de presión de fábrica.

Este componente electrónico vigila constantemente el estado de las ruedas y emite una advertencia clara en el tablero de instrumentos al detectar cualquier anomalía en el inflado. Pese a este avance, una gran parte del parque automotor todavía requiere de verificaciones manuales y el uso de herramientas de medición externas para garantizar su seguridad.

¿Cómo detectar una presión incorrecta en las llantas?

Existen diversos síntomas inmediatos que alertan sobre una presión excesivamente baja. El vehículo suele responder con lentitud al accionar el volante, se pueden percibir vibraciones en la dirección y surge una resistencia inusual al realizar maniobras. Además, el coche tiende a apartarse de su trayectoria o necesita una distancia mayor para detenerse por completo.

El empleo de manómetros de precisión es vital cuando el coche no cuenta con el sistema TPMS. Aunque las estaciones de servicio disponen de compresores, sus lecturas pueden ser imprecisas, por lo que los especialistas sugieren adquirir un dispositivo de alta calidad o visitar talleres certificados para una medición exacta.

Por otro lado, la falta de aire hace que la conducción se vuelva sumamente inestable, acelera el desgaste de las cubiertas y dispara el consumo de energía. Según reportes técnicos, una presión deficiente puede generar hasta un 10% de incremento en el gasto de gasolina o diésel, sumado a un riesgo elevado de pinchazos y un comportamiento deficiente en maniobras de emergencia.

Conductor inflando los neumáticos (Christin Klose/dpa)

Un deterioro acelerado y desigual en los costados del neumático es una señal inequívoca de falta de aire. No obstante, el exceso de presión también es peligroso: inflar una llanta por encima de los límites recomendados provoca un desgaste irregular en el centro de la banda de rodadura y disminuye la tracción. En escenarios críticos, esto aumenta la posibilidad de un reventón y afecta negativamente el sistema de suspensión.

Las razones detrás de la pérdida de presión son variadas, incluyendo fugas en la llanta, problemas en la válvula o variaciones en la temperatura del ambiente. Los expertos enfatizan que cualquier desviación de los valores óptimos compromete la función primordial del neumático: asegurar un contacto firme y seguro con el suelo.

Frecuencia recomendada para las inspecciones

La recomendación de los profesionales es verificar la presión de las llantas al menos una vez cada mes, considerando que un neumático puede perder hasta 0,1 bares de presión en ese tiempo de forma natural. Asimismo, es imperativo realizar este chequeo antes de emprender viajes largos, asegurándose de que los neumáticos estén fríos y respetando los valores detallados en la etiqueta ubicada usualmente en el marco de la puerta del conductor.

Aunque las estaciones de servicio deben proveer compresores y medidores, si se llegara a encender el testigo del TPMS, se debe inspeccionar la presión de inmediato sin asumir que se trata de un error del sistema. Los peligros de una presión incorrecta son latentes: se estima que hasta un 15% de los accidentes mortales en las vías tienen relación directa con este factor de mantenimiento.

Fuente: Fuente

COMPARTIR ESTA NOTICIA

Facebook
Twitter

FACEBOOK

TWITTER