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El arte de observar: Por qué ver una obra sin prisa mejora tu salud

En las galerías y museos de todo el planeta, se ha vuelto una constante ver a los asistentes detenerse apenas unos instantes frente a una pieza antes de capturarla con su teléfono móvil. No obstante, diversos especialistas y hallazgos científicos recientes subrayan que esta forma de mirar arte de manera apresurada restringe la obtención de sus beneficios psicológicos más profundos.

Una investigación desarrollada por el King’s College de Londres y presentada en el año 2025 reveló datos sorprendentes: el acto de contemplar una obra original en un entorno de galería puede disminuir los niveles de cortisol —conocida como la hormona del estrés— hasta en un 22%.

La diferencia entre la copia y la presencia real

El estudio enfatiza que quienes se limitan a observar fotografías o reproducciones de las piezas no alcanzan estos niveles de relajación, experimentando un impacto positivo mucho más reducido. El secreto fundamental para obtener bienestar, de acuerdo con los expertos, radica en la calidad y profundidad del tiempo invertido en la observación de cada creación artística.

La reconocida profesora Daisy Fancourt, investigadora del University College de Londres y consultora de la OMS en temas de salud y cultura, aborda este fenómeno en su obra Art Cure. Según Fancourt, la conexión real con el arte demanda mucho más que un simple vistazo fugaz.

“Si esperamos que el encuentro con una obra sea significativo, necesitamos tiempo suficiente para mirar, pensar, responder, volver a mirar… y esto toma minutos, no segundos”

Las estadísticas compartidas por Fancourt resultan reveladoras sobre el comportamiento humano actual: se estima que una persona promedio en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York dedica solamente unos 27 segundos a cada obra. Una cifra similar se registra en los pasillos del Instituto de Arte de Chicago.

Mirar en silencio y con atención permite que la obra conmueva, sorprenda y deje una huella - (Imagen Ilustrativa Infobae)

El impacto de la vida acelerada y la tecnología

En el contexto contemporáneo, las nuevas generaciones suelen estar inmersas en dinámicas de vida mucho más veloces, marcadas por cronogramas saturados y una dependencia constante de los dispositivos electrónicos. Esta rapidez ha provocado que facultades como la paciencia y la observación pausada sean cada vez más escasas en la sociedad.

La costumbre de registrar todo fotográficamente de forma inmediata, sin otorgarse un momento de contemplación, es un síntoma de una cultura que prioriza la inmediatez por encima de la vivencia profunda. A esto se suma que muchos visitantes destinan gran parte de su tiempo en el museo a tomarse selfies, lo cual, según advierte Fancourt, reduce drásticamente las posibilidades de conectar verdaderamente con la pieza artística.

La alternativa del ‘slow looking’

Para contrarrestar esta tendencia, ha surgido el concepto de slow looking o ‘mirada lenta’. Esta técnica consiste en seleccionar un número reducido de obras y observarlas detenidamente, permitiendo que el ojo capte matices, texturas y variaciones cromáticas que suelen pasar desapercibidos.

De acuerdo con una investigación del Penn Museum de Filadelfia, reseñada por Psychology Today bajo el título How Slow-Looking Changes Our Experience of Art, invertir varios minutos frente a una creación genera un estado de mayor bienestar y una vivencia estética mucho más completa.

Por su parte, Claire Bown, quien fundó la organización The Thinking Museum en el Reino Unido, sugiere una estrategia práctica: en lugar de intentar recorrer decenas de salas en una sola visita, lo ideal es detenerse entre cinco y diez minutos frente a solo cinco obras seleccionadas. Bown sostiene que esta metodología permite que el arte funcione como un respiro en la rutina diaria, fomentando la curiosidad y entrenando la capacidad de estar en el momento presente.

Iniciativas globales para la reflexión

Este movimiento ha cobrado fuerza a través de eventos como el Slow Art Day. Cada mes de abril, esta iniciativa global invita a personas de todo el mundo a visitar museos con el fin de observar un grupo pequeño de piezas con total atención para luego dialogar sobre sus percepciones. Phyl Terry, creador de esta propuesta, busca que cualquier individuo pueda disfrutar del arte de forma accesible, sin importar sus conocimientos académicos o formación previa.

Mirar arte de manera superficial limita sus verdaderos beneficios - (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para quienes desean iniciarse en esta práctica, Fancourt plantea una hoja de ruta sencilla utilizando ejemplos icónicos como Trigal con cuervos de Vincent Van Gogh. La propuesta consiste en analizar la obra desde diferentes distancias (lejos y cerca), enfocarse en los trazos y colores, y finalmente reflexionar sobre las emociones que el cuadro evoca. Además, intercambiar estas impresiones con otras personas enriquece la experiencia al aportar nuevos puntos de vista.

En conclusión, el valor auténtico de una pieza de arte se manifiesta cuando el espectador decide prescindir del apuro y de la búsqueda de la fotografía ideal. La observación silenciosa y atenta abre la puerta a que el arte logre conmover y generar un impacto emocional mucho más persistente que cualquier imagen almacenada en la memoria de un teléfono móvil.

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